Los Derechos Humanos, los grandes ausentes de la 'convocatoria' de Arabia Saudí
El rival de España este domingo ha mejorado sobre el césped... más que sobre las calles, aunque haya aliviado algo su extrema legislación. La pena de muerte, las restricciones a la mujer, la homofobia o el racismo siguen siendo 'titulares'.

España se ha complicado la vida innecesariamente en el Mundial de fútbol. Su tristísimo empate a cero contra la débil Cabo Verde obliga a la actual campeona de Europa a espabilar contra Arabia Saudí para evitarse un mal mayor.
Arabia Saudí, sin ser en absoluto favorita, es un rival de más entidad —siempre a priori— que Cabo Verde. Hace cuatro años, los árabes ya sorprendieron a la Argentina de Messi que luego sería campeona y hace apenas días metieron el susto en el cuerpo a Uruguay, que sacó un empate y gracias.
Argumentos deportivos tienen, sin duda, pero no, llegados a este punto ya imaginarás que no vamos a hablar de fútbol, sino de algo bastante más importante: los Derechos Humanos. Porque si en lo futbolístico, Arabia Saudí aspira a convertirse en una selección competente, en lo de infringir derechos humanos es una de las mejores del mundo, aunque la competencia es feroz.
El debate a tres entre Derechos Humanos, fútbol y Arabia Saudí no es nuevo, como se recuerda cada vez que el estado del Golfo Pérsico ejerce de sede de las últimas ediciones de la Supercopa de España. Durante esos días, el país se viste con sus mejores galas sociales, pero tras el pitido final, la realidad vuelve a imponerse.
El Human Freedom Index o Índice de Libertad Humana, elaborada por el Institute CATO detalla el listado de 165 países en función de 87 medidores de libertad personal, económica y social, en áreas como religión, libertad de expresión, circulación, reunión o negocio, vigencia del estado de Derecho, seguridad o las exigencias legislativas de cada estado. De todos los países, Arabia Saudí ocupa el puesto 148. Por detrás quedan, apenas, estados como China, Rusia, Venezuela (al menos antes del cambio parcial del régimen chavista), Yemen, Irán y Siria, las tres últimas del ranking.
La lista de 'derechos humanos' sin convocar es larga:
- Ser mujer en Arabia Saudí sigue siendo sinónimo de trato desigual. Si bien la situación ha mejorado algo en los últimos años —con avances como que puedan conducir o viajar sin que un hombre dé su visto bueno—, la realidad es que las mujeres continúan desplazadas de muchos de los derechos que sí disfrutan los hombres y también de espacios donde se mantiene la segregación por sexos.
Aún se mantiene la necesaria aprobación de un hombre 'responsable' para aceptar la boda de una mujer, igual que para un divorcio, algo que no requiere un hombre. Ni que decir tiene de una posible denuncia por violencia de género. Según la ley imperante, la mujer debe obediencia al marido y abandonar el hogar familiar puede conllevar denuncia por desobediencia, con la consiguiente detención en un centro de acogida. Añade Amnistía Internacional en este informe que la víctima solo abandonará este centro si el marido accede y realiza un juramento de que no volverá a hacerle daño.
A nivel de vestimenta se mantiene la imposición de la abaya, una túnica negra que cubre hasta los tobillos. De ello se encarga la policía religiosa del país, la mutawa, que, como detalla la propia oenegé, vigila que las mujeres vistan de "manera apropiada" (esto es, cubriendo codos y tobillos) y no duda en dar parte si alguna fémina lo incumple. La rebelión creciente de muchas mujeres ha dado, por ejemplo, con la activista Manahel al-Otaibi en la cárcel por vestir de manera "indecorosa" en sus publicaciones en redes sociales.
- El lento avance de derechos en el país saudí no alcanza a la comunidad LGTBI+, para los que su diversidad sexual se convierte en peligro vital. En el territorio, la homosexualidad se castiga con penas graves y la condena va en función de la interpretación de los jueces, moviéndose desde la cárcel y los castigos físicos hasta la pena de muerte (por lapidación, por ejemplo), en los casos agravados donde se cumplan los requisitos marcados por la ley islámica.
- Más allá de asesinar a homosexuales, la pena de muerte es una práctica habitual en Arabia Saudí. No es, ni mucho menos, el único país que lleve a la práctica, pero sus datos son espeluznantes. Año tras año se cuentan por centenas, rondándose recientemente las 350.
Con confirmación oficial fueron 347 las del año 2025, récord documentado tras superar las 345 de 2024. Los datos los aporta la Organización Europea-Saudí para los Derechos Humanos (ESOHR), radicada en el exilio que detalla que del total, los delitos relacionados con drogas representaron el 69%. Los ajusticiamientos incluyen a menores; al menos dos en 2025.
En la mayoría de los casos se trata de víctimas extranjeras, de los que se enumeran casos de migrantes sin apenas recursos y sin derecho a defensa legal de garantías.
- La libertad de expresión es una quimera en el reino saudí, donde existen normas de ambigua aplicación —como son la Ley de Delitos Informáticos y la Ley de Delitos de Terrorismo— utilizadas como cortina legal para encarcelar a activistas, opositores al régimen o influencers contrarios a los dogmas imperantes en el país. En casos más extremos, directamente se procede a la aniquilación de las voces discrepantes, como la del periodista Jamal Khashoggi, asesinado en el consulado saudí de Estambul por agentes del gobierno saudí enviados por el príncipe Mohamed bin Salmán.
- Con una economía sustentada en el petróleo y derivados, como prueban muchos de los grandes patrocinadores deportivos internacionales, el medioambiente no iba a ser precisamente la prioridad. Arabia Saudí está entre los diez mayores emisores de CO2 per cápita y pese a los compromisos internacionales en materia climática, sus planes no pasan por reducir ni adaptarse a las nuevas necesidades mundiales.
