Un catedrático de Economía explica por qué el teletrabajo nunca despegará en España como en Países Bajos: "La estructura empresarial es demasiado pequeña y el sector turístico no lo permite"
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Un catedrático de Economía explica por qué el teletrabajo nunca despegará en España como en Países Bajos: "La estructura empresarial es demasiado pequeña y el sector turístico no lo permite"

En el caso español, una gran parte del empleo se concentra en sectores donde la presencialidad es imprescindible, como el turismo, la hostelería o buena parte de los servicios. Esto hace que más de la mitad de los puestos de trabajo no sean compatibles con el teletrabajo.

Teletrabajo.Yuri Arcurs peopleimages.com

El teletrabajo vuelve al centro del debate en Europa como una posible solución para reducir el consumo energético. Sin embargo, en España su implantación sigue lejos de los niveles de otros países, y los expertos apuntan a razones estructurales que dificultan su expansión.

Según explica Santos Ruesga, el problema no es solo cultural o normativo, sino profundamente económico. “La estructura sectorial de nuestra economía” limita de forma clara el margen de crecimiento del trabajo a distancia, señala.

Actualmente, apenas entre el 14% y el 15% de los trabajadores en España teletrabajan, una cifra muy inferior a la de países como Países Bajos, donde cerca de la mitad de la población laboral realiza parte de su jornada desde casa. Para Ruesga, la explicación está en qué tipo de empleos predominan en cada país.

En el caso español, una gran parte del empleo se concentra en sectores donde la presencialidad es imprescindible, como el turismo, la hostelería o buena parte de los servicios. Esto hace que más de la mitad de los puestos de trabajo no sean compatibles con el teletrabajo.

A ello se suma el tamaño de las empresas. El tejido empresarial español está formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, lo que dificulta la organización del trabajo en remoto. “Un tejido empresarial con empresas muy pequeñas hace más complicado mandar a la gente a trabajar a casa”, advierte el economista.

Durante la pandemia, el teletrabajo experimentó un auge sin precedentes, llegando a afectar a uno de cada cinco trabajadores en los momentos más duros del confinamiento. Sin embargo, ese impulso no se consolidó. Con la vuelta a la normalidad, muchas empresas apostaron de nuevo por la presencialidad, especialmente en sectores tecnológicos y financieros.

Hoy, el modelo dominante es híbrido, combinando algunos días de trabajo en casa con presencia en la oficina. Aun así, los expertos coinciden en que el margen de crecimiento en España es limitado.

Ruesga considera que, incluso en un escenario favorable, el teletrabajo podría alcanzar en el futuro alrededor del 25% del empleo, pero difícilmente más sin un cambio profundo en el modelo productivo.

Además, cuestiona que el teletrabajo sea una solución eficaz para reducir el consumo energético, como plantea la Comisión Europea. Aunque disminuyen los desplazamientos, el trabajo digital también implica un alto consumo de recursos, especialmente en infraestructuras tecnológicas.

En este contexto, la recomendación de fomentar el teletrabajo para hacer frente a la crisis energética podría tener un impacto menor del esperado en España. La realidad económica del país, marcada por el peso del turismo y las pequeñas empresas, sigue siendo el principal freno para que este modelo se generalice.

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