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Los economistas más prestigiosos del mundo coinciden en pedir una tasa sobre los superbeneficios de las petroleras ante la crisis energética derivada de Ormuz

Los economistas más prestigiosos del mundo coinciden en pedir una tasa sobre los superbeneficios de las petroleras ante la crisis energética derivada de Ormuz

Así lo creen el Premio Nobel Joseph Stigilith y el francés Gabriel Zuckamn. 

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Buques de carga bloqueando el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, en ilustraciones aéreas en 3D.Getty Images

La escalada de los precios de la energía provocada por la tensión geopolítica en Oriente Medio ha reabierto un debate que gana cada vez más fuerza en los círculos económicos internacionales, como gravar las ganancias extraordinarias de las grandes empresas energéticas. 

Economistas de renombre, entre ellos Joseph Stiglitz y Gabriel Zucman, han defendido esta propuesta impulsada por la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional.

La organización sostiene que la actual crisis energética —intensificada por las tensiones en torno al estratégico estrecho de Ormuz— ha generado beneficios excepcionales para compañías de petróleo, gas y fertilizantes. En este contexto, defiende la implantación de un impuesto específico sobre estas ganancias extraordinarias, al considerar que responde tanto a criterios de eficiencia económica como a una cuestión de equidad.

El planteamiento de ICRICT se basa en la idea de que estas ganancias no son fruto directo de inversiones o mejoras productivas, sino de circunstancias externas como conflictos y restricciones de oferta. Por ello, argumentan que su gravamen no debería trasladarse al consumidor final, ya que no afecta a los costes estructurales de producción, sino a beneficios derivados de una coyuntura excepcional.

La crisis actual tiene su origen en el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, donde las acciones militares recientes han alterado de forma bastante grave el flujo energético global. El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, se ha convertido en un punto crítico, disparando los precios del crudo y el gas en los mercados internacionales.

Desde ICRICT advierten de que el impacto de esta situación no será pasajero. Según sus análisis, las distorsiones en los precios podrían mantenerse incluso tras una eventual desescalada del conflicto. Este fenómeno implicaría una transferencia prolongada de ingresos desde consumidores y sectores productivos hacia las grandes corporaciones energéticas.

El encarecimiento de la energía ya está teniendo efectos en cadena. Los costes más elevados afectan de forma directa a trabajadores, agricultores y países dependientes de importaciones energéticas. Además, se extienden a otros sectores clave, elevando el precio de materias primas esenciales como fertilizantes o metales industriales.

A medio y largo plazo, los economistas alertan de un riesgo añadido: una presión inflacionaria sostenida que podría obligar a los bancos centrales a endurecer su política monetaria. Esto, a su vez, podría ralentizar el crecimiento económico global en un momento ya marcado por la incertidumbre.

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