BLOGS
03/06/2020 08:24 CEST | Actualizado 03/06/2020 08:24 CEST

Basta de lágrimas

El patriarcado nos quiere calladas, nos encontrará de frente.

Una de las cosas que he disfrutado estos meses extraños de confinamiento e incertidumbre ha sido la lectura voraz, el engullir un libro tras otro, tener tiempo suficiente para poder sumergirme en las palabras de otros. Así, quise leerme uno de los libros que tenía pendientes, Artemisia de Anna Banti, siguiendo el trabajo que durante meses el artista Juan Francisco Casas iba compartiendo en sus redes sobre la evolución de su obra artística, que parte de este libro. La exposición de Casas, que iba a inaugurarse en abril en la galería Fernando Pradilla, coincidiendo con la gran retrospectiva que la National Gallery de Londres dedicaba a la pintora italiana del XVII, ha sido pospuesta y se inaugura esta semana en la galería madrileña Fernando Pradilla.

Como cuenta Casas en el texto de la exposición, el libro de Banti es un diálogo en dos tiempos (realmente en dos siglos) entre la autora y la pintora, una especie de autobiografía escrita a dos voces, la de la escritora en la Florencia devastada por la Segunda Guerra Mundial, y la de la vida de Gentileschi, atrapada en un contexto adverso para ser mujer y artista, el siglo XVII.

Juan Francisco Casas
“Artemisia, Judith, Raquel”, cortesía de la galería Fernando Pradilla.

La primera obra de Banti, el manuscrito original, fue destruido en los bombardeos y este libro se convierte en una segunda oportunidad que supera al primero. Sus palabras llevan la cadencia de la pérdida de lo escrito pero el refuerzo de lo que se quiere contar con el segundo intento. El libro de Banti, que está prologado por Susan Sontag, dice, entre otras cosas, “que una mujer sea libre, libre como un hombre, implica preferencias, sacrificios, pesadumbres que un hombre puede elegir, pero no está obligado a sufrir”. Es evidente la lectura feminista que se hace con estas tres voces femeninas, la de Artemisia rescatada y relatada como la gran artista que fue más allá de la terrible anécdota por la que se la conoce, la de la autora Anna Banti y su lucha por sobreponerse al horror de la guerra en un contexto de destrucción, y el de Susan Sontag, anticipándonos ese diálogo a dos que narra ambas historias como una sola. La voz de Gentileschi es la voz a través de la cual habla Banti de sí misma.

Como una premonición, si la primera obra de Banti fue destruida para publicarse después este magnífico libro, la exposición de Juan Francisco Casas ha tenido que posponerse para disfrutarse con más sentido aún. Non piangere (basta de lágrimas, en su traducción al español respetando la sonoridad del esdrújulo) son las primeras palabras del libro de Anna Banti y dan título a una exposición en la que las mujeres son protagonistas, tal y como señala el artista en el texto de la muestra: “A las obras de Artemisia y a su discurso autobiográfico, se superponen mujeres seguras, confiadas y fuertes, mujeres que son parte de mi biografía personal, la misma dualidad biográfica/autobiográfica de la novela de Anna Banti. Son todas amigas pertenecientes al mundo del arte que aparecen firmes delante de las obras y de las mujeres de Artemisia, algunas frágiles y vulnerables, como Susana y los viejos, o Ester ante Asuero, otras duras y victoriosas como Judith decapitando a Holofernes o Yael y Sisara, otras perdiendo la batalla, pero siempre decidiendo su propio camino, como Cleopatra o Lucrecia, protagonistas exclusivas incluso de su propia derrota”.

Casas comenzaba en 2007-2008 (durante su estancia como becario de la Real Academia de España en Roma) un trabajo intensivo de investigación sobre el trabajo de Artemisia, partiendo de este texto de Banti. Durante doce años, el artista ha recorrido colecciones privadas, museos, almacenes… buscando las obras de Gentileschi en Roma, Florencia, Nápoles, Bolonia, Nueva York, Washington, Londres, Hampton Court, Stamford… para culminar en una gran exposición que recoge obras en múltiples formatos, desde dibujo, a pintura, vídeo, instalación y una publicación prologada por Fernando Castro y María von Touceda.

Fijémonos en los ojos de las protagonistas de las obras de Casas; su actitud es de coraje y determinación. El patriarcado nos quiere calladas, nos encontrará de frente.

Casas utiliza la narrativa de Banti para filtrar la suya propia a través de lo visual, significándose en las obras cuyas protagonistas son las mujeres sin ninguna duda, su presencia es innegable y desafiante, responden a siglos de patriarcado con un gesto, con una mirada.

He de reconocer que para mi grata sorpresa me resultó especialmente importante que todas las referencias que hace Casas en su texto de la exposición, todas sean libros escritos por mujeres; cita a Alexandra Lapierre, Mieke Bal, Mary D. Garrard, Linda Nochlin, Eve Straussman-Pflanzer, Maurizia Tazartes, Eva Menzio, Annemarie Sauzeau Boetti y Susan Vreeland. Y es que para quien no conozca a la persona y solo conozca al artista, baste decir que el compromiso de Casas en la lucha por la igualdad de género y el feminismo excede cualquier marco de su trabajo artístico y es palpable en todas sus facetas vitales.

Basta de lágrimas, pues. Dejemos de llorar por un pasado que condenó a Gentileschi como mujer artista y como víctima de agresión sexual, sorbamos las lágrimas de una Banti que perdía lo escrito entre una devastada Florencia post-Segunda Guerra Mundial, y fijémonos en los ojos de las protagonistas de las obras de Casas; su actitud es de coraje y determinación. El patriarcado nos quiere calladas, nos encontrará de frente.

Juan Francisco Casas, “Non piangere”, se puede visitar en la galería Fernando Pradilla (Madrid) desde el 8 de junio hasta el 29 de agosto de 2020. Consultar en la web de la galería condiciones especiales de visita y aforo COVID-19.