¿Puede Von der Leyen sobrevivir a sus errores?
Los socialistas hemos sido decisivos para rechazar, hasta ahora, en apenas 20 meses, cuatro mociones de censura consecutivas contra ella.

¿Puede Úrsula Von der Leyen (VDL) sobrevivir a sus inaceptables declaraciones ante el Servicio Exterior de la UE durante el plenario de sus Embajadores (EU Heads of Delegation) alrededor del mundo?
Responder afirmativamente a esta pregunta requiere el alineamiento de tres condiciones que distan de estar a la vista del Parlamento Europeo (PE). La primera se refiere a la profundidad y credibilidad de su patético e insuficiente intento de rectificación ante el Pleno de marzo en Estrasburgo. Forzada por las contradicciones expresadas desde la propia Comisión Europea que preside y por el mensaje diferenciado del Presidente del Consejo, Antonio Costa, VDL intentó "aclarar" ("let me be clear") que la UE no se ha desvinculado del Derecho Internacional. No podría ser de otra manera, el Derecho Internacional (que integra como parte esencial el Derecho Humanitario y los Derechos Humanos proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948) no solo es fuente directa del Derecho de la UE (art.6 TUE) sino que es el primer principio rector de su Política Exterior (art.21 TUE), que determina su PESD (Seguridad y Defensa). Apenas unos minutos de incomodidad ante el Pleno no la absuelven de la crítica al doble rasero descrito por la reacción de la UE (y sus instituciones) a la agresión contra Ucrania, en contraste con su inanidad ante el genocidio en Gaza y su afasia y falta de criterio común ante la guerra contra Irán librada, en comandita, por Netanyahu y Trump.
La segunda se cierne sobre la urgente clarificación de una posición europea ante el desorden global, en sintonía, esperablemente, con al llamamiento a las "potencias medias" efectuado por el PM canadiense Mark Carney en Davos. El futuro, en efecto, no será despejado reivindicando el pasado, pero tampoco validando la disolución de las reglas en aras de la "ley del más fuerte" que a todas luces equivale a la de la selva: la UE no puede abdicar de la legalidad internacional que surge, como ella misma, de las lecciones de la devastación tras la II Guerra Mundial; como tampoco de su compromiso por la paz que excluye el recurso a la fuerza en la resolución de disputas salvo en legítima defensa.
La reivindicación del Derecho frente a la brutalidad de las bombas, del orden multilateral frente al desorden impuesto por los más matones y abusadores, y de la paz frente a la guerra, no es ingenuidad ni "buenismo", es identidad europea (base de su credibilidad ante terceros), y es autonomía estratégica, ejercida, no solamente proclamada.
La vía apuntada por VDL en su desdichado discurso no nos hace "realistas", ni tan siquiera más "maduros"; por contra, nos debilita minando toda perspectiva de que la UE adquiera, como alega prometer, una voz propia que merezca ser escuchada y respetada.
La tercera se contrae al propio escenario descrito por el PE en esta Legislatura 2024/2029 que arrancó con la investidura de la Comisión Europea VDL II. He explicado en anteriores tribunas hasta qué punto este mandato se distingue de cualesquiera anteriores no sólo por su aritmética (para conformar una mayoría de investidura no basta la suma del primer y segundo Grupo de la Eurocámara, como sucedió durante 35 años desde su primera elección directamente democrática por sufragio universal en 1979, sino que hizo falta incorporar a Liberales y Verdes en un acuerdo político) por su orientación (es la primera vez en toda la historia del PE en que el PP con tres Grupos de ultraderecha suma el 60% de los escaños, pudiendo por tanto arrasar en todas las votaciones decisivas y legislativas sin mantener ningún pacto con fuerzas europeístas que incluyen a socialistas, liberales, verdes y buena parte de la izquierda radical).
Esta, y no otra, es la pavorosa situación que describe la presente Legislatura 2024/2029: un alineamiento sistemático e implacable del PP con las tres ultraderechas (Patriotas, Conservadores y Soberanistas) que se impone como "nueva mayoría" y "nueva normalidad" no solo en las votaciones legislativas (en Comisiones y en Pleno) sino en la agenda (Orden del Día) y en el lenguaje que define el tono y los contenidos de cuanto expresa el PE como dimanación de ciudadanía europea, de su pluralismo político, y del estado mental y moral de opinión pública en la escala supranacional.
VDL debe intervenir en esta táctica del PPE liderado por su connacional alemán Manfred Weber, cuyo colaboracionismo con ultraderechas de toda laya en perjuicio de la mayoría proeuropea, que la invistió como Presidenta de la Comisión Europea en su segundo mandato, ha dinamitado lo que quiera que quedaba en pie del llamado “cordón sanitario” (Brandmauer, en alemán) y arriesga llevarse por delante su propia sostenibilidad al frente del Ejecutivo comunitario.
Los socialistas hemos sido decisivos para rechazar, hasta ahora, en apenas 20 meses, cuatro mociones de censura consecutivas contra ella. Si el PPE sigue su hoja de ruta de consolidación con la ultraderecha en perjuicio de socialistas, liberales, verdes y cualesquiera enmiendas o demandas progresistas, la credibilidad de Von der Leyen será simple y llanamente irrecuperable. Lo que equivale a una amenaza, si es que no a una sentencia, contra su continuidad al frente de la Comisión Europea.
