¿Es hora de que la semana de la moda de Madrid salga de Ifema?

¿Es hora de que la semana de la moda de Madrid salga de Ifema?

Termina la 75ª edición de la MBFW, donde los diseñadores han hecho virguerías para presentar sus colecciones.

El desfile de Hoss Intropia en el Palacio de Cibeles.
El desfile de Hoss Intropia en el Palacio de Cibeles.EFE

Cientos de rostros conocidos, periodistas, invitados, patrocinadores o compradores han peregrinado estos días hasta el pabellón 14 de Ifema, que ha acogido de nuevo la MBFW Madrid, o lo que es lo mismo, la semana de la moda madrileña.

El recinto ferial, a tiro de piedra del aeropuerto de Barajas pero lejos del centro de Madrid, se engalana para montar una pasarela funcional que se coloca dentro de una gran caja negra. Alrededor de esa caja está el Cibelespacio, es decir, los stands de los muchos patrocinadores que están presentes en cada edición y que en esta ocasión van desde un photocall para posar como Los Bridgerton gracias a Netflix, un muestrario de la marca de calzado Flabelus o un punto de encuentro de Klarna, el servicio de pago aplazado que cada vez incorporan más marcas. Tampoco falta el espacio dedicado al showroom de Allianz EGO, donde los creadores más jóvenes muestran sus colecciones y en el que estuvo un buen rato la reina Letizia en su visita del viernes.

Un gran enjambre que se ha mantenido a lo largo de los años con una misiva, la de la comodidad, que permite que toda la acción se concentre en un mismo lugar. Con cada nueva edición se plantea el mismo debate y crecen las voces que defienden que es necesario sacar la moda a la calle y hacer a la ciudad partícipe de estos días imprescindibles para el buen rumbo del sector en España.

Uno de ellos es Nacho Aguayo, diseñador responsable de la línea femenina de Pedro del Hierro que minutos antes de que comenzara el desfile con el que se inauguró la MBFW confesaba al diario ABC que la caja de Ifema le parecía “fría”. El creador, que llevaba varias temporadas sin pisar el pabellón, aseguraba que no le importaría presentar sus colecciones en grandes localizaciones de Madrid o edificios emblemáticos.

Es la opción por la que han optado varios diseñadores, tanto consagrados como emergentes, en los últimos tiempos, buscando ampliar su creatividad y haciendo que el escenario sea una pieza fundamental para que la colección sea redonda. Es el caso de Hoss Intropia, que el pasado miércoles debutaba en el calendario de la MBFW pero en el formato OFF, es decir, fuera de Ifema. La firma eligió la galería de cristal del Palacio de Cibeles para montar su particular verbena, con prendas para las noches de diversión.

También optaron por esta opción Encinar, que presentó su colección en el Hotel Palacio de los Duques, o Paloma Suárez, que homenajeó a la isla de La Palma en la Fundación Telefónica.

La teatralidad de Encinar en uno de los salones del lujoso hotel.
  La teatralidad de Encinar en uno de los salones del lujoso hotel.EFE

Por su parte, Juan Duyos presentó su nueva propuesta en el Museo Cerralbo en el marco de Madrid es Moda, una iniciativa de la Asociación de creadores Acme que busca, precisamente, empapar Madrid de creatividad y del buen hacer de la moda española. Otros como Palomo Spain o Moisés Nieto, que presentará su colección en Matadero el 23 de marzo, van por libre marcando sus propias reglas, y no les va mal.

Los diseñadores que se quedan en Ifema hacen virguerías para que la pasarela no parezca la misma desfile tras desfile. Desde el suelo de vinilo de Pedro del Hierro, hasta las hamacas de Pablo Erroz, que teletransportaban a un día de verano en una isla. Paloma Álvarez y Juanjo Mánez, de Malne, salieron ellos mismos a presentar su colección vistiendo y desvistiendo a las modelos en directo sobre una plataforma giratoria. Un intento de innovar que se agradece. Desde Otrura buscaron impactar con la actuación de una bailarina durante su presentación, que hacía una reflexión sobre las enfermedades mentales a través de las prendas de la colección.

Presentación de Otrura.
  Presentación de Otrura.Sergio R Moreno/GTRES

Después de utilizar uno de los salones del Hotel Mandarin Oriental Ritz en la temporada de septiembre, Jorge Vázquez se esforzó para transformar el pabellón 14 en el Museo Chicote, viajando hasta los 70, cuando los grandes rostros conocidos de Hollywood se mezclaban con las celebrities patrias en Madrid. Para intentar lograrlo colocó un enorme centro floral de claveles en medio de la pasarela y contó con la presencia de un cantaor y un guitarrista que tocaron varios temas en directo mientras desfilaban las modelos para ambientar. Vázquez también entregó un clavel a todos los invitados.

El desfile de Jorge Vázquez.
  El desfile de Jorge Vázquez.EFE

A pesar de que Ifema tiene sus detractores, sigue teniendo relevancia y eso lo demuestran los grandes nombres que han vuelto este año después de su ausencia, o el debut de firmas como Redondo Brand. La marca de Jorge Redondo que triunfa en bodas y alfombras rojas presentó el sábado su primer desfile y lo ha hecho en el recinto ferial en lugar de en una localización emblemática de Madrid.

El diseñador se esmeró para intentar convertir la pasarela en un salón de la alta sociedad con una moqueta rosa y grandes centros florales de lilium que consiguieron perfumar el espacio. Redondo también colocó sillas forradas con un tejido moiré rojo con el que se fabricaron algunas de las prendas de la colección. En su presentación también ha habido música en directo con Dan Rain poniendo la voz y Laura Gómez el buen hacer al piano. El dúo ha interpretado clásicos como At Last o My Funny Valentine intentando crear un ambiente íntimo que, en ocasiones, se veía ensordecido por el ruido de ambiente de los alrededores.

La novia, el cierre de Redondo Brand.
  La novia, el cierre de Redondo Brand.EFE

Olvidarse de Ifema —donde la MBFW convive con ferias de animales y espectáculos musicales— sería también olvidarse del Cibelespacio, esa zona alrededor de la pasarela donde cada edición se dan cita personas que no tiene invitación para los desfiles pero que disfrutan de los stands de los patrocinadores y de una copa en el llamado Kissing Room.

Es también el lugar por el que pasean los aspirantes a influencers haciéndose fotos y recolectando regalos. “Ya tengo esta bolsa del año pasado, podían dar otra”, se quejaba una joven en la jornada de arranque del jueves. Es también el lugar en el que esos mismos esperan pacientemente la entrada a un desfile si quedan huecos libres. Todo eso se borraría de un plumazo si cada diseñador presentara su colección en localizaciones repartidas por la ciudad como sucede en otras capitales europeas. Por ahora eso no sucederá y el próximo septiembre creadores, modelos, periodistas, invitados y aspirantes a influencers volverán a abrirse paso entre el cemento gris de Ifema.