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08/06/2019 09:07 CEST | Actualizado 11/06/2019 12:34 CEST

Elvira Lindo: "Las mujeres no han hundido a la izquierda"

La autora de 'Manolito Gafotas' y 'Una palabra tuya' habla de su insomnio, de su amor por Madrid y de por qué no quiso ser ministra de Cultura con Pedro Sánchez.

CARLOS PINA
Elvira Lindo, en el salón de su casa en Madrid.

“¡Ya!”. Elvira Lindo regaña a Lolita, su yorkshire, para que no interrumpa la entrevista, pero luego ella se corta a sí misma: “¡Estoy hablando muchísimo!”. Por si acaso —y por suerte—, la escritora advierte que no tiene prisa cuando recibe a El HuffPost en su casa cercana al Retiro, su barrio preferido de Madrid (sin contar Moratalaz, donde se crió).

La autora de Lo que me queda por vivir asegura que tuvo que pasar unos años en Nueva York para darse cuenta de lo mucho que le gustaba Madrid, sus barrios, el calor de su gente. “De repente me parecía una ciudad muy sencilla, los vecinos te conocen muy fácilmente, el grado de amabilidad de la vida es mucho mayor aquí”, reconoce. “No quiero que se me olvide”, dice la escritora nacida en Cádiz.

Precisamente en los barrios de Madrid se forjó su carrera periodística y literaria, con la que pasó del Carabanchel de Manolito Gafotas al Vallecas de Ramón Fortuna en El otro barrio, que Booket Planeta reedita 20 años después de su publicación.

¿Tiene algo especial con los barrios de la periferia de Madrid?

Tal vez es porque llegué a Madrid con 12 años y mi conocimiento de la capital fue a través de los barrios. Mi barrio, Moratalaz, era, para mí, periférico. Ahora parece que está muy pegado a la ciudad, pero en ese momento Madrid era un lugar lejano al que íbamos de vez en cuando por asuntos especiales. Luego he vivido en muchísimos sitios y barrios del centro, pero mi conocimiento del mundo fue en un barrio periférico. Tus primeros años te marcan.

Carabanchel y Vallecas me parecían barrios parecidos al mío, pero con más solera. Eran barrios con una historia. Además en la adolescencia tenía mucha conciencia política y Vallecas representaba el barrio obrero que está orgulloso de serlo. Han sido sitios por los que he andado mucho, sobre todo en mis primeros años de periodismo, porque tenía un gran interés por la gente que vivía y trabajaba en ellos. Por eso cuando llegó la ficción, de alguna manera era natural que esos personajes aparecieran en mis libros. Ahora parece más normal, pero cuando empecé a publicarlos era chocante. En las entrevistas a veces me preguntaban por la razón, porque no los consideraban personajes interesantes. Cuando publiqué Una palabra tuya, me decían: “¿Y por qué dos barrenderas?”. Siempre me extrañaba. ¿Y por qué no? En la literatura americana no chocaba tanto que salieran personajes de barrio. Además, en mi caso no son marginales. Son gente que se gana la vida normal y corriente, como la mayoría de la población. Me parece muy respetable que un escritor elija siempre un mundo burgués para contar lo que quiere; lo que me sorprendía era que pensaran que la literatura no era sitio para los personajes de barrio. Me parecía un desconocimiento de la propia literatura.

En ese momento lo achacaba a que España vivía en una burbuja económica que parecía una fiesta que nunca iba a terminar. Había una especie de pijismo que también se reflejaba en el tipo de novelas que se escribían y durante un tiempo se llevó mucho la novela cosmopolita, donde aparecían ciudades extranjeras y los personajes debían tener una cierta capacidad intelectual o estudios superiores, pero no eran con los que yo sentía más empatía. Ni siquiera era una cuestión política; era el mundo en el que había crecido.

Cuando la derecha se disgregó en las generales, salió Aznar y riñó a los votantes porque se habían equivocado. Y desde la izquierda no tenemos que hacer lo mismo

Habla de la conciencia política de esos barrios, pero curiosamente son los que menos fueron a votar en las elecciones autonómicas y municipales de mayo. ¿Por qué?

Es difícil. La realidad es que ahora hay muchos partidos políticos y tenemos que acostumbrarnos. No son dos, son muchos más, y no tenemos que asustarnos, sino aprender a convivir con ello. ¿Por qué no salieron a votar? En las elecciones generales fue sorprendente cómo la gente fue a votar. En los sectores desfavorecidos más golpeados por la crisis hubo una alarma de que pudiera darse un retroceso de las libertades y de la España social, de las ayudas sociales. ¿Por qué eso no ha sucedido ahora en las municipales? No he teorizado tanto sobre el tema, pero sí debemos contemplarlo.

Cuando la derecha ha gobernado Madrid se ha preocupado sobre todo por los barrios de la gente que les vota, por los más privilegiados. Madrid está dividido en dos ciudades: la prosperidad está en el norte y en el oeste y las personas menos privilegiadas están en el sur y en el este. Creo que cuando gobierna alguien de izquierdas tiene que favorecer no a los suyos, sino a la gente más desfavorecida. Está claro que si gobierna la derecha va a ser peor para esa gente, pero a lo mejor cuando gobierne la izquierda hay que estar muy pendiente de esos barrios que notan la diferencia. Porque se nota. Por mis libros El otro barrio y Manolito, que se leen en institutos, voy mucho a colegios y conozco las diferencias que hay de norte a sur en España y en Madrid. Justo una semana antes de las elecciones fui a un colegio de Pozuelo [de Alarcón] y a otro de Carabanchel y de Vallecas, y me apena muchísimo el socavón que hay entre esas zonas. No lo puedes obviar. Hasta los árboles crecen más, hay más verde, parece que el clima es más benéfico para esa gente, está más pelado en el sur.

CARLOS PINA
Elvira Lindo, con su perra 'Lolita'.

Cuando la derecha se disgregó en las generales, salió Aznar y riñó a los votantes porque se habían equivocado. Y desde la izquierda no tenemos que hacer lo mismo. No tiene que salir nadie a reñir a la gente de los barrios trabajadores que no han votado lo que debían votar para sus intereses. Es completamente equivocado. En este caso ni siquiera han votado a la derecha, sino que se han abstenido. Habría que preguntarse por qué. Si uno llega al poder y de alguna manera no atiende lo suficiente, la gente se decepciona muy rápido. En la derecha pueden poner a cualquiera y votan a cualquiera. En la izquierda hay gente más desfavorecida y más crítica con lo que hacen sus líderes, pero de alguna manera eso está bien, ¿no? En cualquier caso, me parecería un desastre que el Ayuntamiento de Madrid volviera a la derecha.

Me parecería un desastre que el Ayuntamiento de Madrid volviera a la derecha

Hace tiempo contó que en Estados Unidos se habían censurado partes de Manolito o se querían censurar, y que los artículos de Tinto de verano probablemente no se podrían publicar a día de hoy en España. ¿Qué opina de esto? ¿Tenemos ahora la piel más fina?  

Hay cosas que han cambiado. Y en algún sentido eso está bien. Creo que esos libros no deberían tener ningún problema, porque ni Manolito ni Tinto de verano tienen algo que no se pueda contar. Es una estupidez corregirlos, porque son humor y alegría.

En cuanto a la piel fina, hay cosas en la sociedad que se han corregido de manera natural, porque todos somos más conscientes de que la sociedad es diversa. Ya no sólo es una sociedad de españoles blancos la que decide cómo somos, sino que hay mujeres, homosexuales, transexuales... Pero hay quien lleva con mucho drama y con muchísimo trauma el no poder seguir utilizando un lenguaje racista, sexista o misógino. Como si la libertad de expresión consistiera exactamente en eso. Te quitan la posibilidad de decir cosas machistas o racistas y es como si te robaran parte de tu identidad. Yo procuro no tener esa identidad.

En cuanto al humor, el mío es muy blanco. Pero en la sociedad americana, por ejemplo, los niños están supersobreprotegidos, y al ser Manolito un personaje popular de clase trabajadora hablaba como cualquier niño, no como quisiera un pedagogo que hablase.

Hay quien lleva con mucho drama el no poder seguir utilizando un lenguaje racista, sexista o misógino

Cuando presentó 30 maneras de quitarse el sombrero hace unos meses decía que “la campaña por la libertad de expresión que se está haciendo en España da bola a líderes totalitarios”. Después de dos elecciones consecutivas, ¿se reafirma en esto?

La transgresión ha pasado a manos de gente muy conservadora, cuando no reaccionaria. A líderes como Donald Trump lo de la corrección política le vino muy bien para tener un discurso, pero en realidad él sigue diciendo groserías sobre las mujeres o sobre los negros. Por eso no sé de qué manera le molestan a personajes así cuestiones de corrección política. No lo puedo entender. Es como lo que se ha dicho aquí contra los chiringuitos feministas. Con ese discurso se encubren medidas antisociales, racistas o claramente misóginas que un gobierno pretende tomar y que afectan muy negativamente a sectores de la población desfavorecidos. Por alguna razón, Trump, Bolsonaro y Salvini están muy empeñados en el discurso de la corrección política y eso les sirve para conquistar a hombres enfurruñados, aunque lo que hay debajo son medidas profundamente insolidarias, brutales para la clase trabajadora. No sé si me explico…

Sí, sí.

Me sorprende que se achaque el fracaso de la izquierda, por ejemplo, a las culturas de identidad. En el fondo, una de las cosas buenas de la nueva izquierda es que ha tenido en cuenta que la población es diversa. Que la clase trabajadora no es ese obrero del cartel soviético, sino que hay mujeres, hay gais, hay lesbianas, hay negros… hay diversos colectivos que además de querer mejoras económicas quieren poder vivir su vida con libertad. No se puede olvidar y no creo que en España las culturas de identidad hayan sido un problema. Más bien ha venido de que cuando la izquierda ha estado en el poder ha olvidado por qué estaba. Pero las mujeres no han hundido a la izquierda, de verdad.

Trump, Bolsonaro y Salvini están muy empeñados en el discurso de la corrección política y eso les sirve para conquistar a hombres enfurruñados

Cuando citaba a los líderes totalitarios no ha nombrado a ninguno español.

Ah, bueno. Creo que se les ha dado mucha relevancia, pero de momento son más irrelevantes, si te refieres a Vox, por ejemplo. 

CARLOS PINA

Al hilo de una columna que tituló La suerte de las feas, ¿cree que ha llegado la revolución de las feas?

En los dos últimos años, las mujeres —nuestros deseos, anhelos, reivindicaciones— se han hecho más visibles. Y eso ha sido muy perturbador para ciertos hombres que hablan de ello todo el rato. Hay hombres quejándose del discurso feminista que no paran de escribir sobre el feminismo. Es una reacción y no hay avance social que no se cobre víctimas. Las mujeres no hemos conseguido una sociedad igualitaria, pero el hecho de estar más visibles ya es algo que fastidia a ciertos hombres que en algunos casos ostentan el poder.

Me acuerdo que un político importante, muy conocido, decía: “Es que las mujeres ahora no quieren la igualdad, quieren el poder”. Y yo decía: “Bueno, como tú”. Creo que la igualdad no viene sólo de querer el poder, que también tiene que incluir a aquellas mujeres que no lo quieren. A la que no lo quiere y prefiere vivir una vida con menos sobresaltos, a esa mujer también le tiene que favorecer la igualdad. A veces me preocupa que el discurso sea sólo sobre heroínas, gente que logra récords, como esos anuncios de deporte, que por un lado muestran a mujeres que siempre están en el número uno y a lo mejor en la vida real no conceden esos derechos a sus trabajadoras. Me parece que ha pasado con Nike.

Para el 8 de marzo tampoco hay que utilizar el discurso de ‘la primera mujer astronauta’ o ‘la primera mujer que cruzó a nado el Estrecho’... A mí me da la risa, porque yo nunca haría ninguna de esas cosas. No quiero que la igualdad me favorezca en récords, porque sería desastroso. Quiero que se me trate siempre con igualdad y consideración, y pienso que eso es lo que quiere la mitad de los seres humanos. Cuando era joven, había muchas cosas que acusaba con una especie de dolor íntimo, pero no me sentía parte de un colectivo al que se le arrebatan derechos. Tenía una idea de ser de izquierdas mucho más asexuada y, afortunadamente, ahora incluyo mi condición [de mujer] a mis ideas políticas.

Me inquieta que haya políticos todo el día en Twitter. Tendrían que descartarlo de la vida política y el espectáculo bajaría bastante

Hablando de política, ¿en qué quedó el incidente machista de Juan Carlos Girauta? ¿Se disculpó en algún momento?

No, no, no. Se disculpó en privado alguna mujer de su partido. Me dio pena que tuviera que ser así. Al fin y al cabo, fue la grosería lo que quedó en público.

¿Qué tal lleva los haters y los trolls de las redes? 

En Twitter no interactúo. Sólo cuelgo mis artículos, y además los cuelga un amigo mío. Tengo Twitter, pero no puedo entrar. Sé que hay veces que son polémicos, pero al no poder interactuar, me evito eso. Y me parece bien. Incluso me inquieta que haya políticos todo el día en Twitter. Tendrían que dar un paso adelante y descartar Twitter de la vida política. No me parece serio que un político a las 11 de la noche dé su opinión sobre algo que se está diciendo en televisión. No creo que aporte nada interesante ni me parece normal que se den noticias a través de las redes cuando tendrían que darse a los periodistas por los cauces que se han utilizado siempre. Sería magnífico que el Congreso de los Diputados español dijera: “Los políticos no van a utilizar Twitter”. El espectáculo bajaría bastante.

¿Pero sí es consciente de la falta de empatía, de ese bullying en redes?

Veo que hay gente a la que han hecho bullying en redes, pero también son personas que están todo el tiempo haciendo bullying a otras. Es decir: si te quejas de lo agresivas que pueden ser las redes, no contribuyas tú también a hacer ruido. Yo procuro no meterme en líos. Está emponzoñado y no quiero formar parte de eso. No es bueno para las personas, pero tampoco para los medios ni para el periodismo. Escribir artículos o titulares para enganchar a la gente genera que gran parte no lea el artículo, sino sólo el titular. No me gusta el periodismo que nace de ahí. Hay veces que los artículos y las entrevistas están claramente tituladas así por algo. Se coge algo anecdótico que suena muy chocante y cuando luego lees la entrevista, a lo mejor no corresponde o no es tan transgresora como hacía pensar el titular, pero ya le has jodido la mañana al entrevistado. Y eso hace que tengamos una prudencia con lo que queremos expresar que no es sana.

No veía factible ser ministra de Cultura con el tipo de vida que llevo

Se comentó que estuvo entre las candidatas a ministra de Cultura del primer Gobierno de Sánchez. 

Sí, sí. Al principio no quise hablar de esto porque no me parecía noticia que te ofrezcan algo y digas que no. Pero se corrió el rumor. Me acuerdo que luego durante dos meses, si escribía algo relacionado con el Gobierno, la gente interpretaba que era favorable a Sánchez porque, claro, qué iba a opinar, como me había ofrecido eso, estaba completamente subyugada por el ofrecimiento, al que dije que no, por cierto. Es como cuando dicen: “Claro, si lleva minifalda, ¿cómo no le van a meter mano?”. Joder, yo no soy culpable de nada. Estaba tranquilamente en mi casa y, si hubiera dicho que sí, tampoco habría sido culpable de nada.

La gente que dice eso me conoce muy poco, muy poco. Le agradezco muchísimo a Pedro Sánchez que me lo ofreciera, porque es un detalle generoso y original por su parte, pero no lo veía factible con el tipo de vida que llevo o que quiero llevar. Soy una persona muy celosa con mi espacio de diversión, quiero conservar un porcentaje de diversión y libertad en mi vida que considero necesario. Lo pensé poco tiempo, pero llegué a la conclusión de que estaría todo el día preocupada. A veces me gusta entregarme a la pereza y pasear por mi ciudad con la misma libertad que cuando tenía 18 años. Es una buena justificación, creo, aunque sentí una ligera tentación de poder hacer algo por mi país. Me dio pena que los tiempos sean tan ásperos y tan hostiles. A lo mejor en otro momento habría dicho que sí, si hubiera pensado que podría vivir con naturalidad y hacer compatibles ser como soy y tener un cargo público. Aun así, me parece muy saludable que gente de la sociedad civil entre en puestos políticos, porque me parece un empobrecimiento la idea de que el gestor o el que ha estado siempre en política es el que lo va a hacer mejor.

CARLOS PINA

He leído que le interesa mucho lo que la gente tiene en su mesita de noche. ¿Qué tiene usted en la suya?

Tengo la novela de Siri Hustvedt, que es lo que estoy leyendo ahora, y dos libros relacionados con Ilsa Barea, la activista austriaca que vino a apoyar a la República durante la Guerra Civil y luego se casó con Arturo Barea, porque estoy preparando un proyecto sobre ella. Uno de esos libros es Telefónica, la única novela que escribió, que sale ahora en la Feria del Libro. Ese mundo es en el que estoy ahora inmensa. 

¿Qué más tengo? Media pastilla de Orfidal, porque al acostarme siempre me pregunto: “¿Me la tomaré? ¿No me la tomaré?”. Siempre tengo ese miedo a no dormir, tengo muchos problemas con el sueño. Y luego agua, por supuesto, y toda mi bisutería que va quedando por ahí. No tengo cajón, así que está todo a la vista.

La teoría me la sé. Cuando me porto bien, ceno pronto, no tomo vino, no veo el ordenador a partir de las ocho y media. Pero nunca me porto bien

¿Y qué tal lleva últimamente el insomnio? ¿Qué es lo que le quita el sueño?

Una mente demasiado activa que, sobre todo, se activa por la noche. He leído mucho sobre el tema, y he ido al médico. La teoría me la sé. Sé lo que hay que hacer para desactivar la mente. Cuando me porto bien, ceno pronto, no tomo vino, no veo el ordenador a partir de las ocho y media. Pero nunca lo hago. No me porto bien y duermo mal. Cuando tienes la mente muy activa, hay un cierto vicio de pensar en lo que tienes que hacer. Cuando digo: “Mañana tengo que hacer un artículo, pero lo voy a escribir ahora mentalmente”. Es terrible, es lo contrario a lo que hay que hacer. Pero escribo mucho mentalmente, pienso cosas que me gustaría hacer, imagino escenas en la vida que me gustaría que sucedieran. Soy así desde pequeña. ¿Cómo me enseña a mí un profesional a no ser así, a no dejarme llevar por las fantasías? Soy como una niña incorregible.

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