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23/02/2018 07:38 CET | Actualizado 23/02/2018 10:45 CET

Antonio Muñoz Molina: "El Estado tiene cero interés en la educación y la cultura"

El escritor publica su nueva novela, 'Un andar solitario entre la gente'.

IVÁN GIMÉNEZ

Levantar la vista del móvil. Caminar, ver, observar, escuchar. Mirar. Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) se arma en Un andar solitario entre la gente de lápiz, libreta, ojos, nariz y olfato. Y cuenta lo que ve: unas veces la contemplación le sirve para celebrar la vida y otras para denunciar los males que nos aquejan.

El escritor camina por Madrid y Nueva York y crea un mosaico narrativo de una sociedad enfebrecida en la caza de Pokémons, consumida por el consumismo y adicta a la pantalla del teléfono móvil. Premio Príncipe de Asturias de las Letras, pide cinco minutos de descanso antes de empezar la entrevista para, paradójicamente, consultar su teléfono móvil y hacer una llamada.

Aboga por la mirada pero está con el móvil.

[Ríe] Todo es lo mismo, no podemos no vivir en el mundo en el que vivimos. En el libro también está muy presente el iPhone que tengo, en el que tengo grabadas todas las conversaciones que he espiado en el autobús, con el que he hecho fotos de gente, carteles y anuncios.

El móvil como una evolución de la libreta...

Todo es lo mismo, una cosa no quita la otra. A mí me gusta mucho ir en bicicleta, pero también caminar. Uno tiene muchas posibilidades. La cuestión no está en elegir una cosa o la otra, sino en tener la capacidad de disfrutarlo todo.

¿Qué nos está pasando como sociedad para tener que escribir un libro en el que se interpele a mirar, a caminar, a escuchar y a observar?

Hemos vivido una fascinación, una hipnotización hacia las nuevas tecnologías que, por una parte, es comprensible porque te permite cosas muy interesantes; pero, por otra, es una fascinación exagerada y religiosa. Todo tiene que estar subordinado a la tecnología y todo aquel que diga cualquier cosa negativa hacia ella es una especie de hereje. La tecnología se ha convertido en una religión. Yo he visto a gente en Nueva York en una noche a 15 bajo cero cómo hacía cola para comprarse un iPhone que es exactamente igual al anterior. Eso es religión, como los que están esperando que se licúe la sangre de San Genaro en Nápoles, ¿no?

La tecnología se ha convertido en una religión

Ahora ya hay una actitud de decir que cada cosa debe ponerse en su sitio. Es como cuando llegaron los coches y todo se tenía que sacrificar al coche. Puede haber un sitio para los coches, pero las ciudades no pueden ser destruidas a base de ensanchamientos para que pasen más coches. Ha llegado un momento en el que la gente está redescubriendo y reivindicando nuevas cosas. Hace diez años los periódicos publicaban artículos hablando del éxito del libro electrónico y de la desaparición del papel. Los mismos que en las secciones de Cultura escribían artículos así ahora los escriben sobre cómo el libro de papel ha resistido. Una tecnología no tiene por qué anular otra. No son movimientos geológicos.

Usted lee en papel y en kindle.

Hombre, claro.

De hecho, fue uno de los primeros escritores españoles que reivindicó el libro electrónico.

Sí. Tengo la suerte de tener hijos muy lectores y muy de su tiempo y tienen una relación con el libro de papel que es tan poderosa como la que tienen con sus elementos tecnológicos. El problema es el papanatismo y las enormes fuerzas económicas que quieren llevarte en una dirección.

¿Pero qué parte de responsabilidad recae sobre la sociedad y qué parte sobre unas fuerzas económicas que nos están inoculando el virus de compra, consume...?

El nivel de propaganda que recibimos a diario es muy superior al que recibía un súbdito de la Alemania nazi o de la China de Mao. Hablo de la fuerza de la propaganda, de la propaganda como una forma de vida. Desde el momento en el que nos levantamos estamos sometidos a cosas hechas con una sofisticación y una categoría estética y de persuasión que es muy poderosa porque hay mucho talento detrás. De siempre, los artistas trabajaban para el que pagaba más: Miguel Ángel estaba a sueldo del Papa, no era un artista solitario. Ahora mucha gente de mucho talento narrativo, plástico o visual, trabaja para las empresas de publicidad que hacen las campañas de todas estas compañías.

El nivel de propaganda que recibimos a diario es muy superior al que recibía un súbdito de la Alemania nazi o de la China de Mao

Habla de estar a sueldo de alguien. En su momento se le criticó mucho por publicar una novela, El dueño del secreto, por encargo de la Fnac.

Cuando ya tienes cierta experiencia has visto tantas cosas... Un librero me dijo entonces que iba a quitar todos mis libros de su tienda y yo le respondí que podía perfeccionar la cosa quemándolos. Por cierto, la persona que más agitó la campaña en mi contra entonces, que fue un momento muy amargo para mí, me pidió perdón al cabo del tiempo.

¿Quién fue?

Bueno, eso ya da igual.

¿Y qué le dijo?

Que me habían utilizado, que se habían equivocado al creer que la Fnac los iba a arruinar, cosa que no pasó, y que me habían tomado a mí como chivo expiatorio.

Soy una persona que dice lo que quiere decir

Esa polémica coincidió con una serie de artículos de opinión que escribió sobre los nacionalismos que generaron otra aún mayor.

Yo era, y lo sigo siendo, una persona que dice lo que quiere decir.

Pero ahora parece que está más tranquilo, ¿el exilio en Nueva York y la distancia respecto a España ha contribuido a ello?

No, no es eso, es que era otra época, ahora todo es más cruel.

¿Más cruel?

Sí, porque los medios son más crueles. Pero bueno, yo he escrito siempre lo que he pensado y a veces lo que piensas va en contra de lo que toca pensar. Hay una cosa que tengo muy clara: yo nací en una dictadura y viví con ella hasta los 20 años. Sé lo que es vivir sin libertad de expresión y lo que es tenerla. Por eso no estoy dispuesto a renunciar a la libertad de expresión, por nada del mundo.

IVÁN GIMÉNEZ

Aun así no utiliza canales como Twitter, donde tanta opinión se da.

Twitter en sí propicia lo peor. Es un medio que no me gusta, no me gusta nada. Por eso intento mantenerme al margen.

Parece que Muñoz Molina es más de Wikipedia que de Twitter, de bucear en la información más que lanzar el mensaje rápido. Es lo que se planeta en el Un andar solitario entre la gente, pasear, mirar, ver... Es un libro que transmite nostalgia de un pasado.

No es nostalgia, es la condición humana.

Nostalgia porque muchas de las cosas que reivindica, como mirar o escuchar, parece que han dejado de hacerse.

Pero es que tiene que hacerse. Si no lo haces, no vives. No puedes formar parte del mundo, disfrutar de la vida o tomar decisiones racionales si no miras.

Ya, pero ahora la gente prefiere que le miren a mirar.

Es que es una época en la que cuanto menos importancia tienen las personas más se halaga y alimenta el narcisismo. Todo el mundo está viviendo constantemente momentos memorables. Qué le vamos a hacer. Es el narcisismo, pensar que el mundo gira en torno a ti. Y eso no es verdad.

No es verdad, por mucho que nos duela a veces.

No es que te duela, es que el narcisista, el que vive sin control, enloquece sin la respuesta del otro. El ser humano necesita la realidad física, tangible, la necesita mucho.

España no es un mal sitio para vivir

El germen de Un andar solitario entre la gente tenía más de mil páginas y ha utilizado 17 cuadernos para escribir el libro.

O más.

A la hora de cribar, ¿qué ha eliminado y por qué?

Es una tarea de depuración. Para conseguir un cierto efecto tienes que controlar los materiales que usas. Vas adquiriendo una idea de cómo debe ser el libro y procuras darle la forma más adecuada. Es verdad que este es un libro abierto, que podría haber sido más corto o largo. Hay materiales que creo que me podrán servir para otros libros. Y hay libros completos en esos cuadernos. Pero se trataba de encontrar el equilibro entre esa sensación de desorden y la forma, porque el desorden sin más carece de interés. Pero si se encuentra la forma de dar una idea de desorden y fluidez e improvisación, y al mismo tiempo tener una forma sostenida, ahí está el truco, es a lo que uno aspira: a retratar lo inmediato y a que eso quede en una forma hecha, igual que un fotógrafo.

¿Dónde ha quedado el Muñoz Molina autor de ficción?

Está aquí. Aquí hay elementos de ficción muy contenidos y calculados. No se trata tanto de la ficción o no ficción, sino de contar historias. En este caso la ficción te da una organización del materiales, unos personajes y un argumento. No necesitaba un argumento, porque era la vida que iba pasando, como de diario. El libro empieza un día antes del atentado de Niza y termina en primavera del año pasado, eso ya le da una cierta unidad. Entonces llega Pokemon Go, Alepo, la elección de Trump... Y luego las historias no son las que yo me invento, sino las que me va contando la gente o que voy encontrando por ahí. Es la voz de ese chico que cuenta cómo su madre se ahogó en la playa o la voz del científico que me relata historia de la ballena que apareció varada con 30 kilos de cocaína en el estómago. O el pintor amigo mío que tiene 80 años y se levanta a las cuatro de la mañana para pintar... Son historias que se van hilando en el tiempo.

'The New York Times' también tiene lo suyo, ha escrito tonterías sobre Cataluña

Muñoz Molina mira. ¿Qué ve cuando observa a la sociedad española?

Todavía tiene valores muy poderosos comparada con otras sociedades, como la americana. Pero es una sociedad que tiene un grave problema con la educación y la cultura, en la que no hay la menor consideración social ni pública hacia el conocimiento, el saber, ni hacia la ciencia ni nada... Es un precio muy alto el que se paga. Es una sociedad, como sabemos por desgracia, con mucha corrupción, y no sólo en lo político sino en muchos otros ámbitos de la vida. Pero un sistema democrático que funciona puede ser autocorrectivo. Se trata de que el Sistema sea lo suficientemente fuerte como para que no lo corrompa el dinero o el fascismo político.

Visto en el contexto del mundo, España no es un mal sitio para vivir, dentro de que hay injusticias terribles y sobre todo un avance de la desigualdad que puede acabar con el sistema democrático. La falta de oportunidad para que la gente desarrolle sus mejores capacidades, el despilfarro de talento, de creatividad y de fuerza vital que está permitiéndose esta sociedad me parece... Hay una gran diferencia entre los que se han formado bien y los que no han podido hacerlo, y esa diferencia viene marcada por el dinero. Y luego el problema de que no sólo es difícil que la gente se forme bien, es que el que se forma bien en el campo que sea tiene muy pocas posibilidades de desarrollar esas capacidades.

¿Su mirada sobre la izquierda?

Eso es muy complicado. Sinceramente no tengo una opinión autorizada. Me parece que la izquierda no ha encontrado la manera de mantener el núcleo fundamental de su mensaje, que es la búsqueda de la libertad y la igualdad universal. Eso es la izquierda, que todas las personas tienen los mismos derechos y las mismas libertades. No se ha conseguido poner eso en práctica en un sistema democrático.

En muchos hombres hay como un desconcierto ante la presencia creciente de las mujeres.

¿Y sobre el feminismo?

En muchos hombres hay como un desconcierto, un desasosiego, ante la presencia creciente de las mujeres. Eso lo creo. Yo tengo la suerte de estar casado con una mujer muy feminista, muy lúcida y nada dogmática y aprendo mucho de ella.

¿Cómo ve el sector cultural?

El principal problema es que el Estado, incluyendo autonomías y ayuntamientos, no tiene el menor interés por la educación y la cultura. Cero. Sólo les interesa aquello que tenga que ver con el adoctrinamiento, con el tráfico de intereses o con el nacionalismo de cualquier tipo. Los poderes públicos y los partidos no tienen el menor interés, el menor, en favorecer el conocimiento, la cultura, la escuela. Cero.

¿Por qué?

Porque venimos de una sociedad en la que el saber no tiene ningún prestigio. Fíjate el modo en el que son tratados los profesores por los padres de los alumnos, no te digo ya por las autoridades educativas, que procuran hacerle todo el daño que pueden. Es una sociedad en la que no se valora el conocimiento, el saber, la delicadeza. Sin embargo hay mucha gente que lee, que llena los museos y las bibliotecas. Hay una necesidad y un ansia de disfrute de la cultura que es saboteada por los poderes públicos. Mira, el actual ministro de Educación y Cultura, que dicen que es una persona que lee y que va a conciertos, para hablar del nombramiento del director de un museo del Festival de Música y Danza de Granada dijo que fichar a ese director era como fichar a Messi... Es una tragedia. A pesar de todo eso hay conciertos, se pintan cuadros. En este país hay que moverse contracorriente. Y algunos nos movemos.

Venimos de una sociedad en la que el saber no tiene ningún prestigio

¿Su mirada sobre los medios de comunicación? Cuando estaba en Nueva York parecía que mantenía algo de esperanza hacia The New York Times.

Bueno, The New York Times también tiene lo suyo, porque las tonterías que ha escrito de Cataluña... El caso es que ha conseguido salvarse porque hacer algo que hay que hacer: cobrar.

Pero no todos son The New York Times.

Hombre ya, pero hay que hacer el esfuerzo. Si tú conviertes tu periódico en una versión de pago de un diario gratuito, para eso te coges el gratuito. A veces leo algunos titulares en periódicos serios que recojo en el libro y pienso, Dios mío. Nunca imaginé que leyendo la prensa seria me podía enterar de la vida de Isabel Pantoja. En el libro recojo un titular que me fascinó de no sé qué periódico: Scarlett Johannson abre una tienda de palomitas gourmet en París.

En el libro también lanza la mirada más personal al hablar de la depresión.

Todos tenemos que vivir la vida, todos nos tenemos que levantar por la mañana, hacer frente a las enfermedades, a las desgracias, al paso del tiempo... Todos somos muy vulnerables, tengamos más éxito o menos.

SEIX BARRALL

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