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04/04/2019 07:27 CEST | Actualizado 04/04/2019 07:27 CEST

No apto para fanáticos

Efe
Gorka Maneiro. 

No apto para fanáticos es ya una realidad y este mismo sábado día 6 de abril presento la obra en Madrid. En concreto, la presentación será a las 12,30 en la librería La Ciudad Invisible, sita en la calle Costanilla de los Ángeles, 7. Y me acompañará David Ortega, quien fuera un magnífico concejal en el Ayuntamiento de la capital y miembro destacado de la dirección de UPYD.

Se trata del libro donde reúno mis reflexiones y apuntes sobre mi experiencia vital y política, los cuales, ciertamente, no pretenden ser una guía de actuación para nadie, sino una humilde aportación a quien pudiera servirle y, sobre todo, un ejercicio que necesitaba llevar a cabo. Efectivamente, necesitaba contar cuanto he vivido durante un período que terminó convirtiéndose en los diez años más intentos, enriquecedores y apasionantes de mi vida. Y como suele ser cuando son intentos, con sus días peores y mejores.

En esta obra está mi trayectoria inicial en los movimientos cívicos de lucha contra ETA hasta el surgimiento de Plataforma Ahora, pasando por mi trabajo político en el Parlamento Vasco durante dos legislaturas (2009-2016) y mi participación en la dirección de UPYD, el primer partido que osó cuestionar el bipartidismo imperante, antes de prácticamente desaparecer, víctima de los poderes fácticos… y de sus propios errores, por mucho que haya quien solo insista en lo primero.

Aquí están mis miedos y mis dudas, mis recuerdos y mis experiencias vitales y políticas. Éxitos y fracasos, decepciones y alegrías. Subrayo aciertos y errores, hago crítica y autocrítica, pongo en valor el trabajo formidable de tantos, cuento anécdotas, dudo y afirmo y relato problemas que pudieron resolverse y otros que me hicieron más fuerte.

No poseo la verdad absoluta y es seguro que, entre quienes piensan distinto, podemos encontrar infinidad de virtudes. Es una de las cosas más importantes que he aprendido.

No hay nada que sea blanco o negro. No tengo la verdad absoluta. No es palabra de Dios sino mi visión de las cosas, con todas sus deficiencias. No pretendo sentar cátedra ni ajustar cuentas. Y reflejo no solo mi evolución personal y política, sino mi aprendizaje continuo, que hizo que las mismas cosas las viera diferente según pasaba el tiempo. Y, como se podrá apreciar, salvo en cuestiones esenciales como la defensa de la democracia o los derechos humanos, no hay afirmaciones tajantes ni respuestas definitivas. Obviamente, sí hay opiniones, en algunos casos indubitadas, y se refieren a determinadas decisiones que tuve que tomar en determinados momentos. Algunas de ellas, vistas desde la distancia, las considero acertadas pero hay otras que fueron erróneas.  

Claro que estoy orgulloso de mi trayectoria, pero no insisto demasiado en ello. Y claro que cometí errores que deben ser señalados y reconocidos por honestidad y decencia. Solo quien no actúa o se mantiene de brazos cruzados, no yerra. Nunca pretendí salvar a España ni cosa parecida, sino aportar lo mejor de mí mismo para mejorar la sociedad en la que vivo. No poseo la verdad absoluta y es seguro que, entre quienes piensan distinto, podemos encontrar infinidad de virtudes. Es una de las cosas más importantes que he aprendido. Fui y sigo siendo un humilde ciudadano comprometido con la sociedad y la gente que me rodea.

En No apto para fanáticos recojo lo que ha sido hasta hoy mi trayectoria. Y es un alegato contra los fanatismos, por cierto; pero propios y ajenos: el error mayúsculo de pensar que se tiene siempre la verdad absoluta. Ahí queda.