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12/04/2020 11:04 CEST | Actualizado 12/04/2020 11:04 CEST

'Present Laugther', una clásica alta comedia inglesa con una buena estrella

La apabullante oferta teatral en streaming ofrece oportunidades inesperadas.

Present Laugther

La apabullante oferta teatral en streaming ofrece oportunidades inesperadas como poder ver Present Laugther de Noël Coward protagonizada por Kevin Kline, papel por el que recibió el premio Tony al mejor actor principal de una obra de teatro. La producción es de 2017, pero el autor y el actor no pasan desapercibidos. El primero por ser un dramaturgo de comedias o vodeviles inteligentes con mucha sorna, mucha gracia. Autor de alta comedia poco conocido en España, pero un clásico en los países de habla inglesa donde se repone sin cesar en importantes teatros del West End de Londres y el Broadway de Nueva York protagonizado por grandes actores.

De Kevin Kline hay que decir mucho menos porque es muy conocido. Actor multipremiado que ha participado en multitud de películas populares y comerciales. Domina la comedia y el trabajo físico que conlleva como el que más. Algo que confirmarán todos los que vean este Present Laughter en Teatrix, plataforma teatral que ofrece multitud de obras gratuitas durante el período de confinamiento algunas, como Present Laughter, de la plataforma Broadway HD.

Atendiendo a la traducción literal del título la risa está presente. Es una risa muy bien graduada. Lo importante es la historia, no el chiste, ni el gag. Lo importante es la situación que crea el clima para que estallen las risas en el patio de butacas. Una risa que surge del interés por la trama. Al estilo de lo que ha hecho Sanzol en La Ternura.

Esta vez, la historia es la de un famoso actor de teatro con una edad que sigue ejerciendo de ligón con las jovencitas que se le acercan fascinadas por la estrella. Separado de una mujer que sigue entrometida y, de alguna manera, cuidándole con el beneplácito de él que se deja querer. Como también le cuidan su secretaria, papel delicioso para cualquier actriz entrada en años y vis cómica, su mayordomo y la doméstica llegada de algún país del este. Familia a la que se añaden dos amigos con los que tiene negocios teatrales, al ser su productor y su director. Todos al servicio de los caprichos y enredos de la estrella a la que consideran que tienen que servir y proteger, más que nada porque les va el negocio en ello.

El acierto del director, Moritz von Stuelpnagel, es mantener la obra tal cual. En su tiempo. Jugando a la sofisticada comedia de los años 30 ó 40. Las de Katherine Hepburn y Spencer Tracy, las de Lubitsch o las de los estudios Ealing. Y la de saber que tiene una estrella como Kevin Kline, que puede que sea la única razón para que el público se acerque al teatro, incluso que atraiga a un público que no suele ir al teatro. Estrella para el que crea su espacio, un espacio que construye haciendo brillar al resto del elenco. Desde los actores más jóvenes, a los que tal vez se les va un poco el histrionismo y tics de sus personajes, a los más experimentados. Y en el que destaca Kristine Nielsen en el papel de secretaria tanto en la bis cómica como en la más emotiva. 

Es ahí donde está la grandeza de Coward. Su capacidad para plantear temas, quizás, tópicos, y, de alguna manera, subvertirlos acudiendo al lugar común.

El hecho es que, con todos estos mimbres, el espectador que se siente en la butaca (de su salón) reirá, pasará un buen rato como si fuera un suspiro a pesar de sus dos horas y media en versión original subtitulada (lo que permite apreciar mucho mejor el trabajo de estos actores). Y cuando acabe estará, sin duda, más contento. Tendrá la sensación de haber asistido a una buena noche de teatro.

Tal vez, por eso de que es comedia y por eso de que juega, ¡y cómo!, a la ligereza, el espectador acabe pensando que ha asistido a un divertimento. Muy bien escrito y muy bien hecho, sin duda. Y no a un Chéjov. Sin embargo, no se trata de una ligera y tonta comedia francesa de puertas que se abren y se cierran. Es ahí donde está la grandeza de Coward. Su capacidad para plantear temas, quizás, tópicos, y, de alguna manera, subvertirlos acudiendo al lugar común. 

En este caso, la decadencia física que, más pronto o más tarde a todos nos alcanza y, la vana lucha en la que nos embarcamos para pararla, mientras avanza inexorablemente. En nosotros y en nuestro entorno. Ese entorno, esa familia de afectos y social que da la vida, que son la red de seguridad cuando, como los seres humanos falibles que somos, nos caemos o nos equivocamos y nos hacemos daño o estamos a punto de hacérnoslos.

Esa red que, una vez que nos ha salvado, una vez más, nos da por pensar que no la necesitamos, que no la vamos a necesitar más, que ya hemos aprendido, que somos mayores y nos sabemos cuidar y, cómo niños malcriados, trataremos de desmantelarla, hasta el siguiente tropiezo. Ese tropiezo o resbalón que sin poder remediarlo nos lleva a la risa cuando le sucede a otro y nos duele y atemoriza cuando nos pasa a nosotros. Pues bien, mientras nos caemos o no, riamos, riamos un rato. Pasémoslo inteligentemente bien.