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01/12/2014 07:34 CET | Actualizado 30/01/2015 11:12 CET

Pedro Sánchez suma... enemigos

No queda uno. Todos se han ido. Todos reniegan. Todos lamentan lo ocurrido... y lo peor es que, aunque fueron muchos, ahora no hay uno que reconozca el error de haber formado parte de la conjunción de "enemigos íntimos" que hizo posible el ascenso de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE.

No queda uno. Todos se han ido. Todos reniegan. Todos lamentan lo ocurrido... y lo peor es que, aunque fueron muchos, ahora no hay uno que reconozca el error de haber formado parte de la conjunción de "enemigos íntimos" que hizo posible el ascenso de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE. Ni los que se volcaron en la recogida de avales, ni los que le prestaron sus asesores de cabecera, ni los que le escribieron de su puño y letra el discurso de presentación de la candidatura, ni los que le examinaron en su domicilio particular de los contenidos políticos, ni los que mediaron para que fuera mimado en algunos medios de comunicación, ni muchos de los que le votaron...

Le quedaba Zapatero, pero el ex presidente que un día fue "madinista", tornó luego al "chaconismo", se pasó después con armas y bagaje al "susanismo" y acabó siendo el más entusiasta del "pedrosanchismo", se acaba de caer esta semana también del guindo. Y, aunque cuenta que ya receló de su "ahijado" el día que se le ocurrió decir que suprimiría el Ministerio de Defensa, lo cierto es que ha sido la propuesta para reformar el artículo 135 de la Carta Magna que el ex presidente pactó con el PP con "agosticidad" y alevosía para constitucionalizar el principio de estabilidad presupuestaria y el pago prioritario de la deuda lo que le ha hecho abjurar de su "criatura". En público, eso sí, mantiene la compostura.

En privado, lamenta la enmienda y la humillación pública a la que le ha sometido Sánchez; critica la falta de solidez de a quién aupó hasta la secretaría general y no tiene explicación para sus ocurrencias. A diferencia de otros, el ex presidente no tiene claro si la posición de Sánchez tiene que ver con la necesidad de romper con las decisiones de su Gobierno para ganar puntos ante una militancia que no entendió su sumisión a Bruselas, Merkel y los mercados o con el seguidismo que ha decidido hacer de Podemos. Él sólo supura por la herida de la traición, sin duda, a pesar de que otros de los que él apostató no supuraron ni lo harán nunca. Zapatero además vuelve por sus fueros: Susana Díaz es la solución del PSOE, lo mejor que le ha pasado a este partido en los últimos años, cuenta.

Nadie cree que la presidenta de la Junta de Andalucía tenga intención de venir a Madrid para recoger los escombros que quedarán del PSOE tras las municipales y autonómicas. Más bien hay coincidencia en que Pedro Sánchez llegará, moribundo pero llegará, a las generales. Y después, se verá quién tomará las riendas de la reconstrucción del partido que más años ha gobernado España en democracia y cuya marca hoy está a años luz de volver a ser alternancia.

Pero si el "zapaterismo" ha roto con Sánchez, hay que recordar que es el último "ismo" que suelta amarras. Antes lo hizo el "chaconismo", a excepción, de momento, de Luis Arroyo, el gurú de la comunicación que la catalana prestó a los actuales inquilinos de Ferraz. Y antes que ninguno de ellos, lo hizo el "bonismo", aunque el "blanquismo" también está que trina por aquello de que el nuevo PSOE ha difundido que le ha perdonado un préstamo de 100.000 euros que se le concedió para su defensa del caso Campeón. No fue un préstamo, sino el pago de los honorarios de sus letrados que decidió personalmente Zapatero asumir como gasto del partido.

Del "susanismo" no hace falta recordar cómo llegan los vientos desde la federación andaluza, donde se mueven entre la perplejidad y el enojo con la senda por la que discurren Sánchez y sus intervenciones públicas. Si Zapatero no supo nada de la reforma que iba a proponer el líder del PSOE del polémico 135 de la CE -le avisó el que fuera su jefe de gabinete, José Enrique Serrano, después de varios intentos baldíos por convencer al secretario general de que no lo hiciera-, menos supo la presidenta de Andalucía, que tuvo conocimiento del propósito por la radio. La distancia entre ambos es sideral, y la incomunicación, más.

Así que en poco más de 100 días, el secretario general del PSOE ha conseguido que todos sus "padrinos" renieguen de él. Pedro suma..., pero enemigos. Y consciente de ello, ha difundido un SOS entre algunos secretarios generales sin demasiado éxito. Bien sabe que la mayoría estará cómo y dónde diga Susana Díaz.

Todo esto ocurría la misma semana que Valeriano Gómez, el que fuera ministro de Trabajo con Zapatero anunciara su salida del Parlamento; de que en el PSM creciera el malestar con Sánchez por su empeño en no desprenderse del lastre en que se ha convertido Tomás Gomez para Madrid y de que Miguel Sebastián -hasta ahora asesor económico de Sánchez- le enmendara la plana con un artículo en "El Mundo" en el que defendía la redacción actual del 135 Constitución y de lo que hizo Zapatero en agosto de 2011.

La lista de detractores empieza a ser inabarcable en un partido en el que los tótem o se van yendo porque no se reconocen en las siglas en las que militan -como es el caso de Alfonso Guerra- o claman contra Sánchez por ganar titulares a su costa -Felipe González y las puertas giratorias-. Otros, sencillamente no quieren ni mencionar al secretario general por aquello de que abrió la espita que siguió Díaz sobre el momento en el que el partido debía expulsar a aquellos militantes que son investigados por la Justicia -Manuel Chaves y José Antonio Griñán-.

Y aunque esto, la ruptura con el Viejo Testamento, parece que no preocupa a la actual dirección, pudiera tener efectos muy dañinos en un partido hoy ayuno de referentes de peso tanto en lo intelectual como en lo político. Claro que a todos ellos, a los que auparon a Sánchez bien les hubiera venido un repaso por Shakespeare para recordar: "No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino". Pedro Sánchez hace tiempo que eligió el suyo, aunque sea éste el que sepulte al PSOE. Pues eso.

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