Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Cada verano, 1.000 abejas reinas vírgenes acuden a un pueblo de Bélgica a aparearse: así se está salvando a la abeja negra europea de la extinción

Cada verano, 1.000 abejas reinas vírgenes acuden a un pueblo de Bélgica a aparearse: así se está salvando a la abeja negra europea de la extinción

Apicultores de varios países llevan sus colmenas a Chimay para preservar la genética de la subespecie autóctona, más resistente al clima y a las enfermedades que las abejas híbridas.

Un panal de abejas.
Un panal de abejas.Getty Images/500px

Cada verano ocurre algo insólito en Chimay, un pequeño pueblo del sur de Bélgica. Hasta allí llegan alrededor de 1.000 abejas reinas vírgenes para realizar su llamado “vuelo nupcial”. Como suena. Y durante unos días, este rincón rural se convierte en un auténtico santuario genético, cuyo objetivo es claro: salvar de la desaparición a la abeja negra europea. La vida se abre camino, ya lo decían en Jurassic Park.

Hablamos concretamente de la Apis mellifera mellifera, la subespecie autóctona del norte y oeste de Europa. Durante miles de años fue la abeja dominante en estas regiones, perfectamente adaptada al frío, la humedad y las floraciones locales. Sin embargo, en el siglo XX empezó su declive debido a la importación masiva de abejas híbridas, seleccionadas para producir más miel, que provocó cruces que diluyeron su genética original. El resultado: poblaciones fragmentadas y en retroceso.

Un “campamento de verano” para reinas

En Chimay, los apicultores reservan plaza como si se tratara de un camping de verano, pero en lugar de ir a la playa, la oferta cultural es otra. Durante dos semanas, las jóvenes reinas permanecen en una zona protegida conocida como la Maison de l’Abeille Noire. Allí realizan su vuelo nupcial y pueden aparearse con hasta 20 machos. El proceso es tan efectivo como brutal: el zángano muere tras la cópula, pero la reina almacena millones de espermatozoides que le servirán durante años para fundar colonias enteras.

Después, los apicultores regresan a sus países, Países Bajos, Francia, Alemania, con pequeñas colmenas de colores donde transportan a sus reinas fecundadas. Es una especie de peregrinación anual, que comenzó en el año 2000 y que ha ido creciendo con el tiempo.

Detrás de este movimiento está el trabajo de Hubert Guerriat, biólogo y apicultor belga que lleva cuatro décadas defendiendo la abeja negra. Su organización, Mellifica, coordina a criadores de toda Europa y ha impulsado la creación de una amplia zona protegida de más de 30.000 hectáreas donde solo se permite criar esta subespecie.

Menos miel, pero más resistencia

A primera vista, podría parecer un mal negocio. Las abejas híbridas ponen más huevos, generan colonias más grandes y producen más miel. Pero también requieren más alimentación artificial en invierno y son más vulnerables a enfermedades y cambios bruscos de clima.

La abeja negra funciona distinto. La reina pone menos huevos, las colonias son más pequeñas y el consumo de recursos es menor. Eso la hace más resistente en inviernos duros o veranos lluviosos. De hecho, tras un 2024 especialmente complicado para la apicultura europea, varios criadores señalaron que las pérdidas fueron menores en colmenas de abeja negra que en las híbridas.

En un contexto de cambio climático, esta capacidad de adaptación se ha convertido en un argumento de peso. La abeja negra soporta mejor el frío, la humedad e incluso periodos prolongados sin floración. Algunos estudios apuntan además a que las poblaciones locales pueden ser más resistentes frente a enfermedades y parásitos que las importadas.

Biodiversidad frente a producción intensiva

El debate va más allá de la miel. La abeja doméstica occidental es uno de los polinizadores más importantes del planeta, pero su manejo intensivo también ha generado controversia. En algunas zonas, la proliferación de colmenas comerciales puede competir con polinizadores silvestres.

Los defensores de la abeja negra sostienen que apostar por la subespecie local es una forma de hacer apicultura más sostenible. No se trata solo de conservar una abeja, sino de proteger un engranaje ecológico completo. “La naturaleza es como un reloj de precisión”, repiten los impulsores del proyecto: no se pueden intercambiar piezas sin alterar el equilibrio.

En paralelo, también se están restaurando poblaciones silvestres en bosques europeos mediante la instalación de colmenas-tronco que imitan cavidades naturales en árboles, el hábitat original de estas abejas antes de la tala masiva de grandes ejemplares.

Un símbolo en tiempos difíciles

En los últimos años, las muertes masivas de abejas han alcanzado cifras récord en algunos países, con pérdidas de hasta el 60% de colonias en Estados Unidos. Parásitos, pesticidas, especies invasoras y el cambio climático forman una tormenta perfecta.

En ese escenario, la abeja negra europea se ha convertido en un símbolo de resiliencia. Cada verano, esas 1.000 reinas que vuelan sobre Chimay representan algo más que un ciclo biológico: son una apuesta por la biodiversidad local frente a la uniformidad genética.

Quizá no produzcan la mayor cantidad de miel del mercado. Pero pueden ser la clave para que las abejas europeas tengan futuro. Permanecer. Ser. Seguir.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

Sobre qué temas escribo

Convivo con personajes tan dispares como Donald Trump, Gabriel Rufián o cualquiera que sea noticia. Intento estar a todo lo que sale, desde los temas más actuales hasta otros más atemporales.

 

Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

Sociedad, cultura, política, economía... Cualquier tema es bienvenido para dar un enfoque nuevo a temas de actualidad, que afectan a todos

 

Mi trayectoria

Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

Cómo contactar conmigo: