Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Europa tiene influencia en la guerra contra Irán: cómo puede usarla y qué puede lograr

Europa tiene influencia en la guerra contra Irán: cómo puede usarla y qué puede lograr

Los países del viejo continente no pueden permitirse el lujo de quedarse al margen cuando la crisis en Oriente Medio amenaza su estabilidad y retuerce sus valores. Ya ha demostrado que, unida y presionando, puede salirse del seguidismo a Trump. 

Foto de familia de los líderes de los Veintisiete y de las instituciones comunitarias antes del Consejo Europeo del 19 de marzo de 2026, en Bruselas (Bélgica).
Foto de familia de los líderes de los Veintisiete y de las instituciones comunitarias antes del Consejo Europeo del 19 de marzo de 2026, en Bruselas (Bélgica).Thierry Monasse / Getty Images

Europa tiene forzosamente que ser mucho más que un mero espectador en la guerra de Oriente Medio. El continente entero es ya una víctima colateral, porque se enfrenta al aumento de los precios de la energía o los fertilizantes, a la suspensión de las sanciones estadounidenses contra Rusia, a la disminución de las reservas de armas procedentes de Estados Unidos que deberían ir a Ucrania -o a la propia defensa europea- y a la incertidumbre general del contexto, que hunde mercados y limita a los ciudadanos.

Además, de forma crucial, la guerra iniciada por EEUU e Israel contra Irán también está influyendo en el debate sobre el compromiso de Washington con la OTAN, de vital importancia para el viejo continente. La brecha transatlántica se estaba agigantando en este segundo mandato de Donald Trump, entre Groenlandia y aranceles, pero ahora el limitado apoyo europeo a las operaciones estadounidenses ahondan en esa separación. 

Sin embargo, toca recordar las palabras de la cuestionada presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, cuando apostaba por Europa como un actor geopolítico de primer orden. Porque, nos lo creamos o no, lo es. La Unión Europea -y también los socios continentales y Reino Unido-, no pueden permitirse el lujo de permanecer al margen del cambio de modelo, de sistema, de tablero, y tiene que apostar por las reglas que sirvieron para su propia fundación, poner sobre la mesa su capacidad de presión e influencia y hacer cosas, porque hay margen. Si no determinante, sí sensible, dicen los expertos. 

De respeto y de dientes

Hay medidas concretas que Europa puede implementar, pero hay un gesto, quizá etéreo pero determinante, que será el contexto de todo lo que haga (o debiera hacer) después: pedir respeto, soberanía y autonomía y demostrar que pesa, que vale y que puede. 

Como explica Sofía Besch, investigadora sénior del Programa para Europa del Carnegie Endowment for International Peace (el Fondo Carnegie para la Paz Internacional), con sede en Washington, hay que seguir el ejemplo dado en Groenlandia, cuando Trump anunció su deseo de controlar a toda costa esta isla ártica dependiente de Dinamarca. Entonces, se mostró una "unidad y presión creíbles" que cambió la postura de EEUU. Trump hizo un remedo de reunión con la OTAN, dijo que había "acuerdo" y no se ha sabido ni una palabra más. EEUU "pasó rápidamente a otros asuntos". 

Es complicado, asume, y en esta crisis se ha pasado por distintas fases, primero las diversas lecturas de quién tenía la culpa y a quién condenar y, luego, una posición común alineada con el derecho internacional y la paz y el sonoro "esta no es nuestra guerra". "La cuestión ahora es si podrán mantener esa unidad bajo presión y participar en el conflicto en sus propios términos, sin alinearse con una guerra liderada por Estados Unidos. Su credibilidad está en juego, tanto a nivel nacional como internacional", expone la autora en un análisis publicado por su tanque de pensamiento. 

"La cuestión es si Europa podrá mantener la unidad que causó Groenlandia bajo presión y participar en el conflicto en sus propios términos, sin alinearse con una guerra liderada por EEUU"

Mirarse en el espejo de Groenlandia supone, dice, aprender a "resistir" y no dejarse llevar por las amenazas trumpistas. Entonces, hubo un frente unido, se expuso el riesgo que corría la OTAN y se hicieron ver los "instrumentos de represalia" que tenía Europa para responder, como los aranceles o el bazuca comercial, esto es, el instrumento anticoerción de que dispone la UE. "Europa tenía la abrumadora sensación de que las cosas habían cambiado. Washington había cruzado una línea roja. Los europeos se habían mantenido firmes y habían ganado", dice la analista. Enseñó los dientes y le fue bien. 

Propone un espíritu similar, esta vez, cuando Chipre se ha visto alcanzada por proyectiles de Irán, como ha pasado con Turquía, cuando crecen los riesgos de atentados o de crisis migratoria por una nueva guerra, cuando escasea el combustible y sube tremendamente el que se vende, cuando los aviones temen quedar sin fuel y los fertilizantes se disparan de precio. Una inestabilidad general en todo el continente que crece después de que Irán haya atacado barcos en las últimas horas y haya cerrado de nuevo el estrecho, tras anunciar su plena apertura. Un vaivén que, al cierre de esta edición, generaba amenazas cruzadas entre Irán y EEUU. 

Esta es una "guerra de elección" de Trump, por lo que el seguidismo es mal consejo, puede llevar a que la UE acabe salpicada por una animadversión o mala imagen no buscada ni merecida. Besch asume que su intervención debe ser otra, no la que le pide la Casa Blanca, una "realista" porque, por ejemplo, no está en su mano reabrir Ormuz. "Los funcionarios europeos pueden intentar presionar a la Administración Trump haciendo visibles los costos de la escalada ante la opinión pública estadounidense", afirma. 

Por ejemplo, pueden destacar las consecuencias económicas de la guerra en forma de precios de la energía más altos, presión inflacionaria e inestabilidad del mercado y "dejar claras las consecuencias políticas para la credibilidad y el poder de EEUU de una guerra ampliamente condenada". Igualmente, "deberían exponer sus argumentos estratégicos en contra de la guerra: la mayoría de los líderes europeos no creen que atacar a Irán resulte en la destrucción del programa nuclear del país", abunda. Parece un grito al vacío, pero no lo es, con un pasado de aplauso a guerras sobre supuestas armas de destrucción masiva que no lo eran. 

Ursula von der Leyen y Donald Trump estrechan sus manos en la presentación del acuerdo arancelario entre la UE y EEUU
La presidenta de la CE, Ursula von der Leyen y, el de EEUU, Donald Trump estrechan sus manos tras el acuerdo arancelario entre la UE y EEUU, el 28 de julio de 2025, en Turnberry (Reino Unido).Andrew Harnik VÍA GETTY IMAGES

Lo que está en su mano... 

Europa tiene sus límites, empezando por lo militar y siguiendo por lo diplomático, pero sí, tiene bazas a su favor que jugar. Lo primero es esforzarse al máximo en que el alto el fuego duro, indica Julien Barnes-Dacey, director del programa para Oriente Medio y Norte de África del European Council on Foreign Relations (Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, ECFR). Propone un apoyo total que refuerce al mediador, Pakistán, además de una "colaboración estrecha" con los países del Golfo. Irán dijo ayer sábado que estaba estudiando una nueva propuesta hecha por EEUU, de la que no adelantó detalles, pero se desconoce si las dos partes podrán verse de nuevo en breve. 

Europa, dice, no se debe conformar con el silencio temporal de las armas, sino buscar "un acuerdo más amplio que garantice el fin definitivo de la guerra". Para ello, hay que abordar los nudos gordianos, del programa nuclear iraní a la necesidad de Teherán de garantías de seguridad y un verdadero alivio económico a las sanciones internacionales y los daños de los ataques. "Este último será fundamental para evitar que Teherán utilice su control sobre el estrecho de Ormuz para la extracción de ingresos", avisa. 

Apuesta por el despliegue de una misión naval europea o multinacional en el estrecho de Ormuz, porque "ayudará a consolidar los logros inmediatos del alto el fuego y a restablecer la confianza necesaria para el tránsito comercial". Este pasado viernes, en una reunión en París encabezada por Francia y Reino Unido, una docena de países se comprometieron con esa misión, aportando medios "militares". 

De producirse, ese despliegue requerirá de una estrecha coordinación con todos los actores del Golfo, incluido Irán. Todos trabajando juntos es garantía de más comunicación y menos bombas. Como aliciente, plantea que Europa ofrezca un paquete de ayuda económica inmediata a los ayatolás, que alivie a los civiles que han perdido sus casas o necesiten asistencia médica, desde lo humanitario, que es esencial en el alma europea. 

Y también tiene mucho que hacer a la hora de presionar urgentemente a Israel para que ponga fin a su ofensiva en el Líbano y se abstenga de acciones que puedan reavivar el conflicto con Irán. "Las perspectivas de un alto el fuego en el Líbano podrían reforzarse aún más con un mayor apoyo europeo al Gobierno y las fuerzas armadas libanesas -actores internos clave necesarios para desarmar a Hezbolá- y con la voluntad europea de mantener un papel de seguridad en el sur del país", dice Barnes-Dacey. 

Eso, sin contar el acuerdo de asociación entre Bruselas y Tel Aviv, puesto en tela de juicio desde el genocidio en Gaza pero nunca suspendido. La Unión Europea (UE) es el principal socio comercial de Israel, representando más del 34% de sus importaciones y cerca del 29% de sus exportaciones en 2024, sirva el dato. 

Su colega Sofía Besch recuerda, a la par, que EEUU depende de las bases militares y los centros logísticos europeos y la experiencia en defensa contra drones adquirida en la guerra de Ucrania es ahora crucial para protegerse de los ataques iraníes. Así que los europeos pueden "retener el apoyo operativo" que aún proporcionan y "condicionar cualquier cooperación a exigencias claras de moderación", si el conflicto va a más. 

Ya hemos visto, con España como punta de lanza, que se ha vetado el uso de bases o se ha cerrado el espacio aéreo a las naves que participan en la operación Furia Épica para desmarcarse del Despacho Oval y que, tras mucha palabrería, no ha habido consecuencias. La base logística de las operaciones estadounidenses es la que es y necesita a sus aliados, bases aéreas como la de Ramstein, en Alemania, que abastecen de combustible a las aeronaves, transportan municiones y brindan apoyo al mando y control. 

El vicepresidente de EEUU, JD Vance, se toma una cerveza con los soldados norteamericanos de la base aérea de Ramstein (Alemania), el 24 de abril de 2024.
El vicepresidente de EEUU, JD Vance, se toma una cerveza con los soldados norteamericanos de la base aérea de Ramstein (Alemania), el 24 de abril de 2024.Kenny Holston / The New York Times Pool / Getty Images

También de Europa puede depender que un aspirante a Estado miembro como Ucrania ceda o venda su experiencia en el uso de drones, que ha posicionado a Kiev como un actor clave en la lucha contra los UAV iraníes Shahed, de bajo costo, usados por Rusia en su invasión. "Si bien esto puede no ser decisivo, representa una ventaja estratégica. La incógnita reside en si Europa la utilizará", añaden al debate Liana Fix y Leo Bader, de The Council on Foreign Relations (el Consejo de Relaciones Exteriores, CFR). Los Veitisiete deben, diceb, "instar a la reimposición de sanciones a Rusia" y "dejar bien claro el apoyo audaz e impúdico de Rusia a Irán".

Los líderes europeos también han mantenido una postura común sobre el estrecho de Ormuz, negándose a asumir un papel en la seguridad de las rutas marítimas mientras dure el conflicto. Pero es que ya se prepara una siguiente fase: liderados por Francia y Reino Unido, decenas de Gobiernos europeos trabajan para formar una coalición que podría reabrir el estrecho una vez que disminuyan las hostilidades. 

Bader y Fox añaden que, además, "una contribución constructiva y claramente definida al desminado demostraría un continuo reparto de la carga con EEUU sin arrastrar al continente a un conflicto de mayor envergadura".

Al ejercer su influencia, "Europa no debería dejarse intimidar por las amenazas de Trump", que hasta a amenazado con irse de la OTAN. "No estuvo ahí para nosotros y no lo estará en el futuro", se ha quejado, tras llamarla "tigre de papel" y "callejón sin salida". Pero ¿pueden los europeos pasar por alto la amenaza que eso supone? 

Está claro que Washington mantiene la ventaja en cualquier enfrentamiento con Europa, dado su papel crucial en la OTAN y su apoyo a Ucrania, pero también tiene que perder: retirar un gran número de tropas de este lado del océano, como también ha planteado, "supone un desafío burocrático y una tarea ardua para el aparato de defensa estadounidense, que se encuentra distraído y debilitado". Además, no cuenta con el apoyo del Congreso, lo que le generaría un bloqueo institucional (además de una intensa pelea partidista), ni con el de los ciudadanos: el 70% entiende la pertenencia a la Alianza Atlántica como buena o muy buena para EEUU (son datos de una encuesta de AP-NORC de febrero). Y, si se va, perderá la influencia de la amenaza, además. 

Hay un problema a la hora de ponerse firme, y es que hay ya un enorme cansancio ante las idas y venidas de Trump y una incertidumbre total ante su reacción por cada cosa. Los caminos son humillarse a darle la razón, como hace el secretario general de la OTAN, Mark Rute o, como se dice popularmente, poner pie en pared ante un presidente errático que no se rige por un claro sentido del interés nacional estadounidense y, menos, de sus aliados de siempre. 

"Los europeos jamás podrán confiar en el compromiso de esta administración con la OTAN, y las constantes amenazas socavan cualquier sentimiento de solidaridad dentro de la alianza. Sin embargo, EEUU depende de Europa incluso mientras la presiona, y abandonar la alianza sería más difícil de lo que algunos pensaban inicialmente. Esta interdependencia no elimina el riesgo, pero sí le da a Europa cierto margen de maniobra", sostiene la autora.

"EEUU depende de Europa incluso mientras la presiona"

Cada país europeo tiene un presente y un pasado, una política exterior y unos intereses, unos socios comerciales y unos adversarios, una postura que tomar ante esta guerra, en fin, pero hay que buscar el mínimo común para consolidar una postura fuerte, al menos de puertas para afuera, hasta que cuajen compromisos mayores. Eso enerva a Trump, pero también lo paraliza. "Hasta ahora todo bien: la guerra ya ha llevado a un acercamiento entre el Reino Unido del Brexit y la UE", expone.

Como lecciones a más largo plazo, los investigadores Luigi Scazzieri y Giuseppe Spatafora, del European Union Institute for Security Studies (Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, EUISS), creen que los europeos han de plantearse cambios troncales, desde reducir su "exposición a la volatilidad" de EEUU a evitar cuellos de botella industriales y energéticos que agigantan el problema cuando vienen mal dadas, pasando por el establecimiento de unas reservas defensivas que no la pongan en jaque cuando hay un desvío de material bélico durante una guerra.

Defienden "redoblar la inversión en sus propios sistemas para reducir su dependencia del suministro externo en áreas clave de capacidad", hacer "compras coordinadas que contribuirían a reducir los conflictos y a consolidar la demanda, disminuyendo así los costes" y "colaborar más estrechamente con Ucrania". Y, como obviamente hay contratos y compromisos en marcha que nos ligan a los productores de defensa de EEUU, plantean "incentivar a las empresas estadounidenses a establecer líneas de producción en territorio europeo". "Anclar una mayor producción, mantenimiento y soporte en Europa ayudaría a los europeos a protegerse contra las interrupciones en el suministro al comprar a EEUU", concluyen. 

Un gran anuncio publicitario clama por el control del estrecho de Ormuz por parte de irán, en la plaza Vanak de Teherán, el 12 de abril de 2026.
Un gran anuncio publicitario clama por el control del estrecho de Ormuz por parte de irán, en la plaza Vanak de Teherán, el 12 de abril de 2026.Fatemeh Bahrami / Anadolu via Getty Images

... y lo que está en juego

El mundo mira. Y toma nota. Y Europa no puede decir y no hacer. Cuando se generó la crisis de Groenlandia, los funcionarios europeos trazaron una línea roja infranqueable: la integridad territorial. En Irán, deben demostrar que su compromiso con el derecho internacional trasciende las fronteras europeas o perderán esa legitimidad y la confianza que genera en otros actores internacionales (porque el mundo no se acaba en USA). Los precedentes, asumen los expertos, no son los mejores: Trump se llevó a Nicolás Maduro de Venezuela, tras meses atacando barcos supuestamente de narcos, generando más de 160 muertos, y la reacción europea fue prácticamente nula.

Juntos, EEUU y Europa han instado repetidamente a otros a condenar las guerras ilegales y a defender las normas internacionales, por ejemplo, movilizando a la Asamblea General de la ONU en defensa de Ucrania, pero se ve que hay otros conflictos que no movilizan igual. "El silencio indicaría que Europa ha abandonado el sistema actual justo cuando se pone a prueba. Esto dañaría gravemente su credibilidad en el escenario global. Muchos líderes europeos ya han condenado la guerra como ilegal ; ahora deben pronunciarse urgentemente contra la amenaza de Trump de cometer crímenes de guerra en Irán y emplear toda la influencia a su alcance para detenerlo", enfatiza Sofía Besch.

"El silencio indicaría que Europa ha abandonado el sistema actual justo cuando se pone a prueba. Esto dañaría gravemente su credibilidad en el escenario global"

También están los votantes europeos, esos que llenan las calles en Bruselas, Roma o Madrid contra la guerra. ¿Asumirán que sus representantes se queden de brazos cruzados? "Los líderes europeos deben distanciarse del aventurismo militar estadounidense ante la opinión pública si desean mantener el apoyo a los esfuerzos de defensa de Europa", porque a los ciudadanos se les han pedido esfuerzos excepcionales en la materia en base a principios limpios, sólidos, como la paz en Ucrania, la seguridad comunitaria, la defensa de valores frente a matones como Vladimir Putin. "Resulta más difícil de sostener si el rearme se vincula a conflictos que la opinión pública considera innecesarios o desestabilizadores", dice el informe.

La retirada de ese colchón popular no debe llegar en el peor momento, cuando el Pentágono está considerando desviar equipo militar destinado a Ucrania a la guerra contra Irán, incluso cuando Kiev enfrenta una grave escasez de sistemas críticos como los sistemas de defensa aérea Patriot. No le importa. Europa debe encontrar los fondos para cubrir esas carencias. 

Friedrich Merz, Keir Starmer, Volodimir Zelenski y Emmanuel Macron, en el número 10 de Downing Street, en Londres, el 8 de diciembre de 2025.
Friedrich Merz, Keir Starmer, Volodimir Zelenski y Emmanuel Macron, en el número 10 de Downing Street, en Londres, el 8 de diciembre de 2025.Toby Melville - WPA / Getty Images

Las fuerzas armadas europeas eventualmente tendrán que intervenir en el Estrecho de Ormuz. Una vez que cesen los combates, deberán contribuir a los esfuerzos por la libertad de navegación para proteger sus propios intereses marítimos. "Pero deben separar cuidadosamente sus propias prioridades y objetivos de defensa de los de la administración estadounidense, tanto en el fondo como en la percepción. De lo contrario, corren el riesgo de perder el apoyo público del que, en última instancia, depende su rearme". También salta el peligro de que, por ese enfado público, terminen creciendo grupos más nacionalistas, antieuropeos o antisistema, que busquen un mayor beneficio propio frente al conjunto. El unilateralismo, que es lo que tanto le gusta a líderes del corte de Trump y Putin. 

Y no hay que perder de vista las propias élites políticas estadounidenses. Este presidente pasará. Puede que le suceda otro MAGA, pero los países siempre ganan a los individuos. No hay que menospreciar la capacidad de influir en los alrededores para que las cosas cambien. Y, ahí, volvemos al inicio: las amenazas de aranceles y las insinuaciones de retirar las garantías de seguridad estadounidenses les granjearon a los europeos hace nada de meses un beneficio mayor que cualquier compromiso de gasto en la defensa común, como exigía Washington. Demócratas y republicanos tomarán nota y sabrán a qué atenerse.

Habrá que ver cuán resentida queda a confianza y el respeto mutuos tras esta crisis y si, pasado el tiempo, hay dirigentes a los dos lados del Atlántico dispuestos a recuperar una relación que fue crucial para ambos en los últimos 80 años. Toca poner al día la imagen de Europa, sus condiciones y sus principios, para lo que tenga que venir y para ahora, sabiendo que esta administración, por ahora, busca la transacionalidad por encima de todo. 

"La cuestión no es si Europa se involucra, sino cómo. Si se mantiene unida, utiliza su influencia y actúa según sus propios términos, puede intentar influir en el curso del conflicto, manteniendo la credibilidad ante sus socios internacionales y conservando el apoyo interno. Si se muestra indecisa, cede o se fractura, no solo reforzará la errónea interpretación de Washington, sino que también erosionará su credibilidad en el escenario global y debilitará el frágil consenso interno que respalda los esfuerzos de defensa europeos", concluye Besch.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos