"Todo estará en la nube: si nos matan, tendréis vuestro trabajo": Los programadores de Gaza cierran contratos con una garantía especial a sus clientes
Trabajadores admiten, desde la Franja, que poder tener un oficio, especialmente con el ordenador es una suerte de "salvavidas digital" en una zona devastada.
En Gaza, ganarse la vida con un empleo es algo quimérico para una inmensa mayoría de la población que resiste tras dos años de matanza por parte de Israel. Bajo una paz teórica y endeble, pero paz, los trabajos en línea y especialmente con clientes extranjeros con la mejor —a veces, casi única— opción para salir adelante.
Es el caso de Walaa Volidis, una ingeniera de software palestina que ha contado su situación y la de compañeros suyos a la BBC. Para ella, ahora trabajar es "como un impulso; mi principal objetivo cada día es ir a trabajar y terminar mis tareas. Si te detienes o te lamentas por tu situación, no harás nada".
Ella vivió en primera persona los horrores de una guerra en la que perdió a familiares cercanos y caer heridos otros y perder "todo" a nivel de su carrera profesional. De la experiencia admite que salió "muy tocada" a nivel de salud mental, aunque ahora se agarra a sus tareas laborales para no hundirse.
"Hablamos de esto como una especie de salvavidas digital; la idea de que si tienes un portátil y una conexión a internet que funcione, puedes trabajar y obtener ingresos", afirma Nicole Hark, de la organización humanitaria estadounidense Mercy Corps. Para la trabajadora social "es fundamental ayudar a la gente a reincorporarse al mundo laboral. No quieren depender de la ayuda externa".
Esta oenegé es la responsable de que algunos espacios de trabajo —lo que ahora llaman coworking— funcionen en Gaza por medio de generadores y paneles solares, soluciones para un sistema eléctrico destrozado por las bombas.
En uno de estos locales trabaja y resiste Tarik Zaeem, que a sus 44 años viene de ser director de tecnología de una empresa local antes de la guerra. Ahora "empiezo de cero, desde el principio, para iniciar una nueva carrera", admite, reconvertido en programador independiente.
"Cuando trabajo en mi portátil, me olvido de todo. Olvido lo que ha pasado", expone el trabajador, que presume de haber desarrollado una aplicación móvil para gestionar reservas en una barbería y una aplicación de aparcacoches para un cliente saudí.
Tanto Walaa como Tarik se mueven en el día a día con clientes extranjeros. También lo hace Mahran, otro trabajador que no niega ciertos prejuicios con esos mismos 'compradores' de fuera. A ellos le toca explicarles cómo van a desarrollar el trabajo desde la maltrecha Franja de Gaza. A veces, la labor de Mahran es tan técnica como psicológica, ya que le toca 'tranquilizar' a los clientes potenciales sobre la capacidad de su equipo a niveles tecnológicos, de soporte y de garantía de poder, sencillamente, trabajar.
"Cuando conseguimos un trabajo de TI [tecnologías de la información] que requiere de tres a cuatro meses, intentamos decirle al cliente 'tenga la seguridad de que todo estará en línea; si nos cierran el negocio, usted conservará su trabajo'", remata.