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06/06/2013 08:27 CEST | Actualizado 05/08/2013 11:12 CEST

Meneses, la vida de un reportero

Fue un hombre inquieto, encantador, conversador y generoso. Quizá su espíritu libre y su independencia fueron la causa de que su trabajo fuese ignorado por muchos años y valorado sólo al final de su vida, gracias sobre todo a su activa presencia en Internet.

Señor, no puede usted andar así, piropeando a las chicas por la calle. Bajaban por Martínez Campos, al volante Juan Carlos, a su derecha, el chófer, en el asiento de atrás, el marqués de Mondejar y Enrique Meneses. Cuando llegaron al semáforo de la Avenida del Generalísimo (hoy la Castellana), se detuvieron junto a un coche conducido por una chica "monísima", según Meneses. Juan Carlos bajó el cristal de la ventanilla y chistó varias veces, pero la joven no se volvió. Fue entonces cuando Mondejar reprendió al futuro rey de España, que lejos de amedrentarse -"¿Pero cómo que no? ¡Si está estupenda, está como un tren!"- se metió dos dedos en la boca y emitió un sonoro silbido. El marqués brincó en su asiento, Meneses rió divertido y la chica arrancó como si nada. Era 1958, Juan Carlos tenía 20 años y a Meneses, que no había cumplido 29, le acababan de expulsar de Cuba después de realizar el reportaje de su vida. La exclusiva de los barbudos revolucionarios que al mando de Fidel Castro luchaban contra Batista en Sierra Maestra. Así era Enrique, un periodista todo terreno que durante muchos años, probablemente los más oscuros del periodismo español que languidecía en plena dictadura, supo estar donde pasaron las cosas. En Egipto durante la primera guerra de Suez, en la Sierra Maestra o en los Estados Unidos de Kennedy, Martin Luther King, la lucha por los derechos civiles y la Guerra Fría. Pero también en el glamour de Hollywood o de las casas reales europeas o en la inauguración de un Club Playboy en Nueva York o retratando a Cassius Clay recitando poemas en un bar de Manhattan.

Meneses fue un hombre inquieto, encantador, conversador y generoso. Quizá su espíritu libre y su independencia fueron la causa de que su trabajo fuese ignorado por muchos años y valorado sólo al final de su vida, gracias sobre todo a su activa presencia en Internet. Desde su blog animó a toda una joven generación a disfrutar del oficio del periodismo con la misma pasión que él lo hizo y acabó convirtiendo su casa en una especie de redacción abierta desde la que se podían emitir programas de radio o proyectar canales de televisión. Enrique devoró la vida, en lo personal y en lo profesional. Nos contó sus historias en algunos libros, pero sobre todo en su autobiografía Hasta aquí hemos llegado. Para mi ha sido un privilegio poder trabajar junto a él, poco antes de su muerte, en un libro que reivindica su excelente mirada fotográfica: Meneses, la vida de un reportero, editado por La Fábrica con la colaboración de idealista.com.

Meneses, la vida de un reportero se presenta mañana día 7 a las 20 horas en La Fábrica, calle Alameda, 9 de Madrid.

(Fotos: Enrique Meneses)