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23/09/2012 10:08 CEST | Actualizado 22/11/2012 11:12 CET

El Islam y el condensador de fluzo

Creo que Charb reivindica en cierto modo el derecho a molestar, porque las viñetas de Mahoma molestan a mucha más gente de a la que hacen reír, y lo reivindica a un coste personal muy alto, por lo que cabe alabar su valentía.

En las últimas semanas la actualidad nos ha regalado varias noticias que hacen casi imposible no referirse a los límites de la libertad de expresión. Me refiero al topless de Kate Middleton, a la condena de Jiménez Losantos por parte del Tribunal Supremo y la publicación de viñetas de Mahoma por parte del semanario francés Charlie Hebdo. Es este último asunto el que me parece más interesante y es también el más controvertido como suele ocurrir.

Stéphane Charbonnier, Charb para los amigos, vive bajo escolta policial desde hace casi un año, cuando la redacción de la revista fue brutalmente incendiada por radicales islámicos. En el artículo de El País que he referido arriba, me da la impresión de que Charb es un tipo simpático y nada racista. Despide al reportero bromeando sobre el hecho de que mientras le estén protegiendo, los policías no van a poder dedicarse a expulsar gitanos. No hay duda de que no hay motivación racial, algo que se puede quizás argumentar del vídeo que posiblemente le haya costado la vida al embajador estadounidense en Libia. Tampoco creo que la motivación de Charb sea vender muchas revistas, aunque es probable que a diferencia de la semana media el Charlie Hebdo logre en ésta una buena caja gracias a la polémica. Creo que Charb reivindica en cierto modo el derecho a molestar, porque las viñetas de Mahoma molestan a mucha más gente de a la que hacen reír, y lo reivindica a un coste personal muy alto, por lo que cabe alabar su valentía.

¿Es sin embargo necesario publicar caricaturas de Mahoma? En países como Dinamarca, Francia o el nuestro nadie cuestiona que el derecho a hacerlo exista y de hecho ya se ha hecho antes y varias veces. Los que han criticado a Charbonnier se limitan a cuestionar la oportunidad de hacerlo puesto que pone en peligro la vida no ya de Charb sino de bastantes otros franceses en el extranjero. Además en Francia hay más de un 7% de musulmanes y más de un 18% de la población que los odian, ya que votaron a Marine Le Pen en las últimas presidenciales, por lo que las caricaturas tampoco ayudan en nada en lo doméstico. En España, al ir la derecha coaligada con la ultraderecha no es tan fácil precisar el porcentaje de ciudadanos islamófobos, pero no creo que andemos lejos. Y es una pena, yo soy medio andaluz y el Islam forma parte de nuestra identidad mal que nos pese. Conocemos poco y mal esta parte de nuestra herencia y la visión que tenemos del Islam es en general estereotipada. El quinto pilar del Islam -el Hajj- me resulta interesante: propone a los fieles que puedan permitírselo realizar un largo viaje. Como bloguero he hecho a menudo algo parecido, pero claro, no soy profeta así que Dios me libre de decirle a nadie a dónde ir: que cada cual lo decida por su cuenta.

Tengo amigos musulmanes, tanto en Mauricio como fuera de Mauricio, y respeto el Islam pese a que crea que en relación a los derechos de las mujeres les haga falta hacer una revolución o varias. Deberán ser sin embargo los propios musulmanes los que la hagan. Lo mismo creo en relación a las viñetas, hay caricaturistas en el mundo musulmán tanto o más valientes que Charb que parecen encontrar otros temas más relevantes para hacer su sátira. No creo además que la libertad de expresión en Europa esté seriamente amenazada, al contrario, medios como El Huffington Post permiten cada vez más a gente del más diverso pelaje expresarse como mejor les parezca, y sirva este post como ejemplo. Eso sí, hay límites. Nuestro Tribunal Superior ha recordado recientemente que el derecho al honor es uno de ellos. Hasta hace poco la institución de la Corona era también uno de nuestros límites, pero en eso creo que hemos cambiado a mejor.

En Mauricio la libertad de prensa está muy viva, pero las caricaturas aquí serían impensables como expliqué en un post anterior. Hace poco, una joven hizo un comentario islamófobo en Facebook y acabó en el cuartelillo, lo que alimentó también aquí un debate sobre los límites de la libertad de expresión. Sus límites son distintos de los nuestros, pero ni en Mauricio ni en España la libertad de prensa está amenazada.

Dicho lo cual, cabe cerrar el artículo con una somera explicación en relación al título. Quizás las viñetas no sean graciosas como a mí me lo pueda resultar el libro de Perich recientemente reeditado. Supongo que en ello influye mi educación católica, y Escrivá de Balaguer me resulta un pelín más cómico que Mahoma. Ahora bien, ofenderse así por unas viñetas denota un serio problema, de falta de sentido del humor o del ridículo. A menudo lo uno y lo otro van mano a mano. Hay que saber encajar, si no acaba uno siendo como Marty McFly, el protagonista de Regreso al futuro que jamás de los jamases consentía que le llamaran, vaya uno a saber por qué, gallina (chicken en VO). Y los de mi quinta que hayan visto la película unas doce veces ya saben de lo que les hablo.

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