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11/08/2012 10:01 CEST | Actualizado 11/10/2013 11:54 CEST

Dos países sectarios

En Mauricio la religión no parece impregnarlo todo, pero marca la convivencia entre sus habitantes al ser un país multiconfesional. España es en cierto modo un país mucho más sectario que Mauricio.

En la historia corta titulada Camino de Kumasi que puede encontrarse en Ébano, Ryszard Kapuściński relata la intensa experiencia que constituye la espera de un autobús en Accra. Escribe Kapuściński que para los africanos el tiempo es una realidad pasiva y sobre todo, dependiente del hombre. Todo lo contrario de la manera de pensar europea. Si el pasajero es forastero, una vez ocupado su asiento le preguntará al conductor: "¿Cuándo arrancará el autobús?" y éste le contestará, asombrado por la cuestión, "cuando se llene de gente".

El servicio de autobuses en Mauricio es algo más predecible que en Accra, pero la concepción del tiempo de los mauricianos responde a la manera de pensar africana en muchos sentidos. Por ejemplo, los médicos no dan hora, sino que reciben en un horario determinado y el primer paciente en llegar es el primero en ser recibido. Más sorprendente aún, ante la incapacidad de los mauricianos para fijar una cita los profesores de autoescuela se apuestan con sus coches a la salida del cuartelillo de la policía de tráfico en Port Louis y también funcionan por el mismo principio de primero en llegar, primero servido.

En Camino de Kumasi cuenta también Kapuściński que a menudo inscripciones con principios trascendentales como "Dios está en todas partes" o "Dios es misterio" jalonan los mismos autobuses y le sirven de excusa para reflexionar sobre la profunda religiosidad de los africanos. En Mauricio, que sólo es en parte África, la religión no parece impregnarlo todo, pero marca de forma importante la convivencia entre sus habitantes al ser un país multiconfesional. El estado es oficialmente laico, y desde 1972 el censo no recoge datos de afiliación religiosa. Por entonces algo más de la mitad población era hindú, un 30% cristiano, un 16% musulmán y el 3% restante era de origen chino con diferentes afiliaciones (católicos, budistas y confucianos). Para evitar situaciones potencialmente incendiarias, se evita hablar de religión en el contexto público y las provocaciones raciales o religiosas son severamente reprimidas, inclusive con penas de cárcel. El sectarismo en general larvado está sin embargo muy presente en un aspecto importante: las uniones interreligiosas son cuasi inexistentes. Y entre los propios hindúes, un matrimonio entre un tamil y un telugú puede resultar problemático. Desgraciadamente las diferentes comunidades son impermeables en ese sentido y las proporciones del censo de 1972 apenas han debido de cambiar en nada.

Max Weber, autor de La ética protestante y el espíritu del capitalismo y considerado de forma casi unánime como el padre de la sociología definía una secta como una agrupación de creyentes comparativamente más pequeña y menos organizada que una iglesia establecida. En mi opinión, la diferencia entre sectas y religiones establecidas radica exclusivamente en el éxito de las segundas respecto a las primeras.

Pese a que entre nosotros la problemática de las distintas comunidades religiosas apenas existe, España es en cierto modo un país mucho más sectario que Mauricio. No lo somos por razones demográficas. Nosotros lo somos por vocación y hasta extremos casi inimaginables para los mauricianos. Al igual que en otros países de nuestro entorno, los periódicos españoles tienen en general una línea editorial afín a la tribu que los lee. Más sorprendente resulta sin embargo el hecho de que en España clubes de fútbol, empresas constructoras, cajas de ahorros, universidades y escuelas de negocios, asociaciones de consumidores, cadenas de supermercados y hasta algún que otro restaurante tengan una marcada adscripción ideológica. Hasta hace muy poco la televisión pública no escapaba evidentemente a la norma, pero a Alfredo Urdaci "ce ce o o" se le fue tanto la mano que a la Audiencia Nacional no le quedó más remedio que intervenir.

De haber dejado el zapaterismo algún legado de cierto valor, este podría sucintamente resumirse en ciertos avances en derechos civiles y una televisión pública presentable. La purga de TVE y la defensa de Gallardón de los derechos de los fetos con deformidades a costa de los derechos de las mujeres dejan presagiar que a dicho legado le quedan dos telediarios.