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03/02/2015 07:04 CET | Actualizado 04/04/2015 11:12 CEST

Patatas "a la Bosal" o 'los lunes al sol'

Los 222 trabajadores despedidos de Bosal, en Sagunto, viven como un perpetuo 'lunes al sol', arrastrados por las aguas implacables de la empresa hasta la temida orilla del paro. Se suman a los casi cuatro millones y medio de parados, que se pierden en el bosque de la fría estadística.

Todos los 2 de noviembre, las olas arrastran hasta la orilla el recuerdo de los que se fueron en forma de flor. Son flores lanzadas al agua en memoria de los que ya no están; flores rotas por el hipnótico vaivén del mar, flores muertas, tallos sin espinas y sin hojas, pétalos arrancados y sin olor que las olas han ido depositando sobre la arena formando un rosario de recuerdos sin memoria, anónimos y sin sentido. Como esas flores que siguen al día de difuntos, los 222 trabajadores despedidos de Bosal, en Sagunto, viven su particular 2 de noviembre como un perpetuo 'lunes al sol', arrastrados por las aguas implacables de la empresa hasta la temida orilla del paro. Se suman a los casi cuatro millones y medio de parados; tantos, que se pierden en el bosque de la fría estadística, del mismo modo que un puñado más de granos entre la infinitud que componen la arena del desempleo.

'Los lunes al sol' son como los martes de un crudo invierno a la sombra, fríos y solitarios. No hay miércoles tampoco sin frío y soledad, ni jueves, ni domingos, porque cuando te empujan a la nada sin excusas y sobrados de arrogancia, la soledad y el desamparo se sienten como un frío puñal clavado en la espalda justo en el centro de la dignidad. Y lo peor no es la traición, lo peor es que estamos ya tan habituados que lo vivimos con esa apática resignación cincelada a golpe de inercia y de costumbre. Pero ni todas las orillas son iguales, ni todas las flores tienen por qué perder su aroma cuando hay razones que excusan lanzarlas al mar. Y es que al trabajador le pasa con su empresa lo mismo que a las parejas de novios: comprende que, cuando las cosas no funcionan y el amor se acaba, todo concluye, pero cuando es sólo a él a quien le va mal, por más que haga y ponga de su parte, termina por sentirse engañado y manipulado, y es cuando descubre el rostro miserable, calculador y malo de la otra parte.

Algo parecido sucede con Bosal, una multinacional dedicada a la fabricación de componentes para automóvil (tubos de escape), una de cuyas plantas, la nº 47, radica en Puerto de Sagunto. Llegó al calor de las subvenciones y del dinero fácil y, como tantas otras empresas, se ha beneficiado de todo tipo de exenciones fiscales y ayudas. Sin embargo, ha decidido echar el cierre sin dar más explicaciones y de una manera tan obscena que ni tan siquiera ha permitido a los trabajadores retirar sus pertenencias.

La crónica del cierre no deja de ser el diario de tantas otras, una vulgaridad por cuanto es la práctica habitual de empresas sin escrúpulos, que vienen y se van al calor de legislaciones ventajosas con el único propósito del dinero asegurado.

De este modo, y cubierto su objetivo, en los últimos años han dejado morir la planta de Sagunto. Una empresa con beneficios, arrastrada a la ruina sibilinamente por la dirección hasta su cierre. Una muerte inducida por intereses espurios y asistida por una legislación injusta. Primero, desviando la producción a la planta filial de Zaragoza; después, descapitalizando la de Sagunto, vendiendo o trasladando toda la maquinaria, salvo la obsoleta o inservible. Y en ese tiempo, aprovechando las ventajas que le ofrece la reforma laboral auspiciada por el Gobierno, despidiendo trabajadores mal indemnizados y utilizando los ERE como mecanismo de regulación del gasto. Por último, ha dejado de pagar a proveedores, acumulando un deuda de tres millones de euros que le abren la puerta al cierre a través del concurso de acreedores. Tres millones de euros. Tres millones para una multinacional asentada en medio mundo. Tres millones de euros, 222 despidos. 222 trabajadores. 222 vidas. 222 historias. 222 personas con sus vidas y sus historias.

Bosal bien podría haberse llamado 'Bosar', porque eso es lo que hace la dirección con sus trabajadores: bosarles encima, vomitarles todo su desprecio con prisa y con miseria, sin ningún tipo de aprecio ni agradecimiento. El negro corazón del ángel sobre las esperanzas caídas de sus trabajadores.

Es lo que hay. Menos mal que "ya se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo". Y debe ser así, sobre todo cuando se es ministro y se viene de la Lehman Brothers de hundir el mundo; sobre todo, cuando más que empleado se es fichaje; sobre todo, cuando la impoluta moqueta es la frontera infinita e impermeable entre sus zapatos y la sucia realidad del suelo que pisan los trabajadores, ése manchado de sudor y grasa sobre el que ven pasar la vida mal pagados; esos que jamás serán "fichaje estrella", sino estrella fugaz, vana y prescindible por exigencias de un guión escrito tan sólo para ganar dinero y donde el trabajador no es sino un coste laboral más, jamás objeto del beneficio y blanco preferido para ahorrar gastos y ampliar los márgenes. Un guión donde beneficio se escribe con 'B' mayúscula y despido, por correo y con desprecio. Porque es esa asepsia humillante y ofensiva la que hace aún más triste las tristes historias. Nada personal, tan sólo son negocios.

Qué hipócritas, con sus brotes verdes, con su final de crisis ¿Para quién? Porque está claro que para los trabajadores de Bosal y el futuro industrial de toda una comarca, no. Al trabajador se le ha condenado a vivir en estado de excepción permanente: desamparado y definitivamente al margen de leyes que lo protejan con dignidad. El único color verde que conoce no es el de los brotes que deberían alfombrar su futuro, protegidos por la ley, sino el de la hiel que tragan diariamente para soportar el deprecio de empresas sin escrúpulos y el de las camisetas que simbolizan su protesta. Es lamentable, pero está claro que sólo puede intuirse luz al final del negro túnel del desempleo encabezando manifestaciones, plantando cara en los juzgados y apostándose allá donde sea necesario. A ese futuro nos tienen condenados cuando nos roban el presente con tanto descaro. Pues habrá que armarse de paciencia e ir por ellos. Ánimo, que no estáis solos; todos vamos en el mismo barco.

En homenaje a todos los trabajadores que se ven en esta situación, esta receta, para que 'los lunes al sol' sólo sirvan para calentarse y disfrutar; para que 'los lunes al sol' no sean para el trabajador lo más crudo del crudo invierno, sino una frase hecha; para que 'los lunes al sol' sean por fin el destierro de aquellos que con tanto descaro nos lo ofrecen como hogar y legislan para ello: Patatas "a la Bosal",las patatas luchadoras; la mezcla perfecta entre esa joya de polvo y tierra que es la patata, la sutil suavidad de las setas y la salina finura del langostino. Tierra y mar en armonía compartiendo espacio en el mismo bocado para sorprender a los paladares más pesimistas. Un arma arrojadiza de sabor inigualable al centro del paladar.

Ánimo. Que la disfrutes y que se les atragante.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 500gr de patatas
  • 200gr de langostinos
  • 250gr de setas variadas.
  • 1 diente de ajo
  • Un ramito de perejil fresco
  • 1 cucharada de almendra molida
  • Sal y pimienta
  • Una puntita de pimentón
  • 150ml de aceite de oliva virgen extra
  • Escamas de sal
  • Unas ramitas de cebollino fresco

ELABORACIÓN

  1. Pela y lava las patatas y ponlas a cocer en una olla con agua hirviendo y sal. Cuando ya estén cocidas, retiralas y machácalas con un tenedor, pero sin que llegue a tener la consistencia de un puré. Salpimienta.
  2. Lava los langostinos, pélalos y sofríe las cabezas en 4 cucharadas de aceite. Cuando veas que están tostadas, cháfalas con el tenedor para que libere sus jugos. Retira las cabezas, añádele una puntita de pimentón, remueve bien y cuela. Ya tienes un aceite de langostino. Reserva.
  3. Pica el ajo muy fino. Lava el perejil y pícalo también. Introdúcelos en el vaso batidor junto a la cucharadita de almendra molida, un poco de sal y pimienta y el resto del aceite y bate. Ya tienes una picada de ajo y perejil. Reserva.
  4. En una sartén con una cucharada de aceite saltea las setas. Cuando se haya evaporado el agua de la cocción, rectifica de sal y añade 3 cucharadas de la picada, removiendo bien. Incorpora la patata machacada y mezcla bien para que queden los sabores bien conjuntados.
  5. Con dos cucharas forma pequeñas croquetas o quenelles y hornea a fuego medio durante 5' aproximadamente.
  6. Saltea las colas de langostino en una sartén con un poco de aceite.
  7. Emplatado: Sobre la quenelle coloca una cola de langostino, rocía con un hilillo de aceite de marisco, añade unas escamas de sal y decora con unas ramitas de cebollino.
Espectacular, aparente, fácil, económico y riquísimo. A disfrutar.

NOTA

Puedes prescindir de la almendra en tu picada de ajo y perejil, aunque particularmente me gusta la densidad que le aporta. Te sobrará. Queda perfecta en multitud de elaboraciones, sea verduras, carnes o pescados.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: Sol y sombra, The Cat Empire

Para la degustación:Camas vacías, María Jiménez y Sabina

VINO RECOMENDADO

Castillo de Liria, Rosado. D.O. Valencia

DÓNDE COMER

A pie de manifestación, a pie de magistratura, a pie de fábrica, a pie...y siempre rodeado de quienes, como tú, se ven arrastrados por la misma injusticia y por quienes te arropan.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

No hay problema, un bocado tan ligero y exquisito no puede aportar nada extra más allá de un recuerdo tan agradable que nos impulse locamente a comernos otro. En ese caso, las prisas por alcanzarlo serán suficiente penitencia para compensarlo.

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