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10/11/2012 10:06 CET | Actualizado 09/01/2013 11:12 CET

Las dos "caixas" de la moneda

¿No sería más coherente y razonable mantener esos mismos principios solidarios a la hora de hacer banca? ¿De qué sirve ofrecer un 'alquiler solidario' a rentas bajas si se producen de media más de 500 embargos al día, resultado de políticas ilegítimas de bancos y cajas?

Seguramente no haya sido el único en planteármelo, pero hay una pregunta que me vino a la cabeza mientras admiraba una exposición sobre arquitectura vertical en el Caixa Fórum de Madrid. ¿Cómo puede diferir tanto la Obra Social y Cultural de La Caixa de su política bancaria?

Me llama poderosamente la atención cómo una caja de ahorros, que ha sido igual de culpable que el resto de entidades bancarias de la crisis financiera, sea un referente en Obra Social y Cultural. Inexplicablemente, son las dos caras de la misma moneda.

Por un lado, tenemos una entidad que, recordemos, fue uno de los principales inversores de Fadesa, inmobiliaria protagonista de uno de los mayores concursos de acreedores -que superó- en nuestro país. A la hora de practicar banca, su política se asemeja más a la de una institución privada que la de una caja de ahorros. A principios de año, se vio comprometida por el escándalo de las preferentes, que además de varios juicios, le ha costado la pérdida de confianza de muchos de sus clientes. Pero sobre todo, ha sido también cómplice y partícipe de la abusiva ley hipotecaria española, que con cerca de los 300.000 embargos registrados desde mediados de 2011, ha convertido a bancos y cajas en las mayores agencias inmobiliarias del país.

Por otro lado, la Obra Social de La Caixa dedica cientos de miles de euros a proyectos solidarios: lucha contra la pobreza, integración social, ayudas a emprendedores, etc. Además de su faceta solidaria, ofrece magníficos programas culturales en sus centros. En este tipo de iniciativas tienen todo mi reconocimiento, es más, animo a visitar la exposición 'Torres y Rascacielos' en Caixa Forum de Madrid, de la que son comisarios Robert Dulau y Pascal Mory. Una muestra que repasa más de quinientos años de grandes construcciones: catedrales, torres, minaretes o rascacielos y donde personalmente echo en falta algún que otro ejemplo de arquitectura nacional.

Este dualismo es el que me desconcierta. Cómo una entidad comprometida con el acercamiento de la cultura, con una misión y unos principios solidarios, es al mismo tiempo uno de los verdugos de la economía del país.

¿No sería más coherente y razonable mantener esos mismos principios solidarios a la hora de hacer banca?

¿De qué sirve ofrecer un 'alquiler solidario' a rentas bajas si se producen de media más de 500 embargos al día, resultado de políticas ilegítimas de bancos y cajas?

Es precisamente ahora cuando necesitamos que tanto bancos como cajas sean coherentes, que se elimine la doble moralidad entre la política social y la económica, que la responsabilidad social corporativa no solo sirva para limpiar conciencias, sino que se convierta en algo real, extrapolable a toda la compañía.