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El Dream Team de la Eurocopa

Mientras rueda el balón, probemos a seleccionar a los más grandes de la historia de esta competición. Se podrá objetar que Fulano debería ir antes que Mengano.

Abramos el famoso baúl de los recuerdos. La Eurocopa ya está aquí, y con ella otra montaña de anécdotas y emociones. Mientras rueda el balón, probemos a seleccionar a los más grandes de la historia de esta competición. ¿Qué escoger, qué flor entre flores, dónde está lo más granado?

En un hipotético once europeo de todos los tiempos, la portería estaría defendida por Lev Yashin. Soberbio en la primera edición del campeonato europeo de selecciones, el de Francia 1960, donde contribuyó decisivamente a la victoria final de la URSS, la "araña negra" no tardaría en confirmarse como el mejor guardameta del mundo. Alto y fuerte, con brazos descomunales, y siempre vestido de negro, Yashin era el rey de su arco.

En una defensa de tres, el carril derecho y el centro de la zaga estarían ocupados por Carles Puyol. Potencia indomable. Espíritu irreductible. Concentración máxima para desactivar situaciones peligrosas. Una grave lesión en 2007 le hizo pasar por momentos delicados, pero en la Euro 2008 volvió a lo más alto y se mostró intratable en su contribución a la coronación final de La Roja. Como lateral o como central. Imprescindible.

En el carril izquierdo situaríamos al que muchos consideran el defensa del mundo de los primeros años setenta: Paul Breitner. Rápido, fuerte, hábil, difícil de esquivar, y con un gran olfato de gol, el enfant terrible de la RFA tenía oro en las piernas; de hecho, se sentía tan cómodo con el balón que en las últimas fases de su carrera se convirtió en un centrocampista igualmente impresionante. Breitner tuvo un papel prominente en la conquista de la Eurocopa de 1972.

El puesto de líbero sólo tiene un dueño, Franz Beckenbauer, probablemente el hombre que inventó el "fútbol total" cuando sólo era un adolescente, allá por la época en que, siendo un precoz miembro del Bayern de Múnich, decidió que lo que hacía Facchetti, atacar para el Inter y para Italia desde el lado izquierdo de la zaga, también podía hacerlo él por delante de la retaguardia. Pasaron años antes de que Helmut Schön le permitiera hacer lo mismo por la selección alemana, pero fue en calidad de líbero y capitán como disputó su espléndida Euro 72. En Bélgica demostró por qué le llamaban "el Kaiser": autoritario, dotado de una gran técnica y de una perfecta visión de juego.

Tampoco surgen muchas dudas a la hora de decidir quién debe manejar la brújula. Xavi es el centrocampista ideal, el metrónomo capaz de dirigir magistralmente una orquesta. Es muy sencillo: todos los balones pasan por él. ¿Que el Barça encabeza el marcador? Pues Xavi temporiza el juego conservando el esférico con su técnica irreprochable. ¿Que toca presionar? Pues Xavi acelera el partido y reparte pases de oro entre sus camaradas, apoyándose en su excelente visión de juego. Con La Roja, con la que debutó el 15 de noviembre de 2000, Xavi ganó la Eurocopa de 2008. Y además fue elegido mejor jugador del torneo.

La banda derecha es para Ruud Gullit. Excepcionalmente dotado físicamente, potente, de zancada explosiva, casi imparable en velocidad con el balón en los pies, Gullit empezó jugando en la defensa, más tarde fue centrocampista ofensivo, media punta y a veces incluso delantero puro. Dotado de un disparo potente y preciso y de un excepcional juego aéreo, Ruud representó el prototipo de jugador ofensivo moderno, poliédrico y ecléctico, el jugador a la holandesa, exactamente.

Pocos futbolistas han ofrecido tantas clases magistrales sobre el arte de jugar con el dorsal número 10 como Günter Netzer. En el terreno de juego, este atlético centrocampista de larga melena rubia saltaba rápidamente a la vista, y no sólo por sus fluidos cabellos. Sus galopadas furiosas, con el balón en los pies, el control perfecto, que le convertía en un regateador diabólico, los pases largos y milimétricos, los tiros a balón parado, con sus trayectorias picadas e imprevisibles, convertían a Netzer en un jugador al margen, dotado de una técnica asombrosa. Su momento de gloria con la Nationalmannschaft llegó en 1972, tras convertirse en el protagonista más admirado del triunfo de Alemania Occidental en la Eurocopa de ese año. En esta ocasión fue el auténtico líder del combinado, un equipo tan fuerte que no conocía rivales.

En la punta del rombo de la medular reinaría Michel Platini. Su arte consistía en leer el juego antes que los demás, para determinar su curso. Brillante e inteligente, Platini ordenaba la manada, bajaba a defender, espoleaba a los compañeros, daba el último pase sin necesidad de levantar la cabeza y casi siempre aparecía en posición de rematar la jugada. Armado de una extraordinaria visión de juego y una combatividad a prueba de bomba, sólo vivía para estirar sus límites cada día un poco más. Lo conseguía por medio de un prodigioso talento para la improvisación y para el cambio de ritmo y una gran habilidad para las diagonales largas. El apogeo de su carrera corresponde a 1984, cuando Francia conquistó el cetro europeo. Durante todo el torneo, su habilidad ante la portería contraria (nueve goles esenciales en cinco partidos), su sangre fría y su carisma impresionaron.

Extremo dotado de gran elegancia y técnica, Dragan Dzajic marcó el gol internacional más importante de su carrera en Florencia, el 5 de junio de 1968, ante la Inglaterra campeona del mundo. Una diana que valió una final de Eurocopa, una cita ante Italia que, sin embargo, los yugoslavos acabaron tirando por la ventana. ¿Pero quién era el admirado protagonista del Euro? Simplemente, el jugador más completo del fútbol balcánico. Rápido como Zebec, listo como Kostic, valiente como Milutinovic, capaz de usar las dos piernas como Bobek, hábil en el regate como Vukas. El mejor, ése era Dzajic para sus compatriotas. Un mito, una leyenda.

El que no ha visto jugar a Marco Van Basten no sabe lo que es la belleza ofensiva. Nadie lo vio demasiado tiempo, porque puso fin a sus recitales a los veintiocho años, cuando su tobillo derecho dijo basta. De una elegancia rara, sabía despachar, con un quiebro o un recorte, a los defensas más infranqueables. Torso erguido, cabeza levantada, aterraba como delantero y como pasador. Jugador completo, auténtico gentleman, un poco frío a veces, Van Basten puso en pie a las multitudes durante partidos antológicos con Holanda y con el Milan. Pero siempre lo recordaremos por la Eurocopa que ganó con su selección en 1988, trofeo en el que inscribió uno de los mejores goles de la historia, la mágica volea en la final ante la URSS. El ángulo era imposible, ningún jugador en el mundo podía marcar desde ese punto. Ninguno, salvo Van Basten. El holandés enganchó un increíble derechazo que fue a morir en la escuadra opuesta del inmenso Dasaev.

Y si hablamos de grandes goleadores, no podemos olvidar a Gerd Müller, apodado "Der Bomber" por su impresionante instinto depredador dentro del área. En la Eurocopa 72, Müller hizo honor a su fama de gran cañonero: en nueve partidos marcó doce goles. En la semifinal anotó uno importantísimo, el del 1-0, disputándose el balón con dos belgas en combate aéreo, y en la final firmó el tranquilizador 1-0 y el decisivo 3-0. Asombroso, el modo en el que el pequeño bávaro sorteó a tres jugadores rivales en el más estrecho de los espacios y con facilidad insolente puso el balón en la red. Fornido, de aspecto pesado y con un centro de gravedad bajo, "Der Bomber" era capaz de chutar a puerta en cualquier posición y desde cualquier ángulo, con la pierna izquierda, con la derecha o de cabeza, desde lejos o a bocajarro. Eso sí, siempre en su entorno natural, el área de castigo, donde encontraba espacios casi por arte de magia.

Se podrá objetar que Fulano debería ir antes que Mengano. Así es el fútbol. Pero este equipo de fueras de serie no verá nunca la luz. Sólo vive en nuestros sueños. Ya estamos zambullidos en una nueva edición de la Eurocopa, promesa de jugadas imposibles y goles más imposibles todavía. ¡Que siga la fiesta!

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