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Ana Bernal-Triviño, sobre el 'caso Julio Iglesias': "Las mujeres que hablan son muy valientes porque hay una parte del sistema que se está fortaleciendo en contra de ellas"

Ana Bernal-Triviño, sobre el 'caso Julio Iglesias': "Las mujeres que hablan son muy valientes porque hay una parte del sistema que se está fortaleciendo en contra de ellas"

La periodista e investigadora presenta 'La raíz del poder: una historia de desigualdad', en el que ahonda sobre los orígenes del patriarcado.

La periodista e investigadora feminista Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.
La periodista e investigadora feminista Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.Cortesía de Ana Bernal-Triviño

A la hora de hablar de la desigualdad y el feminismo, cada vez más sectores ultraderechistas y machistas cargan contra las recientes leyes por la igualdad, como la Ley de libertad sexual, conocida como la del "del solo sí es sí", o hablan de que el feminismo vive de una desigualdad que han inventado determinados "chiringuitos". 

Todo ello, sin tener en cuenta que cada año aumentan las víctimas de violencia de género, y las agresiones sexuales y las conductas machistas cada vez son más frecuentes y están más normalizadas entre los jóvenes.

Ana Bernal-Triviño, periodista colaboradora en Público, El Periódico o Espejo Público e investigadora y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) lleva más de 10 años trabajando por la divulgación feminista. Ha sido el rostro que puso sobre la mesa el caso de Juana Rivas en 2017 en el Congreso de los Diputados y pasó a ser reconocida por una audiencia masiva por participar en el documental de Rocío Carrasco, Rocío, contar la verdad para seguir viva emitido en Telecinco. Ahora investiga en su libro La raíz del poder: una historia de desigualdad (Espasa) sobre ese origen del patriarcado, la desigualdad y el poder desde el Paleolítico a nuestros días.

En nuestro encuentro en el Hotel Riu Plaza de España es inevitable que las primeras palabras sean sobre la investigación de Eldiario.es, que habían visto la luz apenas cuatro horas antes, y denuncias de agresiones sexuales por parte de Julio Iglesias a dos exempleadas de sus mansiones en Bahamas y Punta Cana. 

Entonces, solo habían empezado a caer algunos de los comentarios en los que se cuestionaban tanto la praxis periodística del medio, que llevaba más de tres años de investigación, como la verosimilitud o supuesto interés de las víctimas. Pero, tal y como ella vaticinaba, la violencia mediática no había hecho más que comenzar.

"Al final, se sabe que esa concepción que hay de todas las mujeres que denuncian, sobre todo en situaciones de poder como ha sido este caso, va a disparar una serie de comentarios casi de forma automática", señala en su charla con El HuffPost.

"Seguirá poniéndose la lupa sobre ellas y sobre pensar que tienen algún tipo de intención o alguna búsqueda de un interés. Todas las mujeres que terminan hablando, la inmensa mayoría, sencillamente lo hace por un proceso de su propio trauma, de recuperación psicológica, pero ellos siempre tienen esa vertiente de que buscan algo más", añade. Además, destaca el trabajo periodístico de las compañeras Elena Cabrera y Ana Requena, así como el respaldo de Ignacio Escolar como director de Eldiario.es. 

"Son trabajos de investigación que llevan años detrás, que se contrastan con otros muchos testimonios que a lo mejor nunca van a llegar a ver la luz. Eso pasó también con el caso de Iñigo Errejón. Cristina Fallarás comentó que había otros casos, pero que esas mujeres nunca llegarían a denunciar. Por lo tanto, la verificación y la esencia de la profesión periodística es lo que da validez también a esas mujeres, es el respaldo que ellas necesitan", explica.

No obstante, ese cuestionamiento al que se han visto enfrentadas las víctimas de Julio Iglesias no dista tanto del que sufrían las mujeres en Grecia o del escarnio público que podían sufrir en Roma y ahí precisamente, en esa raíz milenaria, es donde ahonda Bernal-Triviño en su libro.

Comienzas en el libro repasando el origen biologicista de esa desigualdad, pero pasas a desarrollar distintos capítulos sobre la raíz de lo sagrado, del rol de la maternidad o de las normas, ¿crees que hay una raíz de la desigualdad o hay varias?

Hay varias, pero son a posteriori de determinar el uso. O sea, se ve a la mujer en la creación de esos estados modernos, como ya había dicho mi admirada Gerda Lerner, y se piensa en qué hacer con la mujer, pero como un objeto de propiedad. Porque se empiezan a acumular propiedades en cada una de esas tribus, de esos linajes, y hay que garantizar una descendencia.

La mujer se ve con un uso utilitarista, por eso yo insisto mucho y coincido con la teoría de Gerda Lerner en que la desigualdad a razón del sexo, a raíz de género, es la primera de las desigualdades. Posteriormente, vienen las de clase y otras muchas. Y para que pueda existir una desigualdad —como hemos visto en los hechos legislativos, en el relato, en la violencia sexual, etc.— tiene que producirse antes esa concepción de un uso utilitarista de la mujer y de propiedad de esa mujer.

Cuando a día de hoy seguimos escuchando a maltratadores diciendo “la maté porque era mía”, eso viene de esa raíz milenaria de hace dos mil años. Cuando vemos ese sentimiento de posesión que tienen los agresores sobre las mujeres y sobre su cuerpo viene también de todo ese proceso de deshumanización, de haber transformado a una mujer, que era una persona, un ser humano, en un uso y en una utilidad.

"Cuando vemos ese sentimiento de posesión que tienen los agresores sobre las mujeres y sobre su cuerpo viene también de todo ese proceso de deshumanización, de haber transformado a una mujer, que era una persona, un ser humano, en un uso y en una utilidad"

De hecho, en el capítulo dedicado a las normas repasas desde ese Código de Hammurabi, esa Ley del Talión, hasta el Derecho romano que sigue marcando la legislación actual. ¿Por qué se sigue criticando a las mujeres que denuncian que la justicia es machista o patriarcal?

Solamente quiero recordar que en muchas universidades se sigue estudiando Derecho romano porque es la raíz y la base de nuestro derecho, prácticamente de todo el derecho occidental. Solamente leyendo ese Derecho romano se entienden muchas de las dinámicas, de los prejuicios y de la desinformación que a día de hoy se sigue vertiendo sobre las víctimas.

Por ejemplo, cuando sobre las víctimas de violencia sexual se planea el halo de la sospecha o de que buscan algún tipo de beneficio, todo eso tiene relación con el hecho de que antes el matrimonio era una forma de contrato que se negociaba y en el que había una dotación económica. Tiene que ver con esa visión de que el hombre era el único que tenía honor, no las mujeres, y que si la mujer, por ejemplo, en el caso de Lucrecia, acaba con un suicidio no es tanto por ella misma, sino por el daño que había ocasionado al honor de él o al honor de una familia.

Es decir, que hay tantas ideas y tantas concepciones que siguen surgiendo hoy en muchos de esos juicios de valor a los que muchas mujeres se enfrentan cuando están defendiendo su causa. Todo eso procede de unos textos legislativos que, al final, también han creado ese imaginario y un constructo social que forma parte de ese sistema. Por eso cuesta tanto quitarlo, no es que de la noche a la mañana la sociedad haya desarrollado ese pensamiento, es que es un pensamiento milenario.

Lo hemos visto también en numerosos casos mediáticos como el de Rocío Carrasco, en el que participaste activamente en televisión, el de Antonia Dell’Atte o el de Juana Rivas, donde en algunos casos se les cuestiona también esa etiqueta de “mala madre”.

En relación a lo anterior, todo lo que tiene que ver con la concepción de la violencia vicaria, tiene mucho que ver con ese Derecho romano, posteriormente también con el Código Napoleónico, y con nuestra propia ley, que también deriva de todo lo que había anteriormente durante la etapa franquista. Esto ha condicionado mucho a las mujeres que han padecido una violencia vicaria, a la hora de poder denunciar y, sobre todo, poder ser comprendidas.

"Todas las mujeres que terminan hablando, la inmensa mayoría, sencillamente lo hacen por un proceso de su propio trauma, de recuperación psicológica, pero ellos siempre tienen esa vertiente de que buscan algo más"

¿Pueden servir estos casos a otras mujeres?

Eso es lo que pretenden ellas con los testimonios, lo que pasa es que, obviamente, al machismo no le interesa. Se molesta porque las mujeres denuncian parte de ese sistema que todavía no termina de comprenderla. Me irrito mucho cuando se señala, con un trazo muy grueso, a todas las denuncias que se hacen del feminismo y nos ponen como si fuéramos un grupo de activistas locas.

Hay compañeras activistas, pero hay compañeras abogadas, hay compañeras juezas, hay compañeras de asuntos sociales... Es decir, el feminismo está en todas las profesiones, también en hombres que desarrollan esas profesiones y que están sumando. Creo que esa visión es estereotipada de lo que el feminismo supone para la vida de esas mujeres es lo que hace que se profundice más en ese estigma para que, precisamente, ellas no tengan ese recurso que las va a salvar y que las va a ayudar.

Lamentablemente, también lo veremos con el caso de Julio Iglesias. Seguirá poniéndose la lupa sobre ellas y sobre pensar que tienen algún tipo de intención o alguna búsqueda de un interés. Todas las mujeres que terminan hablando, la inmensa mayoría, sencillamente lo hacen por un proceso de su propio trauma, de recuperación psicológica, pero ellos siempre tienen esa vertiente de que buscan algo más. No, buscan hablar por un puro proceso de liberación y para que otras mujeres también sean conscientes de esa situación.

Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.
  Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.Cortesía de Ana Bernal-Triviño

Ya que mencionas a Julio Iglesias, ¿cómo has recibido la noticia?

Fíjate, me ha gustado mucho una carta que ha escrito Ignacio Escolar porque a mí me gustaría poner el foco en esto, y es que siempre que las mujeres hablan, también reciben, al final, una rasca en los medios de comunicación. Quiero hacer un alegato en este sentido, no solamente por Eldiario.es, sino por todos los medios que, de forma muy valiente, dan voz a estas mujeres y hacer consciente a todo el mundo, también a compañeros de prensa en tertulias, que hoy harán comentarios de trazo muy grueso, que esos medios de comunicación saben y son conscientes de que se juegan mucho, de que no suelen ser testimonios que a la primera de cambio se publican.

Son trabajos de investigación que llevan años detrás, que se contrastan con otros muchos testimonios que a lo mejor nunca van a llegar a ver la luz. Eso pasó también con el caso de Iñigo Errejón. Cristina Fallarás comentó que había otros casos, pero que esas mujeres nunca llegarían a denunciar. Por lo tanto, la verificación y la esencia de la profesión periodística es lo que da validez también a esas mujeres, es el respaldo que ellas necesitan. Y, lamentablemente, los medios de comunicación casi siempre, como parte de ese sistema, se han dejado arrastrar por ese pensamiento milenario que decía antes.

En muchísimas ocasiones han terminado dañando y ejerciendo lo que yo siempre conceptualicé en mi carrera académica como la violencia mediática. Por lo tanto, es de destacar todos esos medios que salen de esa violencia mediática, que no dudan de ese primer testimonio que les llega, sino que sobre él se ponen a investigar para saber si realmente pueden crear un armazón que empuje a que ese testimonio salga a la luz.

Eso lleva muchísimas horas de trabajo detrás, de dedicación y, sobre todo, insisto en el riesgo que corren también en el medio. Te expones a que al final, termine yéndote a una situación más complicada y, por supuesto, también, a hacer una recapacitación a todos aquellos que critican a estas mujeres, que ellas también saben a lo que se exponen. Ellas saben también que se exponen a demandas potenciales.

Es decir, que todas las partes se juegan mucho como para tirarse a la nada en la búsqueda de un titular o en la búsqueda de destacar. Al final, se sabe que esa concepción que hay de todas las mujeres que denuncian, sobre todo en situaciones de poder como ha sido este caso, se van a disparar una serie de comentarios casi de forma automática. Ya lo he visto hoy por las redes sociales.

Esto nunca cambia. Parece mentira, pero también creo que esta ola reactiva que estamos sufriendo en los últimos cinco años provoca que se profundice mucho más en este tema y que las mujeres, las que hablan, realmente son muy valientes porque hay una parte del sistema que se está fortaleciendo en contra de ellas.

Hablabas de la violencia digital, de todos estos comentarios que se dicen en redes, de los que tú misma has sido víctima en numerosa en ocasiones. El año pasado mucha gente conoció la manosfera y el mundo incel gracias a Adolescencia, aunque no es algo que haya nacido de la noche a la mañana, ¿cuesta ver las cosas si no te figuras a tu hijo o alguien cercano ejerciendo esa violencia?

Mira, sobre esto dos cosas. La primera, lo que acabamos de comentar, que creo que una de las primeras cosas es atender a las compañeras feministas que denuncian todo esto fuera del estigma y de esa imagen que también ocurría con las sufragistas. A ellas se las desprestigiaba precisamente para que lo que ellas contaran quedara desautorizado.

Las compañeras llevamos años hablando de esto. Recuerdo que incluso un compañero mío, que considero superfeminista, no se enteró del tema de los incels hasta la serie Adolescencia, pero lleva ocurriendo años en Estados Unidos y yo lo incluía en uno de mis libros en el año 2018. Digo “no sé si es que no nos leéis, no nos comprendéis o no os interesa, pero el caso es que es algo que pasa de forma constante”. 

Todas las compañeras, sobre todo las que nos dedicamos a medios de comunicación, estamos haciendo pedagogía, cumpliendo una función social para generar una opinión pública consciente del problema de violencia que tenemos delante y lo que supone, y nos encontramos muchas veces con esa desautorización. Creo que el primer problema para arreglarlo es ese.

En segundo lugar, es lamentable que al final solamente parte de la sociedad reaccione cuando se ven ellos afectados. Esa típica frase de “por mi madre, por mi hija” tiene que ser por todas, es que tenemos que llegar a una conciencia social de que no es normal que la mitad de la población siga padeciendo esta carga de violencia.

"Hay una corriente machista a la que le interesa mucho vender que esto es un problema de locos y de degenerados"

Hemos normalizado, incluso, el número de asesinadas cada año. Si en vez de ser asesinadas por violencia machista, fueran asesinadas por motivos ideológicos, como ocurría, por ejemplo, con el terrorismo, seguramente tendríamos una reacción de Estado mucho más contundente. Sin embargo, esto es como un goteo continuo que sabemos que todos los años vamos a empezar a cero, se va a volver a llenar y nunca se va a impedir.

Hay una corriente machista a la que le interesa mucho vender que esto es un problema de locos y de degenerados. Pero existe una corriente feminista, que también está compuesta por hombres que trabajan dentro de este sistema, que llevamos años haciendo pedagogía, tanto de que los agresores sexuales como de quienes ejercen violencia de género, de que se debe todo a una cuestión de educación, de cultura y de aprendizaje.

Sin embargo, derribar esos sistemas es difícil por el propio pensamiento cognitivo, que funciona como funciona, y que todo aquello que refuerza es mucho más fácil de asimilar; y que todo lo que quiere provocar un cambio es mucho más difícil de implantar y hace que, lamentablemente, hasta que la gente parece que no ha visto la serie Adolescencia no lo vea.

Me lastima el ver esa banalización que muchas veces se produce de esas agresiones y de cuando señalamos y decimos “oye, ten cuidado con tu hijo”, porque siempre la educación se nos ha dado a nosotras. Eso de “cuidado con lo que bebes, cuidado con quien hablas, cuidado con lo que vistes, cuidado con a qué hora llegas...”. Esa idea de educar en una prevención que se nos ha hecho a nosotras y no se ha hecho por el otro lado.

Volviendo al tema de esa cultura incel o de esa ultraderecha, ¿cómo están instrumentalizando la cultura clásica igual que hacía el nazismo o el fascismo?

Lo comentaba en el libro, los valores de Grecia y Roma son muy válidos para todos esto pseudoinfluencers. En Estados Unidos, sobre todo, y aquí ya también lo vemos, hay una serie de podcasters, youtubers, etc., que se dedican también a utilizar la filosofía estoica y a utilizar todo lo que tiene que ver con el pensamiento clásico para justificar parte de sus comportamientos. Creo que, desde nuestra labor también como periodistas para poder llegar a la raíz, ese es el objetivo del libro, de muchas de las cosas que suceden.

También pasa con el concepto de la “mala madre”. Parece mentira que algo que tiene 2.000 o 3.000 años siga sucediendo a día de hoy. Lo vemos en todos los titulares de la prensa y de los medios de comunicación cuando se determina que la mujer tiene que ser explotada por su capacidad sexual y reproductiva. A partir de ahí se crea el relato de “la buena y mala mujer”. La que accede, al final, era porque se lo imponían y a la que no, a partir de ahí, está detallado en los textos legislativos primeros que encontramos queda ya justificada la violencia contra ella.

Por lo tanto, cuando dicen “¿es que nadie les puso una pistola a la cabeza?” ¿cómo que no? Si las leyes se desarrollaron para que ellas pudieran ser empaladas y puestas en público, si desobedecían la norma... Entonces, es natural el instinto de esas mujeres por sobrevivir. A partir de ahí se crea esa idea de buena y mala mujer, y si hoy vemos los titulares de infinidad de mujeres que han denunciado en la prensa y en los medios de comunicación, nos encontramos que” la buena y mala mujer”, “la buena y mala madre”, “la buena y mala hija”, “la buena y mala esposa”... Esa dicotomía sigue permaneciendo a día de hoy.

"Cada una de estas acciones que estamos viendo últimamente de violencia digital va encaminada a 'que sepas que yo tengo el control sobre tu cuerpo y yo voy a anular tu consentimiento"

Esa dicotomía es la que hace que estos youtubers lo sigan poniendo de moda, porque siguen en ese binomio. Se ven la cantidad de matices que hay en el desarrollo de la violencia de género, como que consideran que solamente la violencia es cuando existe una agresión física o cuando se asesina a la mujer, pero no valoran todos los otros rangos de violencia como las muchísimas situaciones de psicológico o de control que hemos determinado.

Como reflexión, para mí, creo que estamos en uno de los peores momentos de la lucha feminista. Creo que lo peor acaba de empezar solo, va a ser mucho peor lo que vamos a tener al frente. Es importante que no minusvaloremos el hecho de que la pandemia fue el punto de inflexión con el hecho de que solamente la manifestación del 8 de marzo fuera la que se denunciara y fuera llevada ante los tribunales. Explica mucho de lo que está pasando ahora, porque fue el único caso que se denunció.

A partir de ahí comenzó una escalada, acompañada también por determinados medios de comunicación, que ahora está en la fase de cuestionamiento directo de nuestras leyes.

Vincular el hecho de ahora todo lo que estamos viendo con la violencia digital, también la notan las mujeres haciendo deepfakes, etc. y tiene que ver mucho con la no aceptación de las leyes feministas, en concreto de la ley de libertad sexual.

Una de las mayores rabiatadas que pilló el machismo fue el hecho del consentimiento. Cada una de estas acciones que estamos viendo últimamente de violencia digital va encaminada a “que sepas que yo tengo el control sobre tu cuerpo y yo voy a anular tu consentimiento”. O bien drogándote, como vimos en el caso de Giselle Pélicot, o en otros casos, subiendo fotos privadas tuyas en foros y en grupos de chat privados que hemos descubierto en toda Europa y en todo el mundo, anulando también el consentimiento de la mujer al derecho a su propia imagen, y ahora lo estamos viendo en las deepfakes.

El tema del consentimiento ha sido una rabia clave para activar esta reacción machista y, por otro lado, es el cuestionamiento de la Ley de violencia de género. Se aprueban infinidad de leyes a lo largo de un año, y ya a lo largo de los últimos 20 años, imagínate, ¿por qué solo se cuestionan las leyes que son feministas? Creo que es reflejo de la sociedad en la que estamos porque todas las leyes le pueden mirar con lupa y pueden tener un defecto. Pero, ¿el defecto es de la ley o también el defecto es de su aplicación de la ley? Y sobre eso no hablamos.

Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.
  Ana Bernal-Triviño en una imagen promocional.Cortesía de Ana Bernal-Triviño

Se ha hablado mucho recientemente de las declaraciones de Rosalía en las que no se identifica claramente como feminista. En 2017 o 2018 había un mayor posicionamiento de rostros conocidos, ¿qué ha pasado?

Eso es una manera de aleccionar a las mujeres. Cuando tú ves que cualquier opinión feminista te quita puntos de cara a la sociedad, te desautoriza, te desvalora, se te ridiculiza, pueden tomar medidas contra ti... Yo misma he limitado mi exposición pública. Este año no he hecho presentaciones del libro porque yo sufrí una agresión física en el parque del Retiro. No salió ninguna asociación de la prensa a defenderme, ni salieron compañeros. Entonces, cuando te encuentras sola, dices “bueno, pues intento buscar un espacio de seguridad en el que pueda seguir haciendo mi trabajo” pero claro, que te lo piensas.

"Va a haber una merma de exposición pública, básicamente por miedo a sentirte rechazada, por miedo a abrirte frente, por miedo a abrirte una situación de violencia o de control que puedan desarrollar sobre ti"

En el caso de Rosalía, entiendo que mucha gente se haya decepcionado, también intuyo que hay un poco de mala interpretación porque la pregunta de la periodista no iba en el sentido de “¿eres feminista o no?”. Pero escribí sobre este tema hace poco y lo dije muy claro, el tema está en “¿quién quiere declararse ahora feminista con todo en contra? ¿Quién quiere declararse feminista cuando las feministas vemos que no tenemos apoyo social?”.

Ni nuestros libros son bestsellers, ni nuestros libros están en todos lados, ni cada vez que hablamos en nuestro trabajo somos apoyadas por nuestros compañeros. Y no hablo solo de periodistas, también de las de asuntos sociales, las compañeras del 016... Todo el mundo que se dedica a visibilizar parte de este sistema se encuentra con una respuesta muy agresiva, con muy poco apoyo social y, a veces incluso, familiar.

Son mujeres que se encuentran muy solas batallando contra esto y lo vamos a ver cada vez más. Va a haber una merma de exposición pública, básicamente por miedo a sentirte rechazada, por miedo a abrirte frente, por miedo a abrirte una situación de violencia o de control que puedan desarrollar sobre ti.

Y la reacción en este caso, igual no debería ser culpabilizarla a ellas, ¿no?

Hombre, claro. Por eso digo que a mí me gusta siempre desplazar al otro, ¿qué validación tiene el feminismo en la sociedad? Lo preguntaba el otro día, hay compañeras, y no solamente pensando en España, incluso internacionales, que se merecen premios Nobel, o que se merecen premios Príncipe de Asturias... Está el caso Gloria Steinem, pero pocas más. Es decir, ni siquiera hay un reconocimiento internacional ni nacional importante sobre las mujeres feministas.

Al fin y al cabo nuestro reconocimiento viene de entidades feministas, como subgrupitos... Hay marcos aislados, como cuando nos hacen programas especiales de feminismo. No, queremos estar en el informativo, queremos estar en las mesas de política porque el feminismo es política, queremos estar en ese plano, no en la consideración de que mi tema es un tema de mujeres, es un tema de la sociedad.

Eso hoy día no se ha producido, ni la cantidad de mujeres que trabajan académicamente en la línea de género tienen un reconocimiento, ya no solamente a premios sino incluso de reconocimiento académico, igual que el resto de sus compañeros que se dedican a investigar, por ejemplo, de medicina o de economía.

Es muy complicado cuando tú tienes toda una sociedad que, de entrada, si te dedicas a esto, te va a minusvalorar, te va a desautorizar y te va a colocar un cliché al que cada vez hay más gente que se suma, ese es el problema. Pero también es cierto que sabíamos que en aquella eclosión del feminismo, como todo, tiene una caída.

También había mucha gente que en aquel momento se declaraba feminista para hacerse unas fotos y subirlas a Instagram y la lucha feminista es meterse en el fango, y hay gente que cuando ve el fango da un paso hacia atrás porque “yo no me quiero manchar”, claro que sí.

"También había mucha gente que en aquel momento se declaraba feminista para hacerse unas fotos y subirlas a Instagram y la lucha feminista es meterse en el fango"

¿Ha costado que seamos conscientes de que hay machismo dentro de la izquierda también con casos como el de Errejón o todos los que han salpicado al PSOE?

Bueno, creo que las mujeres de izquierda eran muy conscientes porque muchas de ellas la habían denunciado toda la vida. Además, si lees la historia feminista, y solamente con un libro básico de feminismo lo ves, el problema ha sido concienciar a esas estructuras, muchas veces de izquierda, de que creyeran a las mujeres dentro de su propia organización que estaban denunciando esa situación. Ahí se han encontrado un doble hándicap.

Pero también me gustaría que las mujeres de derecha hablaran más, porque también a muchas a mujeres de izquierda que están dentro de esas organizaciones les llegan compañeras de derecha denunciando que ellas también han padecido y tienen esa comprensión muy fuerte. Pero son organizaciones todavía en las que tienen menos capacidad de luchar y, al final, donde más se instaura el silencio. Creo que hay que hablar de los dos lados y ver las dinámicas.

Volviendo un poco en relación con lo que comentábamos de Rosalía y esta vuelta al conservadurismo, que se ha hablado del misticismo, la religión. En tu libro repasas que el cristianismo primitivo tenía mucha presencia femenina, ¿en qué momento se corrompió esto y tuvimos movimientos como el Opus Dei?

Quería reflejar en esa situación primero que obviamente todo el tema de la espiritualidad ha acompañado a todas las civilizaciones desde que surgieron desde el Paleolítico. Es imposible prescindir de ese pensamiento. Otra cosa ya es que una vez que llega el pensamiento ilustrado, todo cambia.

Aunque también habría que reflexionar que, lamentablemente, en muchas situaciones históricas como, por ejemplo, en la Ilustración, cuando ha habido eclosiones de conocimiento ha sido al revés: más perjudicial para las mujeres. Solamente hay que ver la lucha de las mujeres durante la Revolución Francesa, como la primera guillotina que cae sobre Olympia de Gouges, para confirmar eso.

Hay que dejar claro que el pensamiento religioso, un pensamiento místico, un pensamiento espiritual va dentro del pacto, del concepto del ser humano y de su evolución de pensamiento. Quería reflejar cómo, tanto en la sociedad griega y romana, había también una vinculación de la mujer con esa espiritualidad, por ejemplo con la figura de la sacerdotisa, y cómo también esas religiones politeístas que a veces idealizamos desde el mundo del pasado clásico —porque también nos lo han contado muy bonito en la clase de Historia del Arte— resultaba muy violento para las mujeres.

Desde Grecia, cuando hablamos de que a las niñas prácticamente las desvirgaban con un dildo para que cuando llegaran al matrimonio no sufrieran dolores en su primera relación sexual, a cuando hablamos de muchas situaciones y prácticas y tradiciones que eran muy violentas para las mujeres. Por ejemplo, las lupercales que eran muy violentas siempre para las mujeres a las que se golpeaba con un látigo.

Partiendo de ahí comprendes por qué la llegada de un hombre como Jesús de Nazaret supuso una revolución para muchas mujeres y por qué muchas mujeres romanas terminaron aceptando esa religión cristiana.

Tú eras vendida con 8 o 11 años en un acuerdo matrimonial por parte de tu padre, que era el futuro que le esperaba a una gran parte de las mujeres en la antigua Roma, y, por lo tanto, ibas a ser violada porque no te casabas por amor y ese hombre podía tener 40 tacos y tú tenías 12. Además eras una pieza de ajedrez donde te casaban con uno, si él moría te volvían a casar, etc. 

Por esto se entiende que un señor que les da ese mensaje de liberación, que las llama por su nombre —cuando las mujeres romanas ni siquiera tenían nombre porque eran llamadas por el nombre de sus padres o de sus esposos como pasa en muchos casos con el apellido, como se vio en el caso Pélicot— y las identifica como personas, no las somete a esa violencia privada y sexual, para la mujer quedarse en celibato era casi un regalo.

"Para la mujer quedarse en celibato era casi un regalo. Para esas mujeres que eran violadas cada dos por tres y que eran recasadas el mensaje [de Jesús de Nazaret] es de liberación"

Para esas mujeres que eran violadas cada dos por tres y que eran recasadas, para ellas es un mensaje de liberación. Yo flipé en colores cuando empecé la investigación al descubrir cómo mujeres romanas utilizan y se convierten en cristianas para escapar de relaciones de violencia. Aunque eso a veces generaba más violencia porque el tipo iba en busca de ellas. A veces le salía bien la jugada, pero otras veces, obviamente, tenía la reacción, como sigue ocurriendo a fecha de hoy.

El problema es que muere Jesús de Nazaret, empieza a expandirse esa religión y lo que había quedado hasta entonces en el ámbito privado, sale de él. A mí una frase de Celso que me disparó a investigar fue esa de que “el triunfo del cristianismo había surgido de los tontos, las mujeres y los niños”. Efectivamente, la mujer es la que impulsa mucho ese desarrollo del cristianismo primitivo porque era una religión clandestina, que se hacía en los espacios privados, en las domus ecclesiae, casas privadas que hoy son iglesias.

En ese ámbito privado, ellas desarrollaban los actos de fe. ¿Qué ocurre? Que cuando esa religión aumenta de creyentes, que a la misma vez va aparejado con esa conversión al cristianismo por parte de Constantino y se politiza, se convierte en una herramienta del poder político y pasa del ámbito privado al ámbito público.

Es ahí donde empieza a marginarse a las mujeres de la propia religión y donde un mensaje que era liberador para muchas de ellas, solamente hay que ver cómo Jesús de Nazaret habla con infinidad de mujeres en el Evangelio, se vuelve en contra. Me gusta una frase de Antonio Piñero que dice que “la religión se patriarcaliza”. Eso es lo que, lamentablemente, ocurre con muchísimas instituciones, cuando pasa por ese tamiz del patriarcado: cualquier mensaje liberador puede convertirse en reaccionario.

"Ellos no opinan de esta manera por azar, lo hacen porque hay unos adultos que piensan así y que le han hecho también creer así"

¿Hay esperanzas con los jóvenes, con todos estos youtubers de ultraderecha para ellos y tradwives para ellas?

Creo que hemos llegado muy tarde y eso lo llevo diciendo hace cinco años. O sea, vamos, muy tarde, muy tarde, pero también yo creo que ha habido un intento de generar esa opinión pública. Ellos no opinan de esta manera por azar, lo hacen porque hay unos adultos que piensan así y que le han hecho también creer así.

Además, muchos de esos adultos han financiado a alguno de estos líderes que hay detrás de muchos podcasts y de muchas instituciones que se han dedicado a fomentar este mensaje reaccionario. Al final, son semillas que cuesta mucho quitar. 

Yo solamente llamo a la reflexión de si realmente están orgullosos todos los que han promovido este movimiento reaccionario de que cada año nos encontramos con la Memoria de la Fiscalía diciendo que cada vez hay más denuncias de violencia de género en la juventud, que hay más agresiones sexuales sobre todo en la juventud... No se dan cuenta de que han creado una generación de delincuentes cuando podían haber creado una generación de hombres libres y una generación de hombres justos.

Lo digo porque muchas veces no nos damos cuenta de las implicaciones que tiene. O sea, tú puedes moldear a una sociedad, pero cuando tú empiezas a dibujar fantasmas y a crear enemigos de la nada porque explican mal las cosas y porque utilizas la desinformación por un interés que tienes detrás, tenemos que poner a los líderes de esos movimientos en el foco.

Tenemos que seguir haciendo pedagogía sobre ellos, sabiendo que tenemos muchísimo menos canales y muchísima menos financiación de la que tienen estos tipos. Lo que pasa es que los nuestros se llevan los titulares, porque en la complicidad de los medios, esos titulares no nos cuentan quién financia a toda esta gente que está detrás de forma muy coordinada lanzando ese mensaje para fastidiar la vida y el futuro de muchos jóvenes.

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Soy redactora de LIFE en El HuffPost España y mi misión es acercarte la última hora del mundo de la cultura, la música y el entretenimiento.

 

Sobre qué temas escribo

Escribo principalmente de música, cultura, cine, series y entretenimiento porque, aunque sirva para desconectar, bailar o echar un rato entre palomitas, la cultura esconde mucho más. Evitando el elitismo, trato de tender la mano a las nuevas tendencias de la industria musical o del audiovisual a través de entrevistas con artistas emergentes —que pronto dejarán de serlo— y compaginarlo con el análisis de lo más mainstream como Taylor Swift o Bad Bunny.


En estos ocho años he cubierto los Goya, los Oscar, el Benidorm Fest o Eurovisión. Sí, soy la responsable de los memes que han inundado la cuenta de X de El HuffPost en Eurovisión. Siempre buscando un contenido cercano, sin perder el rigor, contando más allá de lo que se pueda ver en la pantalla.
Aunque no siempre haya relación con la industria cultural, también he cubierto temas relacionados con el Feminismo y el colectivo LGTBIQ+.

 

He podido contar en primera persona con supervivientes del “Stonewall español” que es el Pasaje Begoña, denunciar la situación que viven los menores trans o hablar sobre qué significa la manosfera antes de que llegara a Netflix ‘Adolescencia’.

 

Mi trayectoria

Nací en Málaga, donde estudié Periodismo por vocación en la Universidad de Málaga, entre playlists de Spotify, discos y conciertos. Antes de incorporarme a El HuffPost en 2017, colaboré diversas revistas culturales y de entretenimiento. En 2016 trabajé en el departamento de comunicación de UPHO Festival, un festival de fotografía contemporánea urbana parte del proyecto europeo Urban Layers. Y, aunque sigo echando de menos Andalucía, me trasladé a Madrid para estudiar el Máster en Periodismo Cultural en la Universidad CEU San Pablo. En 2018, compaginé mi trabajo en El HuffPost con la coordinación de proyecto de la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE celebrada en CentroCentro. Desde 2017 trabajo en El HuffPost España, donde he logrado una nominación a los premios GLAAD y ser finalista de los Premios Papageno en 2022.

 


 

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