La extinción invisible en Europa: tres animales "vecinos" que podrían desaparecer en 20 años sin que nadie se entere
En Alemania, varias especies autóctonas están desapareciendo en silencio, empujadas por el calentamiento global y otros factores humanos.
Cuando se habla de especies amenazadas por el cambio climático, suelen venir a la mente los osos polares o los pingüinos. Sin embargo, el problema también afecta a animales mucho más cercanos a la vida cotidiana europea. En Alemania, varias especies autóctonas están desapareciendo en silencio, empujadas por el calentamiento global y otros factores humanos.
Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), alrededor del 28% de las más de 172.000 especies evaluadas están amenazadas a nivel mundial. De ellas, unas 15.800 sufren directamente los efectos del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. En el caso alemán, tres especies destacan como grandes perjudicadas: el hámster europeo, la anguila europea y el mejillón perlífero de agua dulce.
El hámster europeo: de plaga agrícola a especie en peligro
Hace décadas, el hámster de campo era una presencia habitual en los cultivos alemanes. Hoy, la especie está en peligro de extinción tanto en Alemania como en el resto del mundo. Las causas principales son la agricultura intensiva, el uso de pesticidas y la pérdida de hábitat, a lo que se suma el cambio climático.
Las temperaturas más suaves han adelantado la maduración de los cultivos. Donde antes se cosechaba en agosto, ahora se hace en junio o julio, dejando a los hámsteres sin refugio ni alimento antes de lo habitual. Además, los inviernos más cálidos y húmedos reducen la capa de nieve que protegía sus madrigueras durante la hibernación, aumentando el riesgo de frío, humedad e inundaciones.
Hace medio siglo, algunas zonas llegaban a registrar hasta 800 ejemplares por hectárea. Hoy, se calcula que quedan entre 10.000 y 50.000 en todo el país.
La anguila europea: un viaje cada vez más difícil
La anguila europea ha sufrido una caída de más del 90% en su población desde los años setenta. Los expertos advierten de que podría desaparecer de las aguas europeas en pocas décadas si no se toman medidas.
A la sobrepesca, la contaminación y la pérdida de hábitat se suma ahora el cambio climático. Las larvas de esta especie viajan desde el mar de los Sargazos hasta Europa impulsadas por la Corriente del Atlántico Norte. Sin embargo, el calentamiento global está alterando esta corriente, lo que reduce el número de larvas que alcanzan las costas europeas.
Además, las temperaturas más altas en el océano afectan su desarrollo, reducen el alimento disponible y aumentan la mortalidad durante el viaje.
El mejillón perlífero: un superviviente sin relevo
El mejillón perlífero de agua dulce fue muy común en los ríos alemanes hasta el siglo XIX. Hoy es extremadamente raro y las poblaciones que quedan están formadas en su mayoría por ejemplares viejos. Se estima que quedan menos de 10.000 individuos.
La especie ya había sufrido por la caza de perlas y la degradación de los ríos, pero el cambio climático añade nuevas amenazas. Los veranos más calurosos elevan la temperatura del agua por encima del nivel que los juveniles pueden soportar, provocando mortandades masivas. Las sequías secan los arroyos, mientras que las lluvias intensas arrastran sedimentos que asfixian a los ejemplares jóvenes.
No todo son malas noticias
Pese a este panorama, algunas especies se están adaptando mejor a las nuevas condiciones. Aves como el mirlo, el petirrojo o la cigüeña blanca mantienen poblaciones estables o en crecimiento. Esta última incluso ha reducido sus rutas migratorias gracias a los inviernos más suaves.
Entre los mamíferos, el zorro, el corzo o el tejón no presentan riesgos importantes, y varios reptiles y anfibios también muestran una buena capacidad de adaptación.
El cambio climático, por tanto, no afecta a todas las especies por igual. Mientras algunas prosperan en el nuevo escenario, otras —como el hámster, la anguila o el mejillón perlífero— se convierten en víctimas silenciosas de un entorno cada vez más inestable.