Más viejas que los dinosaurios: las efímeras llevan 300 millones de años haciendo la misma danza, y un estudio de Oxford revela ahora por qué
No se trata de un capricho evolutivo, sino de una estrategia para sobrevivir.

Cuando pensamos en criaturas antiguas solemos imaginar dinosaurios, huellas gigantes y un mundo perdido hace millones de años. Pero la realidad es que hay seres aún más veteranos, que han sobrevivido casi sin cambios desde antes de que existieran esos gigantes extinguidos. Entre ellos están las efímeras, pequeños insectos que llevan más de 300 millones de años repitiendo el mismo ritual sobre ríos y atardeceres.
Esta ceremonia tiene forma de danza y ocurre en las orillas del Támesis y otros ríos europeos, cuando miles de machos se elevan en el aire, ascienden en vertical y luego se dejan caer con las alas extendidas, como si flotaran en una caída lenta y controlada. Lejos de ser un simple espectáculo natural, este comportamiento ha intrigado durante décadas a los científicos, que ahora empiezan a entender que en realidad se trata de una estrategia para sobrevivir.
Un estudio de la Universidad de Oxford y del Imperial College London, publicado en Journal of Experimental Biology, ha concluido que ese tipo de baile sirve a los machos para orientarse dentro del enjambre y distinguir a las hembras, que suelen volar por encima de ellos. La investigación reconstruyó en 3D el comportamiento de la especie común Ephemera vulgata en el distrito londinense de Richmond y analizó sus trayectorias de vuelo.
Una especie en retroceso
El resultado fue claro: los machos persiguen casi cualquier cosa que se mueva por encima de su cabeza, pero dejan de seguirla en cuanto cae por debajo del horizonte visual. “Puedes darles una pelota de playa y los machos se acercarán directamente a ese objeto mucho más grande e intentarán aparearse con él”, asegura Samuel Fabian, investigador de la Universidad de Oxford, en declaraciones recogidas por The Guardian.
Por ello, al mantenerse en una capa inferior del enjambre, los machos reducen el riesgo de perseguir objetivos equivocados y concentran su atención en las hembras, optimizando así unas oportunidades reproductivas extremadamente limitadas en una vida que solo dura de unas pocas horas a unos pocos días. Un ciclo de vida con el tiempo justo para reproducirse y pasar el relevo genético.
Esa urgencia biológica se enmarca ahora en un contexto donde muchas especies de efímeras están en retroceso, presionadas por la contaminación de los ríos, el aumento de las temperaturas y la degradación de los ecosistemas de agua dulce. Por ello, los científicos ya no solo investigan cómo bailan estos insectos, sino cómo evitar que su danza termine convirtiéndose en un recuerdo más de ríos que ya no son capaces de sostenerla.
