Ni el pico, ni los ojos, ni el oído interno: un nuevo estudio en Science propone que el "GPS" de las palomas mensajeras está también en el hígado
Se trata de uno de los mayores enigmas de la navegación animal.
Las palomas mensajeras llevan generaciones demostrando que poseen un sentido de la orientación excepcional. Capaces de regresar a su casa desde lugares desconocidos y a cientos de kilómetros de distancia, estas aves siguen siendo uno de los grandes enigmas de la biología. Aunque la ciencia lleva décadas intentando descifrar el secreto de esta extraordinaria capacidad de orientación, un nuevo estudio acaba de añadir una pieza inesperada al rompecabezas.
Hasta ahora, las principales teorías apuntaban al pico, los ojos o incluso el oído interno como los responsables de detectar el campo magnético terrestre que ayuda a estas aves a orientarse. Sin embargo, una investigación publicada recientemente en la revista Science propone una hipótesis completamente distinta, reabriendo un debate científico que lleva décadas sin resolverse y que sigue dividiendo a los expertos.
La comunidad científica ahora cree que la brújula podría estar en el hígado, en concreto en unos macrófagos cargados de hierro que reaccionarían al campo magnético terrestre y ayudarían a orientar a estas aves cuando el sol no está visible. Estas células son capaces de actuar como sensores magnéticos y enviar información al cerebro, convirtiendo a este órgano en una pieza clave del sistema de navegación de las palomas.
El estudio deja preguntas abiertas
Los investigadores inyectaron a 18 palomas con un producto que redujo el número de macrófagos, lo que las desorientó en condiciones de niebla. En cambio, 16 palomas no tratadas encontraron el camino de regreso a casa, situada a 19 kilómetros de distancia, en 70 minutos. En días despejados, incluso las palomas tratadas encontraron el camino, lo que sugiere que este sistema actuaría como apoyo cuando fallan las referencias visuales.
“Las palomas son animales extremadamente visuales. Para un vuelo de 20 kilómetros, me sorprendería que dependieran de la información magnética”, explica Gregory Nordmann, investigador del Instituto Max Planck de Inteligencia Biológica (Alemania). “La explicación más sencilla sería que el tratamiento modifica sus capacidades cognitivas, su motivación o su agudeza visual”, añade a favor de la hipótesis del “oído interno”
Los propios autores admiten que todavía no está claro cómo se transmite la señal desde esos macrófagos hasta el cerebro, y el estudio deja abiertas preguntas sobre si el fenómeno observado en laboratorio se sostiene igual dentro del cuerpo del animal y a temperatura corporal. De momento, para los investigadores lo importante es que la a hipótesis abre una nueva vía de investigación para entender uno de los mayores enigmas de la navegación animal.