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Un negocio de 100.000 millones de dólares: por qué cada vez medimos más nuestro cuerpo y por qué eso no siempre nos hace estar mejor

Un negocio de 100.000 millones de dólares: por qué cada vez medimos más nuestro cuerpo y por qué eso no siempre nos hace estar mejor

Especialistas advierten de que el problema aparece cuando las personas dejan de escuchar a su propio cuerpo para confiar ciegamente en lo que muestran las aplicaciones.

Tecnología portátil para niños: reloj inteligente
Tecnología portátil para niños: reloj inteligenteGetty Images

Contar pasos, revisar la calidad del sueño, medir el estrés o consultar cuánta energía nos queda para terminar el día se ha convertido en una rutina para millones de personas. Los relojes inteligentes, anillos conectados y aplicaciones de salud prometen ayudarnos a conocernos mejor y prevenir enfermedades. Sin embargo, expertos y pacientes advierten de que tanta información no siempre mejora nuestro bienestar y, en algunos casos, puede generar ansiedad y obsesión.

La industria de la tecnología portátil vive un auténtico auge. Según las cifras del sector, este mercado movió cerca de 100.000 millones de dólares en 2025 y se espera que continúe creciendo en los próximos años. A ello se suman análisis genéticos, pruebas de laboratorio personalizadas, resonancias magnéticas de cuerpo completo y herramientas de inteligencia artificial capaces de interpretar datos de salud en cuestión de segundos.

No hay que obsesionarse con las métricas

Lo que comenzó como una forma de adoptar hábitos más saludables ha evolucionado hacia una tendencia conocida como “autocuantificación”, basada en registrar y analizar constantemente los datos del propio cuerpo con el objetivo de optimizar la salud y prolongar la vida. Pero esta búsqueda del control absoluto también tiene una cara menos amable.

El caso de Katie Anne Hayes refleja ese dilema. La joven comenzó a utilizar un reloj inteligente para controlar los efectos del COVID persistente después de que, según relata, sus síntomas fueran minimizados por un profesional sanitario. La función que medía sus niveles de energía le resultó útil al principio para planificar sus actividades diarias.

Sin embargo, poco a poco empezó a depender de esas cifras. Se angustiaba cuando el dispositivo indicaba bajos niveles antes de reuniones importantes y revisaba con preocupación sus resultados nada más despertarse. Finalmente, decidió dejar de usar el reloj.

“Me vi atrapado en un círculo vicioso de retroalimentación negativa”, dice Hayes en una conversación con el diario Business Insider. “Quitarme el reloj y que no me recordara tanto la fatiga que podía experimentar, creo que fue útil”.

La importancia de escuchar al cuerpo

Especialistas advierten de que el problema aparece cuando las personas dejan de escuchar a su propio cuerpo para confiar ciegamente en lo que muestran las aplicaciones.

“Dejas de preguntarte ‘¿Cómo me siento realmente?’ y empiezas a preguntarte ‘¿Qué dice mi aplicación?’. Es un cambio sutil, pero significativo”, afirma el doctor Sandeep Kishore, médico e investigador de la Universidad de California en San Francisco.

Los expertos reconocen que estas herramientas pueden tener beneficios. Para algunas personas representan un estímulo para moverse más, dormir mejor o mejorar su alimentación. También pueden aportar una sensación de control y servir de apoyo a pacientes con enfermedades crónicas al ofrecer registros objetivos de sus síntomas. Sin embargo, también señalan que muchas de las métricas disponibles aportan poca información útil desde el punto de vista médico.

“La gran mayoría de las métricas que podemos medir son una completa pérdida de tiempo. No nos aportan información relevante sobre la salud”, sostiene Nick Tiller, investigador del Instituto Lundquist para la Innovación Biomédica.

Uno de los ejemplos más frecuentes es el seguimiento del sueño. Aunque los dispositivos han mejorado, todavía presentan limitaciones a la hora de interpretar correctamente las distintas fases del descanso.

Kelly Baron, especialista en medicina conductual del sueño, advierte del riesgo de obsesionarse con las puntuaciones nocturnas. Esa preocupación excesiva puede acabar empeorando el propio descanso. De hecho, investigadores acuñaron el término “ortosomnia” para describir la ansiedad derivada de perseguir un sueño supuestamente perfecto basándose en los datos del reloj o del anillo inteligente.

A ello se suma el riesgo de interpretar mal la información. Algunos usuarios creen que, si su dispositivo no detecta anomalías, no existe ningún problema de salud. Sin embargo, muchos de estos aparatos no están diseñados ni autorizados para diagnosticar enfermedades específicas.

Cuidado con los chatbots

La situación se complica aún más con la expansión de la inteligencia artificial aplicada a la salud. Cada vez más personas recurren a chatbots para analizar resultados médicos o recibir orientación sobre posibles diagnósticos.

Aunque estas herramientas pueden ofrecer información útil, diversos estudios citados por especialistas muestran que también pueden equivocarse o proporcionar respuestas problemáticas. En algunos casos, los usuarios toman esas recomendaciones como definitivas sin consultar posteriormente con un médico. “La IA te engañará hasta que te convenzas de que te está dando la respuesta correcta”, afirma Tiller.

El auge de las pruebas preventivas también genera debate. Las resonancias magnéticas de cuerpo entero pueden detectar enfermedades graves de manera precoz, pero también descubrir pequeñas anomalías que terminan provocando más pruebas, gastos elevados y una importante carga emocional, pese a que finalmente no representen ningún peligro real. Por eso, algunas organizaciones médicas desaconsejan este tipo de exploraciones para la población general.

No todo tiene por qué ser negativo

A pesar de las advertencias, el interés de los consumidores no deja de crecer. Muchos buscan respuestas fuera del sistema sanitario tradicional, al que consideran insuficiente o difícil de acceder. Para algunos pacientes, la tecnología llena vacíos que sienten que la atención médica no cubre.

Los especialistas coinciden en que el objetivo no debería ser renunciar a estas herramientas, sino utilizarlas con prudencia. Los datos pueden ayudar a identificar tendencias y fomentar hábitos saludables, pero no deberían sustituir al criterio médico ni a la propia percepción del bienestar.

Dormir bien, mantenerse activo, cuidar la alimentación o compartir tiempo con otras personas siguen siendo algunas de las recomendaciones más eficaces para proteger la salud. Y muchas de ellas, recuerdan los expertos, no requieren algoritmos ni dispositivos de última generación.

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