Un estudio revela que las abejas no son mini-robots: sienten placer y rechazo, y eso reabre el debate ético sobre los insectos
Un hallazgo sobre la capacidad de estos insectos para tener experiencias subjetivas.
Durante mucho tiempo hemos dado por hecho que los insectos funcionan como pequeños autómatas, incapaces de sentir nada más allá de responder por instinto a lo que ocurre a su alrededor. Esa idea ha hecho que, a diferencia de otros animales, rara vez nos planteemos si pueden experimentar sensaciones agradables o desagradables. Sin embargo, la ciencia empieza a cuestionar esa creencia con hallazgos que invitan a mirar a las abejas con otros ojos.
Un nuevo estudio, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha revelado que los abejorros muestran comportamientos que reflejan agrado y rechazo ante distintos estímulos, de una forma sorprendentemente similar a la observada en algunos mamíferos. Un hallazgo que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la capacidad de los insectos para tener experiencias subjetivas.
Los investigadores observaron, mediante grabaciones a cámara lenta, que cuando los abejorros probaban una solución azucarada seguían extendiendo su glosa (el órgano con el que se alimentan, similar a una lengua) incluso después de terminar de beber, en un comportamiento que recuerda al gesto de "relamerse". En cambio, al probar líquidos con sal o quinina, reaccionaban sacudiendo la cabeza y limpiándose la boca, una respuesta asociada al rechazo.
No tan distinta de un mamífero
El trabajo, desarrollado por científicos de la Universidad Macquarie (Australia) y la Universidad Médica del Sur de China, analizó el comportamiento de 18 colonias de abejorros en distintas situaciones. Para comprobar que estas reacciones no eran simples reflejos automáticos, los investigadores modificaron el estado fisiológico de los insectos, sometiéndolos, por ejemplo, a calor o alterando su neuroquímica.
Descubrieron que sus respuestas cambiaban según sus necesidades, lo que apunta a una evaluación interna del entorno y no solo a una reacción química. Aunque los científicos aclaran que todavía no pueden afirmar que las abejas experimenten emociones del mismo modo que los mamíferos, sí consideran que las evidencias respaldan la existencia de una forma sencilla de experiencia subjetiva o "vida interior".
Además de su interés biológico, la investigación plantea interrogantes éticos. Si los insectos son capaces de evaluar lo que les resulta agradable o desagradable, la línea que tradicionalmente los separaba de otros animales con mayor protección moral comienza a difuminarse. Cada vez más expertos sostienen que estos pequeños invertebrados no solo procesan información, sino que podrían tener una perspectiva propia del mundo que les rodea.
Aunque aún quedan muchas preguntas por responder, los autores consideran que este trabajo supone un paso importante para comprender cómo un cerebro de apenas un miligramo puede generar experiencias internas. Lejos de la imagen de las abejas como "mini robots", la investigación abre una nueva etapa en el estudio de la conciencia animal y en la forma en que la sociedad podría llegar a relacionarse con los insectos.