Cristina, profesora con plaza pública en Ibiza: "Es una locura que cueste más conseguir piso que conseguir plaza"
"Han sido meses de mucha ansiedad".

Conseguir una plaza pública es el objetivo de miles de docentes cada año en España. Después de meses de nervios, noches sin dormir, días estudiando, colegios temporales y largas jornadas de exámenes, para algunos afortunados llega la buena noticia: la adjudicación de una plaza.
Para Cristina, profesora mallorquina de 25 años, ese sueño se ha hecho por fin realidad después de mucho esfuerzo. Aunque la plaza no está en un colegio de su isla, sino en uno de Ibiza, la isla vecina.
Pese a la emoción de conseguir trabajo, la satisfacción por haber superado el proceso selectivo dio paso casi de inmediato a una preocupación mucho mayor: encontrar un lugar donde vivir.
Junto a otras dos profesoras, también destinadas a la conocida como 'isla bonita' el próximo curso, Cristina inició una búsqueda de vivienda que se prolongó durante meses y que estuvo marcada por la incertidumbre, los rechazos, los anuncios que desaparecían en cuestión de horas y unos precios prácticamente imposibles de asumir.
"Es una locura que cueste más conseguir piso que conseguir plaza", censura Cristina, quien después de mucha búsqueda finalmente pagará 750 euros al mes por una habitación en un piso compartido.
El mayor miedo de la isla: no conseguir un techo
Con la plaza ya adjudicada, Cristina tenía claro que debía empezar cuanto antes la búsqueda de un piso. Su intención era encontrar un alquiler para instalarse en septiembre, coincidiendo con el inicio del curso escolar, sin necesidad de ocupar una vivienda durante los meses de verano.
"Ha sido una absoluta locura encontrar piso para el curso que viene. Y eso que queremos entrar en septiembre, no tenemos ningún interés por estar en verano", explica.
Según relata la mallorquina, encontrar propietarios dispuestos a reservar un piso para todo el año ha sido una tarea imposible, una realidad que pone de manifiesto el enorme problema de acceso a la vivienda que viven muchos trabajadores esenciales que llegan a trabajar a la isla.
"Pensábamos que no tendríamos dónde vivir"
La búsqueda acabó convirtiéndose en una fuente constante de preocupación. "Han sido unos meses de mucha ansiedad, y al final hemos tenido mucha suerte. Pero hubo un momento que de verdad pensábamos que no tendríamos donde vivir", recuerda.
Durante semanas, la incertidumbre fue total pese a tener asegurado el trabajo. Y, finalmente, gracias al contacto de la madre de una de sus compañeras, las profesoras han conseguido alquilar un piso con un contrato que cubre los meses de curso escolar. Aunque la condición es clara: julio y agosto el piso debe quedar libre.
Para Cristina, la situación refleja una paradoja "surrealista". Después de superar una exigente oposición para acceder a una plaza pública, el mayor obstáculo del proceso es encontrar un techo desde el que poder desempeñar su trabajo.
"Es una locura que cueste más conseguir piso que conseguir plaza", insiste. Una frase que resume la frustración compartida por muchos docentes, sanitarios y otros trabajadores destinados cada año a Ibiza, donde la falta de oferta y los altísimos precios complican enormemente el acceso a una vivienda.
750 euros por una habitación
En su caso, la solución ha llegado gracias a compartir piso con otras dos profesoras que también comenzarán el curso en la isla. Una opción que les permitirá repartirse los gastos, aunque no evita que el precio siga siendo "desorbitado para una habitación".
Cristina pagará 750 euros al mes por una habitación en un piso compartido de tres habitaciones a diez minutos en coche de su nuevo colegio. Una cifra que considera "difícil de asumir", especialmente teniendo en cuenta que se trata únicamente de una habitación y no de una vivienda completa.
"A mí no me parece normal que una habitación compartida se lleve la mitad de tu sueldo. Pero no nos queda otra opción, al menos hemos podido encontrar una casa", lamenta.
La mallorquina reconoce que se considera afortunada por haber encontrado una solución antes del inicio del curso después de meses de búsqueda, pese a ser consciente de que el gasto en alquiler condicionará buena parte de su economía desde el primer día, obligándola a destinar una parte muy importante de sus ingresos a la vivienda.
