El sumiller de aceite de oliva más joven del mundo tiene 14 años y se formó en Valencia: "No existe el aceite perfecto"
"El chef bromeó diciendo que era demasiado joven", explica su padre. El jovencísimo sumiller destaca las claves para hablar de un buen y un mal aceite.
Su nombre es David Filipaș, rumano de Transilvania. Y también el sumiller de aceite de oliva más joven del mundo. A sus 14 años, este adolescente con pasado y formación española (de Valencia) ha hecho historia a su manera.
Todo proviene de 2018, cuando su familia se marchó de vacaciones a Grecia. Allí tierra milenaria y de origen olivarero, 'cultivaron' una pasión por el aceite de oliva que ha ido a más con el tiempo. Tal fue su impacto que apenas dos años más tarde comenzaron a importar aceite griego, de la isla de Creta, en Rumanía, donde se han hecho eco del caso.
El comienzo fue del todo artesanal y poco a poco fueron 'profesionalizando' el negocio, hasta lograr una marca propia, D'Olive, que se mueve en una facturación anual de 26 toneladas de aceite y casi 400.000 euros gracias a sus más de 10 000 clientes en todo el país. La empresa ha crecido tanto que han podido comprar un olivar de 3.000 m² en la localidad de Mesara (en castellano Mátala), en el centro de la isla de Creta, donde se produce aceite desde hace cerca de 4.000 años.
El éxito es, literalmente, de toda la familia y eso incluye a David, el hijo menor, que a los 11 ya entró en la empresa, a los 14 se marchó a Valencia y tras un tiempo en la ciudad costera española regresó con el el diploma del sumiller de aceite de oliva más joven del mundo. La titulación se la entregó la la Escuela de Aceite de Oliva de España (ESAO), en la Universidad Politécnica de Valencia en noviembre de 2025.
Su carrera oleícola es meteórica desde que a los 7 años probara por primera vez de forma consciente el buen aceite. Con 14 ya es toda una referencia para adultos y curiosos del mundo del aceite de oliva.
La prensa rumana recoge su testimonio de aquel curso que cambió su vida. Junto a profesionales adultos de lugares tan diversos como China, Corea del Sur o Croacia, recibió incluso algún que otro comentario por su edad.
"El chef bromeó diciendo que era demasiado joven. Al día siguiente, David empezó a hablarles del aceite de oliva y todos quedaron impresionados por lo mucho que sabía", recuerda su padre. Ya nadie hablaría de su edad, sino de su conocimiento.
"Querían montar un negocio y me preguntaban cómo lo hacía, cómo nos iba con las redes sociales, cómo lo estábamos haciendo. No nos esperábamos esto", confiesa David de aquella vivencia.
Sus claves para hablar de un buen aceite
Ser el sumiller más joven de aceite de oliva de todo el mundo conlleva la 'responsabilidad' de tener que mojarse con sus opiniones sobre los distintos AOVEs por el mundo. A juicio de este aún adolescente, un buen aceite debe tener un toque amargo, un ligero picor en la garganta y un sutil sabor afrutado.
Eso sí, avisa de que "no existe el aceite perfecto; cada persona tiene sus preferencias, aunque sí es fundamental evitar los defectos. Ahí es donde intervengo, para asegurarme de que el aceite defectuoso no llegue a los estantes".
Esos defectos son, especialmente, cinco: tener un toque mohoso —propio de aceites de aceitunas machacadas—, que tenga sabor a queso; que tenga un toque vinoso —que denota aceitunas fermentadas en exceso, con un ligero aroma a alcohol; a madera húmeda — de aceitunas congeladas que dan lugar a un aceite sin fuerza—; y que esté rancio— el más común, en casa y en restaurantes, producido por la luz, el calor o el oxígeno—.