Sara, 36 años, albañila en España: "Ningún trabajo es para hombres, los trabajos son para las personas. Mi salario es 1.200, pero con extras saco 1.500"
Esta inmigrante hondureña cambia el trabajo doméstico por la construcción y ya sueña con crear su propia empresa.

Cuando Sara llegó a España desde Honduras en 2019, hizo lo mismo que muchas mujeres migrantes: empezó trabajando como empleada del hogar. Sin embargo, pronto descubrió que aquel no era el futuro que quería.
Hoy, cinco años después, trabaja como albañila en una empresa de construcción, disfruta de su profesión y lanza un mensaje contra los estereotipos de género: "Ningún trabajo es para hombres, los trabajos son para las personas", dice en su entrevista en el canal de YouTube Quique Vasquez Historia de Migrantes.
Con 36 años, esta hondureña asegura que nunca imaginó que acabaría trabajando entre cemento, ladrillos y herramientas. Antes llevaba una vida completamente distinta, sentada en una oficina. Ahora pasa la jornada levantando muros, preparando mortero o retirando escombros, convencida de que fue la mejor decisión que pudo tomar.
De cuidar ancianos a trabajar en una obra
Nada más instalarse en España, Sara comenzó trabajando como interna cuidando a una pareja de personas mayores. Permaneció once meses viviendo en la misma vivienda, con jornadas prácticamente continuas. "Yo llegué y dije: esto no me gusta. No nací para estar trabajando en una casa", explica durante la entrevista.
Decidida a cambiar de rumbo, buscó una oportunidad en el sector de la construcción. Primero encontró pequeños trabajos de pintura en reformas y, poco a poco, fue aprendiendo el oficio hasta incorporarse a una empresa donde trabaja legalmente desde hace dos años como ayudante de albañil.

"Prefiero mil veces este trabajo"
Aunque reconoce que la construcción es físicamente exigente, no duda cuando compara ambos empleos. "Prefiero mil veces este trabajo", afirma. Explica que, como empleada del hogar, apenas tenía vida personal, mientras que ahora, aunque la jornada también es larga, dispone de tiempo para ella y puede organizar mejor su día.
Su horario es de lunes a viernes, de ocho de la mañana a seis de la tarde, con descansos para desayunar y comer. Cada noche prepara la comida del día siguiente para llevarla a la obra.
Entre sus tareas diarias están preparar el cemento, abrir huecos en paredes, mover materiales, retirar escombros y mantener limpia la obra, siempre junto al oficial con el que trabaja.
Un sueldo de hasta 1.500 euros con horas extra
Sara explica que tiene un salario fijo y no cobra por jornada. "Mi salario es de 1.200 euros, pero la empresa me permite hacer horas extras. Si hago bastantes, puedo sacar unos 1.500 euros aproximadamente", señala.
Reconoce que el trabajo requiere esfuerzo físico, especialmente cuando toca transportar sacos de cemento o subir materiales por escaleras, pero insiste en que merece la pena porque disfruta de lo que hace. "Cada mañana me levanto con ganas porque nunca hago exactamente lo mismo. Siempre hay algo nuevo y eso evita que el trabajo sea repetitivo."
"Pensaba que por ser mujer no podía hacerlo"
La albañilería sigue siendo un sector muy masculinizado y Sara reconoce que ha tenido que demostrar su capacidad en más de una ocasión. "Algunos creen que por ser mujer no puedes hacerlo. A veces ellos tienen más fuerza, pero nosotras tenemos mucha capacidad", afirma.
También relata que algunos compañeros llegaron a faltarle al respeto, aunque destaca que la empresa siempre la respaldó cuando se produjeron esas situaciones. Su responsable en la obra tampoco escatima elogios hacia ella y asegura que destaca por su actitud y compromiso. "Es trabajadora, pone empeño, no hay que decirle las cosas dos veces y nunca pone pegas", explica.
Sueña con tener su propia empresa
Aunque ahora trabaja como ayudante de albañil, Sara tiene claro que ese no es su techo profesional. Su objetivo pasa por seguir formándose, realizar cursos especializados y, algún día, crear su propia empresa de construcción.
"España te da muchas oportunidades para montar una empresa. Hay que esforzarse, hacer números y trabajar mucho. Yo me veo teniendo gente trabajando para mí", asegura.
También anima a otras mujeres a perder el miedo a profesiones tradicionalmente asociadas a los hombres. "Da miedo empezar porque piensas que no lo vas a hacer bien, pero todo se aprende. Yo no sabía nada de construcción cuando llegué y aquí aprendí. Que se atrevan."
