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Tere vive sola en un pueblo abandonado de Asturias y cultiva y conserva toda su comida: "Esto no hay dinero que lo pague"

Tere vive sola en un pueblo abandonado de Asturias y cultiva y conserva toda su comida: "Esto no hay dinero que lo pague"

Conserva verduras durante meses con técnicas tradicionales heredadas de sus abuelos.

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Tere emplea parte del tiempo en preparar sus conservas para que nunca le falten alimentos.Imagen canal hilux_aventura

Cada vez más personas y familias sueñan con escapar de la ciudad, comenzar una nueva vida en el campo o en un pueblo. Tere lo hizo hace años y optó por lo más radical: vive sola en un pueblo abandonado de Asturias, donde ya no queda ninguna otra casa habitada, y ha convertido la huerta, las conservas y la cocina de leña en una forma de vida que, segú dice, no cambiaría por nada. 

Mientras recoge los últimos arvejos del verano y los prepara para guardarlos durante el resto del año, resume su filosofía en el canal de YouTube hilux_aventura,  con una frase que explica por qué sigue allí: "Pues mucha gente me dice que si estoy loca por estar viviendo aquí en este pueblo abandonado, que no quedan más casas que la mía, pero a mí me da una satisfacción tan sumamente grande estar aquí, en la casa que trabajaron, que hicieron mis abuelos, en la tierra, en el prao que aquí tuvieron mis abuelos, mis bisabuelos… Esto no hay dinero que lo pague".

Una despensa que nace directamente de la huerta

En su casa casi nada se desperdicia. Cuando llega la temporada de las verduras, dedica horas a preparar conservas que le permitirán seguir comiendo productos de su huerta durante todo el año.

El proceso empieza con una norma que considera imprescindible: esterilizar los tarros y las tapas. "Es lo más importante para que no entre ningún tipo de bacteria", explica mientras los saca del agua hirviendo y comienza a llenarlos.

Después prepara una salmuera muy sencilla. "Agua y sal. Por un litro de agua, una cucharada sopera de sal", explica. Esa mezcla le sirve como base para buena parte de las conservas que hace en casa. 

Los arvejos apenas necesitan cinco minutos de cocción antes de pasar al tarro. Luego añade unas gotas de limón, una solución casera inspirada en el ácido cítrico que aparece en muchas conservas comerciales. "Yo soy muy curiosa. Cuando quiero hacer algo, miro también las conservas que se compran y en todas pone ácido cítrico. Bueno, pues eso lo sacamos del limón. Totalmente natural", comenta.

Conservas para todo el año siguiendo las recetas de siempre

La técnica cambia poco de un alimento a otro, aunque cada verdura requiere una preparación distinta. Los pimientos primero se asan y se pelan. Después se conservan con agua, sal, azúcar y vinagre. El repollo hay que picarlo y escaldarlo antes de embotarlo. Las judías verdes llevan más tiempo porque hay que cortarlas una a una. "El proceso es el mismo en todos. Lo que cambia es la preparación", resume.

Una vez llenos los tarros, llega el paso decisivo: eliminar el aire mediante una cocción al baño de agua. "Siempre el tarro cubierto", explica. Los más pequeños necesitan unos veinte minutos y los grandes alrededor de media hora desde que el agua empieza a hervir. Después hay que dejarlos enfriar lentamente para evitar que el cristal se rompa por el contraste de temperatura. 

El resultado acaba almacenado en el hórreo, donde puede conservarse durante meses.

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  Así es la vida en un pueblo donde ya no queda ningún vecino más.Canal YouTube hilux_aventura

Una forma de vivir que no cambiaría por otra

Más allá de la técnica, lo que transmite Tere es una manera de entender el tiempo y el trabajo muy distinta a la actual. Preparar una conserva lleva horas entre recoger la cosecha, limpiar las verduras, cocerlas, esterilizar los recipientes y embotarlas. Ella lo sabe bien.

"Es muy importante querer hacerlo porque esto lleva tiempo", reconoce. Pero no lo vive como un sacrificio, sino como parte de una rutina que le permite depender casi exclusivamente de lo que produce su propia tierra.

La jornada termina como tantas otras en su casa: alrededor de una mesa donde no faltan unas fabes cocinadas lentamente en la cocina de leña, el compango y un arroz con leche preparado también al fuego. 

Mientras sirve la comida, los últimos tarros recién preparados esperan a que se enfríen antes de guardarlos definitivamente. 

Cuando le preguntan por qué sigue viviendo sola en un pueblo donde ya no queda nadie más, no necesita grandes discursos. Le basta con mirar alrededor y repetir la frase que resume toda su filosofía de vida: "Esto no hay dinero que lo pague".

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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