Alexandra Jiménez: "No creo que la comedia esté infravalorada a veces, está infravalorada siempre"
Entrevista con la actriz y con Javier Cámara, que estrenan '53 domingos', la nueva película de Cesc Gay junto a Carmen Machi y Javier Gutiérrez.
Juntar a todos los hermanos en una habitación para resolver sus diferencias puede ser una combinación explosiva. Eso propone Cesc Gay en su nueva película, 53 domingos, en la que Julián (Javier Cámara), Víctor (Javier Gutiérrez) y Natalia (Carmen Machi) intentan reunirse para abordar la situación de su padre, que empieza a tener conductas extrañas fruto del envejecimiento.
La gran impulsora de esta reunión es Carol (Alexandra Jiménez), la pareja de Julián, que disfruta de los conflictos de los hermanos ya que ella es hija única. A pesar de que esas discusiones y rencillas familiares son el argumento central de la película, en el trasfondo comienzan a surgir temas como los traumas o el peso de los cuidados sobre las mujeres de la familia.
De todo ello hablamos con Javier Cámara y Alexandra Jiménez, que reciben a El HuffPost en medio de una intensa promoción en una mañana primaveral en Madrid.
¿Cómo trabajasteis las dinámicas entre vosotros para tejer la relación entre los hermanos?
Alexandra Jiménez: Yo creo que son carreteras diferentes, la de los tres hermanos y la mía que tengo casi más relación con el espectador que con ellos. La relación que tengo con ellos sigue siendo la de una espectadora infiltrada. Hago mis miniaportaciones pero a lo que me dedico es a observar y divertirme porque estoy deseando que se produzca ese encuentro y sobre todo que salten los conflictos. Estoy deseando ver a tres hermanos discutir, lo cual me parece un privilegio y una suerte tremenda porque mi personaje no los tiene.
Javier Cámara: Para nosotros tres, pues bueno, había que diferenciar muy claramente quién era quién. Cuando lees los textos no lo tienes muy claro, las dinámicas familiares cambian mucho. El que es el hijo pequeño igual es el más o menos talentoso, tiene suerte en la vida o no.
Había que decidir un poco qué es lo que Cesc quería, que es lo que cada uno representaba en cada escena, los puntos de giro y, sobre todo, lo que más me gustaba era que ellos se juntan con una excusa perfecta que es a ver qué hacen con papá, que hace cosas que son preocupantes. Y en el fondo son tres hermanos que siguen teniendo diez años y que están discutiendo de las mismas cosas de las que han discutido toda la vida. Eso es lo que me gustaba, que son tres egoístas y que ella —el personaje de Alexandra Jiménez— lo provoca todo para que intenten llegar a un acuerdo y no llegan.
Comentas Javier ese egoísmo de los hermanos. Ellos se pasan media película discutiendo sobre la bombilla mientras pasan cosas más graves, ¿pensáis que esa trama hará que el espectador reflexione sobre lo que es verdaderamente importante?
Javier Cámara: Es una moraleja bonita. Te está diciendo que lo realmente importante en la vida son otras cosas. Si estás pensando en los conflictos de hace 40 años cuando tu hermano te quitó el balón o tú le escondiste la muñeca... Cuando todo es una historia de muchos años de trato tan personal como con tus hermanos, eso no te deja ver lo que tienes por delante. Ella —el personaje de Alexandra Jiménez— es lo que está intentando todo el rato hacer ver: ‘Disfruta de tu hermano, juntos, me encantaría que discutierais porque lo hacéis de maravilla, pero hace mucho que no les ves, ponemos la casa bonita, hacemos una comida rica, qué bonito que te reúnas con tus hermanos’. Y yo le digo ‘tú lo dices porque no tienes hermanos y por eso piensas que es bonito’. Ese conflicto inicial que genera tanta comedia es lindo porque la película lo que te viene a decir es ‘sí, todo lo que quieras, pero la vida va de otra cosa.
Alexandra Jiménez: De otra cosa además que no eres tú mismo. Esa tendencia, esa dinámica de hacer que cualquier conflicto se convierta en un conflicto propio. Esto va de su padre, pero en ningún momento están echando cuentas de que eso va de su padre, se lo llevan a ellos y vuelve a ser cosas de ellos. Y dices, si el problema no está en vosotros, el problema que hay que resolver es otro, y esa dificultad de dejarte a un lado y verdaderamente dar espacio a algo que está más allá de tus problemas y que sí es tu responsabilidad resolverlo.
Es un proceso también catártico para el espectador que va a sentirse identificado, ¿no?
Javier Cámara: Sería bonito que el espectador se sintiera identificado no solamente con el resultado final de lo que pasa, sino con el proceso de esos tres hermanos discutiendo por banalidades y por cosas que en el fondo no son tan importantes pero que para ellos son importantísimas.
Porque es verdad que tú te has formado en una familia, en un entorno y eso te ha generado una forma de ser en la vida. Es muy complicado huir de todo eso. Por eso muchas veces nos vamos a otras ciudades para ser nosotros, la famosa frase de matar al padre o matar a la madre. Llega un momento que tienes que huir de ese entorno porque ese entorno te fagocita. Entonces claro, los tres hermanos a los 50 se juntan para solucionar ciertos problemas y sale toda esa mierda del pasado que es tan divertida.
En un momento de la película el personaje de Natalia (Carmen Machi) se harta de que sus hermanos la traten de histérica y de que ella tenga que asumir todos los cuidados de su padre, en los que ellos ni siquiera reparan, ¿creéis que es importante que se plasme en pantalla que las mujeres son las que han asumido tradicionalmente el rol de los cuidados?
Alexandra Jiménez: Importantísimo que se plasme en la pantalla y en todas las manifestaciones artísticas a las que podamos tener acceso. Es contar algo que está en nuestro día a día y que forma parte de nuestra historia. Se da por hecho una actitud de la mujer que no tiene ni pies ni cabeza cuando lo piensas. Sobre todo en un personaje como ella, que probablemente de los tres hermanos sea la que más trabajo tiene y la que más cosas tiene entre manos porque es la más preparada de todos ellos y la más capacitada para tener una vida, que además le llena y le hace ser una persona muy realizada. Y a pesar de eso es la que tiene que echarse todo sobre la espalda y responsabilizarse porque se ve que en algún momento alguien lo escribió en algún lugar que desconocemos.
Sobre todo también a nivel psicológico, ¿no? Esa carga mental de estar pendiente de todo...
Alexandra Jiménez: La carga de tratar de conciliar, de ser ese elemento que sirva como nexo de unión, calmar las aguas, intentar sujetar los caballos cuando ella también tiene un conflicto muy grande. Hay un momento maravilloso cuando todo eso sale para fuera. Es el personaje que más peso lleva, que más sujeta, que más aguanta y que más fuerza tiene.
Javier Cámara: Y que está haciendo terapia para solucionar todos esos problemas. Los otros dos hermanos son unos inconscientes y están situados en una realidad de la que no se quieren hacer cargo. Ella en cambio va a terapia, está intentando solucionar sus problemas, los de su padre, intentar moderar en ese entorno familiar... Siempre hay alguien que adopta ese rol, que todo el mundo se lleve bien, incluso olvidándose de sí misma.
La película arranca como una comedia pura pero al final da un golpe emocional al espectador, ¿creéis que a veces la comedia está infravalorada cuando la realidad es que puede contar cosas igual de relevantes que un drama?
Alexandra Jiménez: Yo no creo que esté infravalorada a veces, creo que está infravalorada siempre. Creo que no nos damos cuenta del valor que tiene pero yo siempre pienso, a modo surrealista, que a la comedia eso le da exactamente igual y, por lo tanto, nos tiene que seguir dando igual el cómo se valore o se deje de valorar.
Creo que hay una relación directa con el espectador que es pura, es clara, y funciona siempre. Porque toda la carga emocional y dramática que contiene una comedia al espectador le llega de una manera limpia y clara. Luego profesionalmente cómo queramos etiquetar las cosas, darles un espacio o no, creo que forma parte de algo más extraño y estúpido, porque realmente para mí la carga de importancia dramática que tiene una comedia es exactamente igual a la de un drama pero con el añadido de que creo que cambia más las cosas. Cambia más las cosas porque hace que te rías de una situación. Y reírte de una situación, reírte de ti mismo, porque casi siempre te sientes reflejado, es la clave para evolucionar. Para darle la importancia justa y por fin saber colocar las cosas en su lugar. La comedia es importantísima.
El sentido del humor al final ayuda a procesar las cosas, ¿no?
Alexandra Jiménez: Completamente, es que sin sentido del humor la evolución propia no es la misma. Por eso me gusta tanto.
Javier Cámara: El sentido del humor es sinónimo de inteligencia. Poder reírte de ti mismo es ser inteligente, poder observarte en otra circunstancia. Creo que la ironía, el sentido del humor, dice quién eres y cómo eres de listo frente al mundo. Las películas que más me fascinan son comedias pero me han hecho llorar también. No sé cómo catalogar esas películas, hay veces que la gente se está riendo y yo estoy llorando a la vez.
La comedia es como si te tomas un zumo de naranja natural con todo el azúcar y te va directamente al riego sanguíneo y te pega un subidón y no has pensado en que te ha llegado directo y que parece muy fácil ese proceso. La comedia la gente la deglute de una forma muy fácil, te ríes, pero luego se va quedando, vas pensando... Es fácil de ver, pero es muy difícil de hacer. Los que hemos hecho comedia a veces nos sentimos como 'jo, la gente ve esas películas y no les da importancia', pero es que están hechas para que no les des la importancia porque el humor intenta hacerlo todo desde una forma fácil. Pero yo creo que sí se valora la comedia, sobre todo en la profesión. Hay muchos directores que saben que es muy difícil hacer comedia, y muchos actores también. Hay que ponerla en su lugar.