Eduardo Fernán-López, la revelación de la novela negra gallega: "Donde hay mucho dinero hay mucha picaresca y la picaresca en este país suele terminar en corrupción"
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Eduardo Fernán-López, la revelación de la novela negra gallega: "Donde hay mucho dinero hay mucha picaresca y la picaresca en este país suele terminar en corrupción" 

El autor de 'El balanceo del Alacrán' denuncia la corrupción naviera en su novela, cuya idea le surgió tras la tragedia del Villa de Pitanxo.

El escritor Eduardo Fernán-López, autor de 'El balanceo del Alacrán'.EL HUFFPOST

El balanceo del Alacrán (Destino) es una novela marinera que huele a humedad, sabe a sal y destila injusticia. Y eso que su autor, Eduardo Fernán-López, pasó sus primeras décadas de vida en la meseta: nació en Villalpando (Zamora) y estudió Historia del Arte en Valladolid, allí donde el mar es para los niños y jóvenes poco más que un familiar lejano y divertido al que sólo se visita en verano.

Fernán-López, que vive desde hace unos lustros en Vigo y al que los críticos consideran por esta obra una de las grandes revelaciones de la novela negra gallega, dibuja en su libro un mar muy distinto: el campo de juego de unas casas armadoras que operan a sus anchas, muchas veces contaminadas por corruptelas y donde dan rienda suelta a los comportamientos humanos más rastreros para desgracia de sus víctimas, los marineros.

La historia que el escritor cuenta en El balanceo del Alacrán, que es su segunda novela tras La dentellada, tiene su inspiración en una tragedia muy real: el naufragio del pesquero gallego Villa de Pitanxo el 15 de febrero de 2022 en aguas de Terranova (Canadá). Fallecieron 21 de los 24 tripulantes y se convirtió en la mayor catástrofe de la flota pesquera española en los últimos 50 años. A partir de ahí, Fernán-López dibuja una historia ficticia de intriga con una altísima carga de denuncia social.

Eres zamorano. Has vivido en Valladolid, en Argentina, en París, en Cádiz, en Portugal y ahora en Vigo. Los críticos literarios ya te catalogan como una de las voces emergentes de la novela negra gallega. ¿Ser de fuera da una perspectiva mejor para contar cómo es un lugar que alguien que solo ha vivido allí?

Te da una perspectiva diferente, no sé si mejor. Porque tú llegas de nuevo y absorbes las cosas de una manera distinta. Por ejemplo, los sonidos. El título del libro, El balanceo del Alacrán, tiene mucho que ver con ese sonido que hacen los barcos que están en el Peirao del puerto de Vigo, estos barcos enormes que se pasan allí muchos meses del año hasta que salen a faenar y que están en constante movimiento. Ese balanceo hace un ruido que la gente que se ha criado allí no lo siente. Sin embargo, los que hemos venido de fuera tenemos esa apreciación diferente y nos marca. Posiblemente la gente de Zamora, la gente de Valladolid, tenemos cosas que damos por sentadas y que a los de fuera le llamará mucho la atención también. 

La tragedia del Villa de Pitanxo es la mecha a partir de la que se te ocurre la novela, en la que hablas de cosas más generales como la corrupción naviera, la falta de humanidad que hay en ese mundo. ¿Qué te has encontrado en ese mundillo al documentarte? Te hiciste con 400 páginas de documentación que habrán dado para mucho. 

Es curioso porque hay ciertas empresas que todos sabemos quiénes las manejan. Están incluso en la prensa rosa. Todo sabemos, por ejemplo, quiénes mueven los hilos del sector textil. Pero en el mundo marinero, en el de las casas armadoras, se mueve tanto o más dinero y nadie sabe ni los nombres de las familias ni dónde viven. Eso emerge a la superficie con una tragedia, que es como comienza la novela. Yo parto de un caso real, el hundimiento del Villa de Pitanxo, pero no es una novela sobre el Villa de Pitanxo, sino que parte de ese hecho real y saca a la luz una serie de corruptelas, de malas praxis, casi instauradas desde el inicio de los trabajos marineros. Porque, al final, donde hay mucho dinero hay mucha picaresca y la picaresca en este país suele terminar en corrupción.

¿Fue fácil que gente del mundo del mar hablase?

De primeras me costó mucho. Son gente desconfiada. Parece que el sector marinero en Galicia es muy amplio, enorme, pero está muy reducido. Son las mismas empresas o muy amigas o diferentes ramificaciones de las mismas empresas y la gente tiene miedo a hablar. Hay una especie de omertá: el que hable con la prensa, con un escritor, el que denuncie públicamente que algo se hace mal, esa persona automáticamente está tachada de por vida. Él y sus familiares. El venir de fuera también me ha permitido que se abran, que me cuenten, que me expliquen. Y terminan todos con la misma frase, que a mí fue lo que me espoleó a escribir: 'Yo esto no te lo he contado. Yo no quiero que aparezca mi nombre'. 

Con todo eso creaste una historia de ficción.

Creé una gran bola ficticia con muchas bolas reales. Quité muchísima información porque me interesaba que la novela avanzase y que quedase claro lo que yo quería contar: esos claroscuros que tiene este mundo y que parece que no los vemos porque vivimos ajenos a él. Sabemos de dónde viene el pescado, que hay un gran puerto en Vigo, que hay mucha gente que se dedica a eso, pero no sabemos más. Muchos marineros se quejaban de que, pese a que Vigo tiene uno de los grandes puertos del Atlántico, la mayor parte de la población viguesa vive de espaldas al puerto. 

Llama la atención lo que dices de que hay una especie de omertá. Después de publicarse la novela, ¿has recibido amenazas o gente que te ha dicho: para qué cuentas esto?

Todo lo contrario. Al final es literatura. Yo soy muy fan de Roberto Saviano y utilizo un poco su forma de trabajar: parto de la realidad pero la paso por un tamiz, que es la literatura. Hay gente que se puede dar por aludida, pero esos son los que lo hacen mal. Entonces no van a venir a decirme nada. Cuando aparece esa denuncia social, que yo creo que la novela negra es necesario que la tenga, aparecen personas que vienen a las presentaciones y se sientan atrás, no hablan, mueven la cabeza dándote la razón y cuando terminan vienen a hablar contigo. Son marineros y no te echan en cara nada. Al contrario, te agradecen que hayas puesto voz a algo que todo el mundo sabe pero que nadie se atreve a contar. 

¿Has podido hablar con familiares de las víctimas del Villa de Pitanxo? ¿Cómo han reaccionado?

Yo escribí la novela sin saber si se iba a publicar, escribí lo que quise y como quise. Cuando sale y me enfrento a los medios, todos los lectores asumen que me baso en el Villa de Pitanxo y me parece bien porque es el punto de partida y el libro es un homenaje a todas las víctimas que han perdido la vida en naufragios. Pero entonces me encuentro con el primer y único miedo porque yo hasta ese momento no he hablado con las víctimas porque es un caso judicializado y hay que respetar, era muy reciente y hay que respetar el dolor de las personas y porque estoy seguro de que, si hubiese hablado con ellos, la novela hubiese tenido otro cariz. Ese miedo que tenía yo de cómo se iban a tomar las víctimas la novela se fue esfumando cuando en las primeras presentaciones aparecieron mujeres, hijas.

El lector, cuando acabe de leer este tipo de novela negra, va a tener un nuevo superpoder: una visión crítica de la sociedad
Eduardo Fernán-López

¿Qué te cuentan?

Todas vienen con el libro, agradecidas de que me haya atrevido a denunciar ciertas cosas que ellas vienen denunciando de manera constante y que les ha costado la vida a sus familiares. Vienen agradecidas también a la editorial porque un sello como Destino haya puesto la historia en medios y en todas las librerías del país. Necesitaban que alguien les tendiera una mano. Han estado arrinconadas, apartadas y han encontrado que una persona que pasaba por allí ha plasmado sus denuncias y está llegando a muchos lectores. Para mí ese es el mayor premio que me ha dado esta novela. 

Contabas antes que los marineros se quejan de que Vigo vive de espaldas al mar. ¿En qué se nota eso?

Tú hablas con la gente y te das cuenta de que tienen ciertas visiones que, cuando entras en el puerto, esas visiones son diferentes. Lo que para nosotros era sorprendente, como que un barco se hunda en minutos y no haya forma de rescatar a nadie, cuando entras en el puerto te das cuenta de que todos sabían que algo así iba a pasar tarde o temprano porque se paga a gente para que no se pasen los controles, que las barcas salvavidas llevaban años sin pasar ningún tipo de inspección, que los marineros no contaban con trajes de supervivencia de su tamaño... El puerto de Vigo no es un puerto abierto y es un mundo cerrado. Entra mucha mercancía y no toda legal. El mundo marinero ha sido el motor de Vigo y no es un tema tabú, porque la gente habla, pero la gente habla sin saber porque cuando llegas a la puerta no te permiten entrar y lo que pasa en el otro lado es muy difícil saberlo. 

¿A espaldas de qué más realidades se vive en Galicia?

A ciertas cosas que todos conocemos. Mi siguiente novela habla del tema de los incendios forestales, de esta mafia forestal que está tan institucionalizada que todos damos por hecho que es algo normal, pero no lo es. También al narcotráfico, que es un tema cliché, pero está ahí. Todos sabemos que está ahí, pero vuelve esa omertá, ese miedo a denunciar, a lo que nos pueda ocurrir. 

Hay una especie de omertá: el que hable con la prensa, con un escritor, el que denuncie públicamente que algo se hace mal, esa persona automáticamente está tachada de por vida
Eduardo Fernán-López

Has dicho antes que crees que es necesario que la novela negra sea denuncia social. ¿Tienes mucho y muy variado material en ese sentido en Galicia y en Vigo?

En novela negra lo que tienes que contar es lo que te rodea. No hay nada más universal que lo que te rodea. Y Vigo es un lugar donde están todos los ingredientes: un gran puerto, una ciudad que ha crecido muchísimo pero que sigue siendo accesible, donde los barrios funcionan como pequeñas ciudades interrelacionadas, un lugar que tiene una ría viva, un lugar muy turístico como las Cíes que hace que venga mucha gente, que tiene una industria potente que hace que haya mucho movimiento de personas... Además, tiene lo rural y lo urbano totalmente mezclado. Y una cosa imprescindible: una frontera a tiro de piedra y a una hora tienes una gran ciudad como Oporto con un aeropuerto internacional con el que puedes plantarte en cualquier parte del mundo. Puedes cometer un crimen en el centro de Vigo y en dos horas estar volando en Brasil. 

¿Qué es para ti la novela negra?

La denuncia social es imprescindible. Pero también es memoria. Sirve para la memoria colectiva e individual que se difumina en el tiempo. Con la novela negra la puedes recuperar. Además, ofrece una herramienta al lector. Cuando acabe de leer este tipo de novela negra, va a tener un nuevo superpoder: una visión crítica de la sociedad. Yo le ofrezco una herramienta, unos ojos con nuevas dioptrías para enfrentarse al mundo que le rodea con otra visión que le ayude a discernir lo que es verdad y lo que es mentira de esa realidad que nos quieren imponer u ocultar. 

"No hay nada más universal que lo que te rodea", has dicho. De eso fue ejemplo Domingo Villar, escritor fallecido en 2022, que está muy presente en la novela, en la que incluso incluyes un homenaje a él. ¿Qué supuso él para la novela negra gallega?

Es el padre. La novela negra gallega nace en los 70, pero era otro tipo. Era una novela que había importado los clichés del cine americano, de la novela negra americana. Domingo nos abrió la puerta a todos los que hemos venido después porque toma su ciudad y descentraliza la novela negra, que hasta los 2000 era solo Madrid y Barcelona. Crea un personaje que es un poli normal, con sus problemas vitales como todos pero que no le arrastran a la locura. Es una persona pausada, que observa, que se recrea pensando, que le gusta la gastronomía. Una persona normal. Y fue el que abrió la puerta. Yo, si hace 20 años hubiera ido con esta novela a una editorial como Destino, seguramente no la habrían aceptado. Sin embargo, desde que Domingo Villar creó al inspector Leo Caldas, Galicia no sólo está en el punto de mira literario de las editoriales, sino del resto de producciones. Se está grabando muchísimo en Galicia.

Tú le conociste de cerca. ¿Qué consejos te dio?

Uno que yo apliqué en esta novela porque ya estaba trabajando un poco en esta historia. Yo lo apliqué y creo que ha funcionado. Me dijo que en toda novela, por muy amplia que fuera, tratara cada capítulo como un relato independiente, con una presentación, un cuerpo, y un desenlace que no quedase cerrado, que quedase abierto para dar paso al siguiente. Yo lo puse en práctica y creo que ha beneficiado mucho a la novela. Tengo otro consejo que me dio hace muchos años Manuel Rivas: "Para escribir un poco hay que leer mucho y caminar más".

¿Caminas mucho?

Sí, porque es la forma de ir colocando las tramas. Tengo más o menos claro lo que quiero escribir, lo que quiero contar y dónde quiero situarlo. Y cuando estoy escribiendo voy a ese lugar y absorbo todo, los sonidos, las sensaciones, la humedad, el ambiente, las frases de los vecinos, los ruidos. Y, cuando te sientas a escribir ese capítulo, en realidad estás narrando una escena cinematográfica.

En novela negra lo que tienes que contar es lo que te rodea. No hay nada más universal que lo que te rodea
Eduardo Fernán-López

¿En qué punto está esa nueva novela que estás preparando sobre lo que llamas la mafia forestal?

Saldrá con Destino la primavera próxima. Sería la segunda parte de esta saga con los mismos protagonistas pero que se podrá leer independientemente de la primera porque el plan es que el lector que llegue a la segunda pueda enterarse sin haber leído la primera. Trata desde dentro otro tema que en Galicia vivimos de espaldas a él aunque lo sufrimos constantemente, que es la cultura del fuego, esa mafia constante forestal que está ahí, latente, que todos sabemos lo que esconde, lo que mueve y qué intereses tiene, por qué arde el monte en determinados momentos del año. Hay fuegos que son inevitables como hay naufragios que son inevitables, pero una gran cantidad de ellos son evitables. Es más, es que son provocados. También parte de un hecho real: los fuegos que en 2018 arrasaron todo el Parque Forestal de Vigo y de Nigrán. 

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Subdirector de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid, trabajó en El Día de Valladolid, en El País y en Los 40 como jefe de redes sociales. En El HuffPost ha ocupado varios cargos desde 2012, como responsable de fin de semana y jefe de Virales. Ha escrito una novela: 'Agua Pasada', con ediciones Maeva.

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