"Todavía no sé decirte qué resorte tocamos": 30 años de 'Omega' el disco con el que Morente y Lagartija Nick sellaron un "nuevo testamento" del flamenco
El Festival de la Guitarra de Córdoba acogerá la primera fecha de este 30º del disco de Enrique Morente y Lagartija Nick sobre las letras de Federico García Lorca y Leonard Cohen.

Siguiendo el alfabeto griego y, en lo religioso, Omega es el final. A nivel astronómico, es una estrella o un cúmulo estelar dentro de una constelación. Pero a nivel musical, marca el inicio de una nueva era y sí, también supone el cúmulo de estrellas que se alinearon para generar en 1996 el disco con ese título, lo que supuso el inicio de una nueva era en el flamenco, el rock y, en muchos aspectos, la música nacional. Todo, tomando la poesía de Federico García Lorca y Leonard Cohen y haciéndola viajar de Granada a Nueva York.
Aunque 20 años antes Camarón de la Isla ya había puesto patas arriba la escena flamenca con su Leyenda del tiempo (1979), incluyendo instrumentos eléctricos y propios de otros géneros en un momento en el que el flamenco continuaba siendo purista, Enrique Morente y Lagartija Nick dieron un paso más con ese Omega, el disco para el que tomaron los poemas de Leonard Cohen y Federico García Lorca, uniendo así la alta cultura y música popular, tradición y vanguardia. Pero también Granada y Nueva York.
Como un golpe, ese Omega (Poema para los muertos) que abre el disco rompe como toda una declaración de intenciones de lo que posteriormente se conocería como flamenco experimental contemporáneo. 10 minutos de pura liturgia en la que los quejíos de Morente acaban rompiendo en una psicodelia rock con toques apocalípticos. Pero no solo este tema ha trascendido en los anales de la música, también lo han hecho ese Pequeño vals vienés o Aleluya, donde reinterpretan a Cohen de una forma rupturista llevándolo a la seguiriya y desmontando las estructuras tradicionales.
Este trabajo cumple este 2026 30 años, con una perspectiva muy distinta de la que se tenía entonces. Fue visto como demasiado rupturista entre flamencos, pero también entre rockeros, que no acogieron especialmente bien este trabajo. Bruno Galindo, autor de Omega biografía oral el mítico disco de Enrique Morente y Lagartija Nick (Lengua de trapo), definió el proyecto como "un salto al vacío sin titubeos". Y, desde luego, lo fue. "Yo me quedé sin grupo... Enrique también", recordó Antonio Arias al hablar del disco.
Sin embargo, Ana Linares, directora del Festival de la Guitarra de Córdoba, donde se estrenará el 11 de julio este espectáculo de la mano de Lagartija Nick y el hijo de Enrique Morente, el cantante Kiki Morente, recuerda a la perfección cómo fue una de las primeras interpretaciones en directo de este espectáculo, en el mencionado certamen en la edición de 1997, en el Gran Teatro, años antes de que se repitiera en 2009 ya en el Teatro de la Axerquía.
"Recuerdo tan bien aquello, incluso hasta dónde estaba sentada, porque el teatro estaba llenísimo", recuerda a El HuffPost. "Aunque se lea por ahí que la acogida no fue muy calurosa entre el público cordobés o los que vinieran de fuera llenaron el teatro entero", detalla.
Entre ellos, había algunos rostros puristas que quedaron fascinados ante esta conjunción. "Es curioso porque pude ver de primera mano la reacción del magnífico guitarrista clásico Manuel Barrueco, que estaba ese año en el festival. Era digno de ver y de admiración cómo le gustó aquella propuesta. Fíjate, y era un guitarrista clásico viendo aquella propuesta tan novedosa, que no podías encuadrarla dentro del flamenco tradicional ni del rock. Quedó alucinado con esa mezcla", señala.

Un disco que marcó la historia de la música, incomprendido en su momento
Antonio Arias, líder y vocalista de Lagartija Nick, recuerda que entonces eran conscientes de que estaban haciendo algo inédito. "En aquel momento éramos conscientes de que estábamos en un proyecto que nos encendía mucho, que nos motivaba mucho y como que teníamos que dejarlo todo de lado para abocarnos en ese proyecto vital", recuerda a El HuffPost.
Para él, la clave era esa simbiosis que se producía al juntarse con Enrique Morente, una unión en la que "todo cambiaba". "Lo que oíamos era un sonido que no habíamos sentido ni escuchado nunca. Eso nos motivó a que estuviésemos creando sin cesar desde el primer momento y nos alejásemos del mundo alrededor", señala.
Arias recuerda que, tras superar los problemas a los que se enfrentaron para publicar el disco, vieron que "habían dado en hueso". De hecho, llevó a que se sumaran al proyecto referentes de la banda de rock alternativo estadounidense Sonic Youth.
"No sabíamos en cuál, pero sí habíamos dado en hueso, porque se lio una muy fuerte en el mundo flamenco, en el mundo de rock, se ignoró totalmente. Y dices 'bueno, pero ¿esto por qué?' Y todavía nos lo seguimos preguntando. Tenemos algunas claves, pero ni 30 años después podría yo decirte exactamente qué resorte tocamos para que pasase lo que pasó", recuerda.
Lejos de tener una "receta secreta", asegura que mantenían una "fascinación" con un proyecto que, más allá de adaptar poemas de dos grandes poetas como Lorca y Cohen como hicieron tradicionalmente algunos autores como Joan Manuel Serrat con Miguel Hernández y Antonio Machado, presentó un sonido rupturista para el que el "mundo no estaba preparado".
"Hoy día dices, ¿qué sería aquello? ¿Fue racismo, fue desinterés, fue que estaban con lo del indie, fue que estaban en la playa? Todavía no sabemos qué es lo que le pasa a la gente", bromea Arias, quien asegura retomar este proyecto junto a otros nombres como el bailaor Israel Galván y el hijo de Enrique Morente, Kiki Morente, con gran ilusión.
Para el propio Kiki Morente, "Omega fue una de esas puertas de las que se abrieron por las que muchos queremos entrar". Además, recuerda que es un disco que "siempre ha estado presente, siempre lo compartimos, lo tenemos interiorizado, y siempre hemos querido revivirlo" en su familia. "Se volverá a hacer de alguna u otra manera, y luego la hará otra familia, o algún sobrino, algún nieto, alguien de la familia de Enrique, porque es un trabajo que da para mucho", enfatiza.
Sobre si su padre, fallecido en 2010, se veía a sí mismo como el genio que generó un proyecto tan rompedor y como una de las figuras claves del flamenco, Kiki no lo duda: "Creo que cuando uno lo es, no sé para pensar en si lo es o no. Se es y ya está, creo que eso se tiene, y cuando tú realmente lo eres, estás más preocupado de revolucionarlo que de pensar e si lo eres".

Un proceso integrado con los Morente con Granada como eje
Ese proceso de creación del disco pasaba por la propia Granada que vio a Lorca por sus calles, pero también el entorno de Morente, ya que convertía el estudio de grabación, su casa y su familia en partícipes de sesiones maratonianas de creación en la que se abordaba el proceso como una colectividad.
"Esas sesiones era arrojarse todo el mundo sin pies ni suelo el que estábamos. El poema Omega surgió de la mano de mi hermano Jesús como base de nuestra colaboración. Enrique ya estaba haciendo versiones de Leonard Cohen, nosotros al mismo tiempo íbamos a presentar nuestro disco Su... Todo iba creciendo", detalla Arias sobre el contexto en el que se generó este disco.
"Era como un proyecto SETI [por sus siglas en inglés, Search for Extraterrestrial Intelligence, con el que se busca vida inteligente fuera de la Tierra] en el que están todas las antenas de muchísimos sitios distintos y que cuando se ponen a enfocar un punto del universo, reciben señales que no pueden descifrar", señala el líder de Lagartija Nick.
Aunque sus interpretaciones y las de Morente son las más notables y recordadas sobre los versos de Cohen y Lorca, en ese disco también estaban presentes otros grandes del flamenco como Tomatito, Montoyita o el guitarrista Vicente Amigo. "Eran muchísimas antenas que estaban recibiendo una señal muy parecida", recuerda.
Pero el influjo de Granada no fue casual. Y es que un entorno que ha visto nacer a bandas como 091, a Miguel Ríos, a Los Planetas, a Niños Mutantes o a más recientemente La Plazuela, Dellafuente, Lola Índigo o La Zowi es un referente de la creación artística y su conjunción es todo un misterio. "Hay teorías, que si el agua, que si el fondo del río Darro, que si la gravedad es menor, que si la gravedad es mayor... Es lo mismo que Omega, algo tiene que haber, que no sabemos exactamente qué es", bromea Arias.
Lo que sí tiene claro es que el proceso creativo que se forjó fue fundamental en ese sonido especial. "Las sesiones eran hasta las tantas de la mañana, nos metíamos en un pequeño estudio y se convertía en un todo. Enrique era muy excesivo trabajando, no había fecha final, pero al mismo tiempo era algo que acababa tarde, pero el tiempo no pasaba", recuerda sobre esas sesiones.
"Su familia nos dejaba trabajar, Aurora [Carbonell] se llevaba a los niños. Pero en la tertulia también, aunque pareciera que estábamos bebiendo, estábamos trabajando. Ahí se juntaba Luis García Montero, mi hermano, que también era una orientación muy útil a lo que estábamos haciendo... Todo se nutría de todo", recuerda.
De hecho, apunta a que este proyecto es fruto a una forma de creación muy distinta de lo que se puede generar hoy en un camp de composición o en las colaboraciones propias del streaming o la industria del género urbano.
"Era todo muy distinto a lo de hoy porque esa escena en la que te juntas, por ejemplo, en la tertulia, con poetas, profesores de la universidad, directores del cine como José Sánchez Montes, rockeros colgados y sin colgar, flamencos, jugadores de ajedrez, poetas... Era tremendo, tremendo. Eso es una escena granadina absolutamente única, porque se habla mucho de la música, pero el comportamiento y la función ecléctica del trabajo unía muchísimo", señala.
Kiki Morente, que entonces tenía 7 años, cogió en una de esas sesiones el bajo de Antonio Arias, el primer instrumento eléctrico con el que tuvo contacto, correteaba entre las sesiones y era consciente de lo que allí se gestaba.
"Me acuerdo de vivirlo de una manera muy divertida, que algo diferente estaba pasando. Yo veía a mi padre hacer algo diferente a lo que estaba acostumbrado a ver, salirse de los cánones un poco del cantaor por excelencia y formar ese taco de sonidos y de mezclas", señala. "Con Lagartija, cuando nos quisimos dar cuenta, todos éramos rockeros", bromea sobre la influencia que tuvo en los Morente.

De Rosalía a La Plazuela: la influencia en un flamenco posterior
Aunque se habla de toda una revolución del flamenco en los últimos años y que va desde grupos como La Plazuela, Califato 3/4 a cantaoras como Ángeles Toledano, guitarristas como Yerai Cortés, bailaoras como Carmen Avilés, se ha hablado largo y tendido de una nueva escena de la que Rosalía habría sido el máximo exponente internacional. Sin embargo, sin Omega la escena habría sido muy distinta.
"Incluso todavía en la actualidad hay mucha reticencia también con el flamenco en innovar, pero hay que ser valientes y hay artistas actuales que están siendo muy valientes porque eso es lo que está ayudando también", recuerda Ana Linares, directora del Festival de la guitarra de Córdoba, quien apunta a que desde el flamenco las innovaciones han llegado de nombres como Maite Martín, Manolo Sanlúcar o José Mercé y, por supuesto, de Camarón.
"Es cierto que el flamenco está en continua evolución, es el género que más ha evolucionado en poquito tiempo, porque tampoco tiene una historia tan larguísima, y tendrá que seguir haciéndolo porque hay gente joven que está apostando por las nuevas armonías, por indagar... Todo influye por pequeña que sea la aportación de cada artista, siempre y cuando sea de calidad y sea bueno, es positivo para el arte", recuerda Linares.

A Arias le gustaría "pensar que sí", que hay relación directa con algunos de los nuevos artistas. Pero también lo mira con la humildad del rechazo que generó. "Omega también bebe del rock andaluz, Enrique había colaborado con Guadalquivir, estamos hablando de una escena muy importante que también está presente en ese disco. Quiero pensar que hay otro ladrillo en esa construcción, en ese Minecraft de la música nacional y mundial, ya que Omega también juega en otra liga", apunta.
Arias asegura que si el disco hubiera salido hoy día, habría tenido "quizá la repercusión que nosotros esperábamos". "Esperábamos una revolución musical en aquel momento, pero ahora sí que tiene las generaciones jóvenes que tanto miran en tantas direcciones eclécticas y tradicionales. Por ejemplo, La Plazuela, toda esta generación sí lo entiende muy bien porque no tratan de imitarlo o de entenderlo, sino simplemente disfrutarlo y vivirlo. Creo que Dellafuente también en algunas giras usaba la canción Omega como sintonía. Eso sí lo noto", recuerda el líder de Lagartija Nick.
"No es que te asíes en el disco para imitarlo, sino qué dice, qué te dice, quién te lo dice y hacia dónde te lleva. Y, por supuesto, está hecho con un maestro, un genio así de largo", recuerda. También señala que el auge de las creaciones sobre la figura y la obra de Lorca también habrían servido de cobijo para esta creación rompedora.
"Lorca nos ilumina solo en el mundo de la ruptura, más allá de ese poemario que es principal en el disco, pero no es todo, que es Poeta en Nueva York. No es un movimiento surrealista, es un movimiento rupturista, es un movimiento que te lleva al límite de tus fuerzas", recuerda Arias.
Ahora, el conjunto granadino volverá a poner este Omega entre otras citas, en el 45º aniversario del Festival de la Guitarra de Córdoba como símbolo de una de los proyectos que más han marcado la historia del certamen. Esta vez en la voz de su hijo Kiki, en un homenaje que, tras muchos ensayos, abordan con la ilusión de revitalizar un disco que, tal y como recuerda Morente, "siempre ha estado ahí y está más vivo que nunca".
