Málaga, la ciudad con un hotel en llamas que se manifiesta por cuarta vez por la vivienda: "Nos desplazan para que los ricos se diviertan"
"Somos un laboratorio neoliberal que nos va a esquilmar hasta que todo quede en ruinas y con una economía de monocultivo", denuncian los vecinos.

Lo cotidiano puede ser un mito y Málaga ha encontrado el suyo para hablar del problema de la vivienda y del sobreturismo: un hotel del centro lleva más de un mes en llamas. No es una exageración; el edificio echó a arder a finales de mayo y a pesar de las labores de los bomberos, el incendio sigue reavivándose cada varias madrugadas.
Con ese hotel en llamas como telón de fondo, los vecinos de Málaga se manifestarán (por cuarta vez) contra los precios de la vivienda. "Ni alquileres por las nubes ni salarios por los suelos". Ese es el lema de la protesta que arrancará este sábado a las 11:30 en la céntrica Plaza de la Merced. Convoca el movimiento de la vivienda (Málaga para Vivir, Sindicato de Inquilinas, Techo por Derecho y otros colectivos), que recoge el testigo de manifestaciones como la de Madrid el pasado 24 de mayo.
Carmen Arcas, portavoz de Málaga para Vivir, confirma a El HuffPost la urgencia de citas como la de este sábado: en la ciudad se están dando dos desahucios a la semana y la organización vecinal celebra cada vez más asambleas en los distintos distritos de la ciudad. "Sabemos que hay muchos barrios en los que no se puede vivir porque están prácticamente llenos de turismo".
Los datos lo avalan. Málaga capital ha experimentado un boom turístico y un proceso de encarecimiento de la vivienda que se ha podido observar principalmente en la última década. En cuanto al alquiler, Málaga ya ha desbancado a Madrid como la segunda provincia más cara del país, según los datos del primer cuatrimestre de 2026 de ARRENTA SABSEG.
Según el INE, el precio de arrendar una vivienda ha subido un 32% en menos de una década. Pero detrás de los datos hay, como siempre, personas.
No solo los precios: "Aunque tenga el dinero no me dejan"
Personas como Marta Gámez, empleada de farmacia. "Lo único que se encuentra en Málaga capital son habitáculos de 40 metros cuadrados que rozan lo inhumano, con una cocina casi existente y un precio de 1.000 euros", resume en declaraciones a El HuffPost. A sus 34 años, esta malagueña comparte piso con dos personas más: una de 35 años y otra de 40. El precio de cada habitación es de 500 euros.
Y la dificultad no reside únicamente en los precios. Los requisitos a la hora de acceder a una vivienda se han convertido en un desafío. "Para poder alquilar tienes que pasar un casting donde solo falta donar tu sangre", expone Gámez, que también critica a las inmobiliarias por "cobrar un mes de garantía". Se refiere a los honorarios que ya no pueden cargar al inquilino, pero que disfrazan con otro concepto para esquivar la ley.

Algo similar le sucede a Álvaro Campoy, un joven de 28 años. "Llevo seis meses buscando piso en Málaga para alquilar, y lo que peor llevo es que pidan trabajo fijo". Campoy trabaja en el mundo del cine, vive con los trabajos que le van saliendo. "Aunque tenga el dinero no me dejan alquilar una casa porque me piden un contrato fijo de más de tres años cobrando más de 3.500 euros al mes. Alquilar ahora es como pedir una hipoteca".
Siendo las condiciones tan complicadas, no es de extrañar que muchos opten por marcharse y empezar una nueva vida en otra ciudad. Es el caso de Julio de Manuel Écija, periodista de 30 años que lleva residiendo en Madrid desde 2022. "Yo no me marché de Málaga, la ciudad me expulsó", lamenta. Asegura que en su ciudad natal "no podía ni soñar" con un contrato indefinido.
"Nos desplazan para que los ricos vengan a divertirse"
La situación actual no es, por lo tanto, un problema sobrevenido o una circunstancia que nadie pudiese esperar. Aún así, las instituciones locales no hacen nada por evitarlo. "Las casas que se construyen son bloques de apartamentos de ricachones", subraya Julio de Manuel, que también apunta "a las reformas de pisos que se convierten en vivienda turística". Este periodista considera que ha sido "desplazado para que una persona mucho más rica venga del extranjero para divertirse en su jubilación".
En ello coincide Sixto Martín, de 29 años, trabajador de instituciones culturales además de cantante y guitarrista en una de las bandas con más proyección de la ciudad, La Trinidad. Recibe el nombre del barrio en el que el propio Martín reside, y saca a colación el caso del hotel en llamas para recordar que el "modelo" de ciudad que se impulsa en Málaga no se esconde, "va a pecho descubierto". "Hemos sido un laboratorio neoliberal en el que se nos esquilma hasta que todo quede en ruinas".
"La situación de Málaga se define bien con el hotel en llamas, un hotel que se levantó dando la espalda a los barrios de La Trinidad y El Perchel, dándoles sombra y quitándoles las vistas al río. (...) Si no fuera un símbolo suficiente un hotel en llamas, ya se habla de que se reemplazará por otro de cuatro o cinco estrellas", incide Martín. "Lo están haciendo todo en nuestra puta cara, es un modelo que impulsa el PP de Málaga y que ha encontrado barra libre desde que el PP está en la Junta. Han pisado el acelerador".
La Trinidad, la banda de Sixto Martín, acaba de estrenar dos sencillos: uno homenajea la decadencia de una plaza atestada de terrazas con turistas. "Hay lenguas que no entiendo / entre guiris y borrachos". El otro, titulado La Trinidad no paga traidores, es un tiro directo. "No hay tanto piso para tanto guiri. / No hay tanta fiesta ni tanta cerveza. / No tengo sitio para estar tranquilo, / ni una silla libre para mis amigos".
Un modelo que enfrenta a generaciones y clases
Al igual que unos malagueños se marchan, otros optan por regresar: "Tengo 32 años, estuve trabajando en el extranjero para tratar de ahorrar un poco, pero cuando llegué a España con lo que ganaba tampoco me daba para independizarme", detalla Carmen, que trabaja como relaciones públicas y organizadora de eventos. Ahora vive con sus padres porque quiere ahorrar para comprar, pero no es optimista: "Con la capacidad de ahorro que tengo, a lo mejor para cuando me jubile puedo comprarme un estudio".
También señala a los extranjeros acaudalados como uno de los elementos que tensionan el mercado. "Tienen dinero que traen de sus países de origen para comprar casas, y después especulan con ella poniendo un alquiler alto", critica.
Así, se generan estampas tan estrambóticas como la que aprovechó @manoletus.internet, que en dos días ha generado más de 170.000 visualizaciones con un vídeo que compartió en Instagram. En él, se ve a este profesor de la Universidad de Málaga dirigirse a la cámara alertando de que "así habían amanecido las playas tras la noche de San Juan".
Lejos de aparecer las estampas de la arena repleta de basura, lo que se ve es un mapa con los precios de compraventa de vivienda, todos por encima del medio millón de euros. "Me parece una vergüenza, se han perdido los valores", continúa. Manolo García, la persona detrás de la cuenta, explica que grabó el vídeo cansado de "cómo desde los medios se criminaliza y estigmatiza a unos jóvenes cada vez más machacados".
"Es la consecuencia de un modelo basado en la competición de todos contra todos, de enfrentar a unas generaciones con otras para no mirar a dónde hay que mirar. Me encantaría que este sábado saliéramos todos a las calles para recuperar los derechos que estamos perdiendo", ratifica.
¿Dejar solo la capital? Misión imposible
¿Y la opción de buscar vivienda en otro municipio de la provincia? También imposible, a tenor de los datos. Aunque en otros estudios es la segunda provincia más cara, para el Índice Inmobiliario Fotocasa el precio medio del metro cuadrado (17 euros) solo lo superan Madrid, Baleares y Barcelona. Además, es la provincia con más viviendas turísticas, según el Instituto Nacional de Estadística.
Salir a la provincia es la primera opción de aquellos que son expulsados de la capital pero no quieren marcharse lejos, y también de los malagueños que pretenden independizarse. Sin embargo, se dan de bruces contra el mismo muro. Así lo reconoce Rocío, empleada de marketing que a sus 34 años continúa viviendo con sus padres. "Estuve mirando pisos en Cártama y tampoco me llegaba para vivir sola", relata.

Aunque gran parte de los habitantes de Málaga conocen esta realidad, quizás no sea consciente de ella el alcalde, Francisco de la Torre, que en 2024 declaró que irse a vivir fuera de la ciudad "tiene una importancia relativa". Estas palabras causaron polémica y a día de hoy siguen coleando. Rocío explica que, al alejarse de la capital, se le dispararía "el gasto en gasolina para ir al trabajo", y esto sin contar "el distanciamiento con familiares y amigos".
Además, sea en la capital o en la provincia, Marta Gámez considera que el mercado inmobiliario ha llegado a un momento en el que "parece los juegos del hambre", y todo "para conseguir un piso donde vas a pagar un dineral por unas condiciones casi ilegales". Razones para volver a las calles este sábado hay unas cuantas: mientras tanto, un hotel sigue ardiendo en el centro de la ciudad.
Con información de Marina Prats y Manolo Orellana.
