David Toscana, un Premio Alfaguara que camina a ciegas en el bosque de las letras
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David Toscana, un Premio Alfaguara que camina a ciegas en el bosque de las letras

El jurado premia la "gran épica de los vencidos" que recorre cada línea de la novela ganadora, El ejército ciego. “En España hace tiempo que no hay crisis que exijan heroísmo”, afirma el autor mexicano tras recoger el galardón en Madrid.

El escritor mexicano David Toscana, Premio Alfaguara 2026, uno de los más importantes en español, por la obra 'El ejército ciego'.Víctor Lerena

David Toscana camina a ciegas cuando escribe. Lo ha dicho él mismo en más de una ocasión: empieza una novela sin mapa, avanza por intuición, borra páginas enteras y vuelve a empezar si algo no funciona. Ese método, más cercano al tanteo que al plan, ha terminado llevándole este martes a uno de los reconocimientos más importantes de la literatura en español. El jurado del Premio Alfaguara ha distinguido El ejército ciego, una novela ambientada en las guerras bizantinas del siglo XI que el fallo define como “una gran épica de los vencidos”.

La obra parte de un episodio histórico documentado: la orden del emperador Basilio II de cegar a 15.000 soldados búlgaros tras una derrota militar. A partir de ese hecho, Toscana se aleja del relato histórico convencional y construye una fábula oscura narrada en primera persona, con un tono oral que mezcla testimonio, leyenda y humor negro. El jurado ha subrayado precisamente esa capacidad para transformar la brutalidad de la guerra en una lectura simbólica, casi mítica, sobre el poder y la resistencia.

Aunque el autor insiste en que no escribió la novela pensando en la actualidad, reconoce que los conflictos del presente se filtran inevitablemente en el libro. Toscana vive entre México, Madrid y Polonia, país de origen de su esposa, y sigue de cerca la guerra de Ucrania. “Los tiempos que vivimos no son para los héroes porque no estamos sometidos, la mayoría, a esa crisis que te lleva a distinguir quién eres”, señaló tras recoger el galardón en Madrid. En ese contexto, lanzó una reflexión que ha trascendido el ámbito literario: “En España hace tiempo que no hay crisis que exijan heroísmo”.

Para Toscana, la guerra actúa como un laboratorio extremo de valores. Lo que en tiempos de paz se percibe como agresividad o militarización, explica, puede convertirse en virtud cuando una sociedad se enfrenta a una amenaza existencial. Esa tensión atraviesa El ejército ciego, donde los protagonistas —privados de la vista— se rebelan contra su destino y ensayan formas individuales de resistencia. “A veces nos dicen que no podemos cambiar el mundo, pero no vivimos en el mundo, vivimos en un cosmos que es el que nos toca, y ese sí que lo cambias”, ha resumido el escritor.

Ingeniero de formación y escritor por vocación, Toscana (Monterrey, 1961) ha construido una trayectoria sólida y poco complaciente. No es un autor prolífico en el sentido habitual ni un lector voraz de novedades. Lee por obsesión y por relectura. En su juventud se sumergió en los clásicos rusos —Tolstói, Dostoievski, Chéjov, Turguénev— y vuelve a ellos una y otra vez, junto a Cervantes, Borges, García Márquez, Onetti o los trágicos griegos.

Más que novelista o cuentista, Toscana se define a menudo como un obrero de la literatura. Desconfía de sus textos, manda versiones enteras a la papelera y se apoya en la disciplina como método. “En lo que me eduqué fue en la disciplina”, ha repetido en distintas entrevistas. Esa forma de trabajar, ajena al glamour y al exhibicionismo, se refleja también en una obra que ha ido creciendo con títulos como Estación Tula, El último lector, El ejército iluminado, Evangelia o El peso de vivir en la tierra, con la que ganó el Premio Bienal Mario Vargas Llosa.

Con El ejército ciego, Toscana se convierte en el quinto autor mexicano en obtener el Alfaguara. El galardón está dotado con unos 160.000 euros, además de una escultura de Martín Chirino y la publicación simultánea de la novela en todo el ámbito hispanohablante a partir del próximo 26 de marzo. En esta edición concurrieron 1.140 manuscritos procedentes de 33 países, una cifra que confirma el carácter transatlántico del premio.

Al recibir el reconocimiento, el escritor insistió en que las novelas “piensan por sí solas” y que los libros escritos hace mil años siguen hablando del presente. En su caso, esa conversación adopta la forma de una épica sin vencedores, protagonizada por quienes avanzan a tientas, sin vista y sin certezas, pero se niegan a aceptar la derrota como destino.

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