Por qué mandar a la mierda puede ser sano (y cuándo y cómo hacerlo)

Por qué mandar a la mierda puede ser sano (y cuándo y cómo hacerlo)

Entrevista con la psicóloga Alba Carralda, que publica 'Cómo mandar a la mierda de forma educada' para saber decir 'no' con asertividad.

Personas sujetando bocadillos de cómic.Getty Images/iStockphoto

No es necesario llegar a la vehemencia de Fernando Fernán Gómez cuando soltó aquel famoso "¡A la mierda!", pero en ciertas ocasiones vitales es necesario enviar a alguien a ese sitio —o a freír espárragos, o la expresión que se prefiera, que el castellano es muy rico— por la propia salud mental de uno mismo.

De hecho, poner límites y expresarse de manera asertiva es un acto de amor propio e, incluso, de amor hacia los demás. Así lo defiende la psicóloga Alba Carralda en Cómo mandar a la mierda de forma educada (Vergara), libro con un subtítulo de lo más elocuente: "Un manual práctico y directo sobre la importancia de decir 'no".

Con este título tan llamativo que tiene el libro no puedo empezar no preguntándote por él...

[Risas] Bueno, lo he titulado así porque a pesar de que lo que explico dentro del libro tiene un enfoque mucho más respetuoso y asertivo, al final es una manera coloquial de decir ‘bueno, ¿de qué forma podemos poner límites incluso en situaciones en las que se nos llega a faltar al respeto de una forma asertiva y empática?’.

¿Dirías que es sano mandar a la mierda?

Llegado cierto punto en el que se ha intentado hacer con asertividad, sí. Tanto a situaciones como a personas que nos están haciendo daño —y que previamente hemos intentado resolver de una forma educada, con empatía, poniéndonos en el lugar del otro, utilizando fórmulas más asertivas—, si llega un punto en el que la situación no mejora o la persona no pone de su parte por ser respetuosa con nosotros, al final tenemos que tomar una decisión: o mi amor propio y mi dignidad o seguir manteniendo una relación con alguien que me está haciendo daño. Puestos en esa tesitura, sí es necesario decir ‘hasta aquí’.

Introduces el libro con la comparación de que los límites son como señales de tráfico.

Los límites, bien entendidos, son la manera que tenemos de comunicarle al otro y que el otro tiene de comunicarnos por dónde podemos ir por dónde no, qué nos hace bien, qué nos gusta, qué no, qué nos molesta, y también qué le pasa al otro. Tener señales claras nos ayuda a no tener que estar adivinando qué le gusta al otro, qué le ha podido molestar, por qué hoy tiene una cara de que está enfadado... En vez de estar adivinando, hagámoslo fácil: como yo te quiero y quiero que nuestra relación sea larga, duradera y sana, prefiero ponértelo fácil y tú haz lo mismo conmigo. 

Por eso dices en el libro que “los límites son un acto de amor hacia los demás”, ¿no?

Exactamente. El símil con las señales de tráfico es porque las señales en una carretera nos lo hacen todo mucho más fácil. Si tenemos que estar adivinando de cuántos carriles es, si es de un sentido o doble sentido, cuál es el límite de velocidad... es un caos y lo más probable es que haya accidentes. Pues en las relaciones pasa exactamente lo mismo.

  Portada de 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'.VERGARA

¿Por qué normalmente nos suele costar tanto decir ‘no’?

Aquí influyen diferentes factores, pero principalmente el cultural: qué entendemos que está bien y qué está mal y qué es ser buena persona y mala persona. En todas las culturas que vienen de una raíz judeocristiana (porque creo que hay un componente religioso importante), el decir ‘no’ está asociado a algo negativo. El no ser complacientes siempre, el no tener en cuenta si los demás tienen una necesidad... tenemos asociado el ‘no’ con ser mala persona. Lo debemos resignificar, porque el decir ‘no’ no es negativo. De hecho, es necesario para ponérselo fácil a la otra persona o no hacer cosas con malas ganas o que después nos genere ansiedad el haber dicho que sí a demasiadas cosas. El ‘no’ también es positivo siempre y cuando se exprese de forma empática y educada.

"Lo debemos resignificar, porque el decir ‘no’ no es negativo"

Por otro lado está el factor educacional: los modelos que cada uno ha tenido en su casa y condiciones personales. Si hemos tenido unos referentes muy complacientes, por ejemplo, también heredamos un poco esta forma de relacionarnos. Si hemos tenido un modelo que ha sido capaz de poner límites de forma sana, probablemente se nos haga mucho más fácil.

¿Qué son los derechos asertivos básicos y por qué sería importante inculcárselos a los niños?

Son todos aquellos derechos que, por el simple hecho de ser personas, tenemos.  Deberíamos defender los nuestros y respetar en los demás. Son varios pero, por ejemplo, son el derecho a poder decidir si quieres aceptar algo, a cambiar de opinión... A veces se nos olvida que los niños también los tienen. Es necesario enseñarles que los tienen y ser también el ejemplo demostrándoles cómo los adultos los defendemos y respetamos los de los demás. Muchas veces a los niños, por serlo, se les impone el hacer algo sin darles más explicación o sin ser escuchados. No se trata de que sea el niño el que mande, sino de explicarle las cosas y hacerle sentir escuchado, porque es la manera que tenemos de transmitirles que lo que ellos sienten o quieren es importante. Si no, aprenden a invalidarse y eso hace que se conviertan en adultos que invalidan sus propias emociones o permitan a otros que las invaliden.

Hay un ejercicio que propones que consiste en puntuar las relaciones que tenemos. ¿Cómo se hace? ¿Deberíamos pararnos más a menudo a pensar acerca de nuestras relaciones?

El objetivo del ejercicio es valorar si las relaciones más cercanas son de calidad o no, porque no tenemos mucha idea de en qué consiste una relación de calidad. Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo sabe lo que es un producto de calidad, pero no qué es una relación de calidad, cuando son éstas últimas las que más influye en nuestro bienestar y en nuestra sensación de felicidad. De hecho, hay un estudio que lleva más de 80 años haciéndose, en el que se está estudiando precisamente qué es lo que influye en nuestra sensación de felicidad y en nuestra salud y lo que están descubriendo es que clarísimamente lo que más lo hace son las relaciones.

En este ejercicio explico qué condiciones tiene que tener una relación para considerarla de calidad y cada uno puede valorar de una forma fácil del 0 al 10. Nos da una idea de hasta qué punto estamos cumpliendo con cada una de esas condiciones. Al final tenemos un esquema muy claro de si las relaciones que estamos manteniendo son de calidad o no y en qué mejorarlas.

Y en otras ocasiones, mandar a la mierda, ¿no? Porque muchas veces se nos ha inculcado que a la familia hay que aguantarle todo.

Exactamente. Hay situaciones en las que por más que queramos —y a veces es difícil por eso, porque queremos a la persona— y pueden ser incluso nuestro padre, madre, hermano... son los casos en que más cuesta. Pero el hecho de que sea familia no implica que tengamos que aguantarlo todo: faltas de respeto, manipulaciones... Es ahí cuando tenemos que valorar hasta qué punto se está dando y si es necesario poner un punto y final o un distanciamiento.

"Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo sabe lo que es un producto de calidad, pero no qué es una relación de calidad"

En el libro también hablas de que hay culpa sana e insana. Entonces, ¿la culpa no es siempre mala?

No. La culpa nos ayuda a mejorar ciertos aspectos de nuestra forma de ser. Si nosotros nunca sintiéramos culpa por comportamientos que realmente han sido dañinos o no han estado bien, nunca mejoraríamos como personas. Hay una culpa que es sana que nos ayuda a crecer, a reponer un daño causado... es cuando pedimos perdón. Esa culpa, cuando sirve para eso y es proporcionada, es una culpa digamos sana, pero hay otra, que es la que sentimos cuando no hemos hecho nada mal, cuando no hemos vulnerado el derecho asertivo de otra persona, o cuando sentimos una culpa por algo que sí hemos hecho mal pero de una forma muy desproporcionada. Ahí estamos ante una culpa insana. No nos ayuda a mejorar o lo hace desde una forma muy dañina.

Aplicando tus enseñanzas, aunque en el libro das más claves, ¿hay alguna fórmula que puedas indicar a bote pronto para mandar a la mierda de forma educada?

Empiezo con algunas mucho más asertivas —continuamente estoy reforzando la idea de que siempre tenemos que actuar con respeto—, pero cuando las otras personas se saltan ese respeto o vulneran nuestros derechos a pesar de haberles dicho que no nos gusta que hagan tal cosa, ahí sí que podríamos mandar a la mierda de forma educada.

Muchas estrategias consisten en hacerle ver a la persona o hacerle muy explícito el comportamiento que están teniendo. Esto funciona muy bien con personas manipuladoras. En vez de callar o reírle las gracias, en vez de asentir y ya está, empezar a mandar a la mierda implica plantar cara y ante el comentario no quedarse callado. En esta contestación, funciona bien esto de hacer evidente lo que está haciendo la otra persona: “Cuando dices este comentario delante de mis compañeros, ¿estás intentando ridiculizarme?”, tanto en forma de pregunta o de afirmación. Estás poniendo un poco en evidencia a la otra persona, que se ve en la tesitura de tener que contestar.

Si esto continúa y continúa, al final sí apostamos por mandar a la mierda. No es necesario utilizar la palabra mierda, se pueden usar muchas otras, pero ese es el punto: si no hay respeto después de haberlo solicitado y haber plantado cara de forma asertiva, ya sí vamos a estrategias más directas.

En el caso contrario, ¿cómo podemos reaccionar y responder si nos mandan a la mierda a nosotros?

Si nos mandan a la mierda y primeramente esa persona ya ha intentado hacernos entender que lo que le estamos haciendo le está haciendo daño y nosotros seguimos, me parece que lo más honesto o sensato sería asumir y aceptar que el otro nos ha mandado a la mierda porque no nos hemos comportado bien. 

Quizá ahí es cuando tenemos que hacer un poco de reflexión, autobservación, autocrítica y quizá aparezca esa culpa sana que nos hace ver que nos hemos pasado. Y ahí quizá poder cambiar nuestro comportamiento para futuras relaciones o situaciones.

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