Rosalía, una perla sorpresa en el concierto por Palestina de Barcelona
Cultura
Cultura

Rosalía, una perla sorpresa en el concierto por Palestina de Barcelona

La cantante catalana aparece por sorpresa en el Palau Sant Jordi para firmar una de las actuaciones más celebradas de una noche solidaria, con Amaia o Bad Gyal, entre otros invitados.

Rosalía irrumpe por sorpresa en el concierto por Palestina de Barcelona y canta ‘La Perla’Marta Pérez

No estaba en el cartel ni tampoco se le esperaba, pero su nombre tiene esa electricidad suficiente como para poner en pie, en un segundo, a todo el Palau Sant Jordi. La aparición sorpresa de Rosalía en el Concert-Manifest x Palestina de Barcelona fue algo más que un cameo, fue la actuación de una noche donde más de una veintena de artistas, en más de 3 horas y media, han puesto la música al servicio de la solidaridad con el pueblo palestino.

La de Sant Esteve Sesrovires apareció casi de puntillas en el escenario y regaló todos los presentes una versión de La Perla que ha sido pura contención, hija de la era Lux en la que se ha instalado la artista catalana. Solo ella, cinco músicos y una precisión que cortaba la respiración de un Palau entregado a la causa. No hubo ningún discurso grandilocuente ni gestos para la galería. Solo Rosalía, que dio las gracias a la organización: "Buenas noches, Barcelona. Hoy especialmente es un honor subir a este escenario. Muchas gracias por permitirnos estar aquí e invitarnos” y acto seguido, se puso a cantar, firmando uno de los momentos más celebrados de la velada, sin necesidad de añadir consignas a un contexto que ya hablaba por sí solo.

Porque el Palau no ha sido un auditorio esta noche, se ha transformado en un espacio de encuentro, una plaza abierta donde el público y los artistas se miraban a los ojos, tejiendo un relato conjunto que nunca ha perdido el hilo (el concierto-manifiesto se estructuró en seis movimientos: preludio, prólogo, tres actos y epílogo), ni siquiera cuando la proclama de 'Free Palestine' llenaba, entre canción y canción, un silencioso recinto.

La cultura como trinchera

El preludio fue el encargado de marcar el tono. Con un Eduard Fernández que resumió el espíritu de la noche como la "respuesta de la cultura y con la cultura como herramienta" para denunciar la situación en la Franja y movilizar conciencias. Una idea que atravesó la conversación con el actor palestino Kayed Hammad, quien ha descrito una Gaza vigilada permanentemente por los drones, donde "no existe un metro cuadrado seguro".

Tras una primera actuación de Sílvia Pérez Cruz, que en el prólogo interpretó Gallo rojo, gallo negro, el entrenador Pep Guardiola se subió al escenario con una kufiya en el cuello para exigir compromiso. "No tenemos que mirar hacia otro lado", sentenció al recordar las imágenes de niños palestinos entre los escombros de Gaza. "Los hemos dejado solos y abandonados, mientras que los poderosos están en sus casas", ha señalado. Las bombas, adviritió, "quieren provocar silencios" que cada sonido de esta noche debía servir para lo contrario: no perder la memoria de "décadas de falta de libertad del pueblo palestino”.

El primer acto, El Mediterráneo, abrió la parte central del concierto con una sucesión de actuaciones en las que música, símbolos y público se unieron en perfecta comunión. Con Amaia sentada al piano para iluminar el Palau Sant Jordi con las linternas de los móviles al interpretar Nadie podría hacerlo y Tengo un pensamiento. A continuación, Salma Alhakim y Xavi Sarrià pusieron la banda sonora, con Hayat-Vida, a la construcción de un pequeño castell por parte del público. Mushka y Guillem Gisbert cerraron el acto interpretando su tema conjunto 1 cumbia amb el Guillem.

El segundo acto, La historia de dos mundos, amplió el foco internacional con distintas voces y registros. Las actuaciones se sucedieron en un carrusel que mantuvo la tensión emocional y preparó el terreno para la aparición sorpresa de Rosalía, que encajó La perla con precisión en el programa del concierto. Tras su salida, el ritmo no decayó: Bad Gyal incendió el recinto con Fiebre y compartió escenario con Morad, antes de que el artista interpretara Soñar en solitario

El tercer acto, La fuerza de la gente, volvió a dejar espacio a los discursos. Clara Peya, al piano, dio paso a Arab Barghouti, hijo de Marwan Barghouti, quien agradeció el apoyo internacional y denunció el “genocidio” en Gaza, además de pedir la liberación de su padre. A continuación, Lluís Llach, Alguer Miquel y Gemma Humet, interpretaron Abril 74.

El epílogo cerró la noche con Oques Grasses cantando La gent que estimo y un final coral con Diguem no. En uno de los momentos políticos del concierto, Natalia Ahmad Abu-Sharár, de la Comunitat Palestina a Catalunya, agradeció el apoyo ciudadano y llamó a seguir movilizándose: “La justicia no llega sola, la construimos entre todas nosotras. La lucha palestina es una lucha compartida”.

El acto contó con una notable presencia institucional y política, y funcionó como colofón de la campaña internacional Act x Palestine, impulsada por organizaciones palestinas de derechos humanos, ayuda humanitaria y culturales junto a una red europea. Todos los beneficios se destinarán a proyectos y espacios culturales en Palestina.

Comentar:
comentar / ver comentarios