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¿Y si EEUU ataca a Irán? Los escenarios turbulentos que puede desencadenar la orden de Trump

¿Y si EEUU ataca a Irán? Los escenarios turbulentos que puede desencadenar la orden de Trump

La amenaza de Washington supera ya las palabras, tras el envío de un portaaviones y buques de guerra de apoyo a Oriente Medio. Entre los analistas se asienta la idea de que habrá agresión, pero las dudas se agolpan sobre sus consecuencias. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el líder supremo de Irán, Ali Jamenei, en sendas imágenes de archivo.
El presidente de EEUU, Donald Trump, y el líder supremo de Irán, Ali Jamenei, en sendas imágenes de archivo.Getty Images

¿Atacar o no atacar? Esa es la pregunta a la que se enfrenta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando piensa en Irán. En las últimas semanas, el republicano ha pasado de las palabras a los hechos y eso hace temer que se incline por las armas. Primero, amenazó verbalmente con una andanada contra el país si se seguían reprimiendo las manifestaciones críticas, que se calcula que han dejado ya casi 6.000 muertos. Ahora, directamente ha enviado un portaaviones y buques de guerra de apoyo a Oriente Medio, ampliando la capacidad norteamericana en la zona para emprender potenciales acciones militares.

Su armada, la más potente baza de presión, se acerca a su objetivo, y entre los analistas ya se asienta la idea de que habrá ataque, pese a que Trump ha dejado la puerta abierta a una negociación con Teherán y a que del otro lado la aceptan. Mensajes de confrontación y conciliación mezclados, muy trumpista todo. 

El problema es que no ha trascendido qué pide la Casa Blanca ni, por tanto, cuánto pueden conceder los religiosos. Así que se ha instalado la pregunta de cuándo y cómo se ejecutará un ataque, más que si lo habrá y, por supuesto, las consecuencias que puede tener. Hoy todo son dudas y angustia, también, no sólo por el futuro de los iraníes sino por el de toda la región. 

Todo va a depender de la magnitud de los ataques estadounidenses, de si son quirúrgicos o indiscriminados, si apuntan a líderes militares o políticos, si provocan un cambio de liderazgo, de régimen o, al contrario, un refuerzo de sus estructuras por victimismo, si las Fuerzas Armadas responden o se pliegan, si entran en liza actores de la zona o se quedan al margen. Los escenarios son dispares, sí, pero con el denominador común de la complejidad, de las turbulencias. 

Ataques precisos y transición a la democracia

Una de las opciones que se bajaran es la posibilidad de que EEUU ataque directamente en busca del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, tratando de descabezar el régimen de los ayatolás, al mando desde la revolución de 1979. Trump siempre ha coqueteado, incluso en publico, con su muerte, haciendo gala de que su Inteligencia sabe siempre dónde está y con qué protección cuenta. Ya lo puso de manifiesto el pasado verano, durante la Guerra de los 12 Días, en la que el magnate apoyó el ataque de Israel contra el programa nuclear de Irán.

Las fuerzas aéreas y navales de EEUU también podrían llevar a cabo ataques limitados y de precisión contra bases militares del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), su gran espada de poder, y la unidad Basij, que es una fuerza paramilitar bajo el control del CGRI. A su vez, entre las dianas posibles estarían los sitios de lanzamiento y almacenamiento de misiles balísticos, así como los silos o laboratorios relacionados con el programa atómico, que fue dañado pero no destrozado en aquellos ataques. 

Con esta selección de objetivos, expone la agencia Reuters, se buscaría alentar más aún las protestas, iniciadas hace un mes, y eso crearía las condiciones para un "cambio de régimen", porque daría a los manifestantes la confianza de que podrían invadir edificios gubernamentales y de seguridad y acabar con el sistema actual. La opción del derrocamiento podría llevar a un cambio radical en el país y a la instauración de una democracia plena.

Danny Citrinowicz, investigador de los Programas para Oriente Medio del Atlantic Council (un tanque de pensamiento con sede en Washington), expone que esta última ola de protestas en Irán "sorprendió" a EEUU y "no tenía un plan coherente para un cambio de régimen en Teherán, ni capacidad operativa significativa para impulsar una transformación política dentro de un estado altamente represivo y estrictamente controlado". Es por eso que Trump sigue jugando las bazas de aprovecharse para presionar a Teherán en cuestiones específicas, como el programa nuclear, y del ataque y el descabezamiento del régimen, en paralelo. 

Esta última opción, "por muy atractiva que sea retóricamente, carece de fundamento estratégico", afirma. "Es fundamental reconocer que es poco probable que una acción militar estadounidense, ya sea limitada o a gran escala, catalice una movilización política masiva dentro de Irán. Por el contrario, un ataque probablemente consolidaría la cohesión de la élite en torno al régimen, marginaría a los manifestantes y reforzaría la arraigada narrativa de asedio externo de Teherán", augura.

Sin dejar de ser posible, no hay buenos precedentes: la intervención militar occidental tanto en Irak como en Libia no propició una transición fluida hacia la libertad y la modernización. Acabó con las dictaduras en activo, sí, pero dando paso a años de caos y derramamiento de sangre. Siria logró echar a su dictador, Bashar al Assad, sin apoyo militar occidental, en diciembre de 2024, pero tras casi 14 años de guerra civil brutal.

Periódicos de Teherán, haciendo gala del poderío armado de Irán ante la amenaza de ataque por parte de EEUU, el 28 de enero de 2026.
Periódicos de Teherán, haciendo gala del poderío armado de Irán ante la amenaza de ataque por parte de EEUU, el 28 de enero de 2026.Fatemeh Bahrami / Anadolu via Getty Images

El régimen pervive, pero cambia

Una de las opciones es que suceda como el pasado verano, cuando Israel y EEUU atacaron Irán en una miniguerra sin precedentes. Entonces, se lograron objetivos parciales (luego se supo que más parciales de lo esperado, puesto que hasta la CIA ha confirmado que no se hizo el daño esperado al programa nuclear iraní), pero el régimen se mantuvo. 

La idea, en este caso, sería ser muy preciso en los ataques y forzar cambios. Es lo que los medios internacionales ya están llamando el "modelo Venezuela", o sea, golpear, descabezar pero no tumbar, provocar cambios en la cúpula, quizá, más propensos a EEUU, tras una acción rápida y contundente que pliegue algunas voluntades. 

En este caso, lo que se querría lograr es menos investigaciones atómicas aún y menos violencia contra los manifestantes, además de un menor apoyo a otras milicias armadas de Oriente Medio que aún son parte del debilitadísimo Eje de Resistencia de Irán en la zona, de los hutíes de Yemen a Hezbolá en Líbano. También es posible que tuviera que ceder en su carrera armamentística, especialmente en sus programas nacionales de misiles nucleares y balísticos. 

Tampoco parece muy factible este escenario. El liderazgo de la República Islámica se ha mantenido desafiante y resistente al cambio durante 47 años. Ahora parece incapaz de cambiar de rumbo, como no lo cambió tras los ataques de junio. Las protestas por el asesinato de Mahsa Amini, hace tres años, a manos de la Policía de la Moral, por llevar supuestamente mal puesto el velo islámico, llevaron al levantamiento mínimo de algunas restricciones, en un intento de hacerse los buenos, pero ahí están las muertes de las actuales manifestaciones y los informes de Amnistía Internacional o Human Rights Watch para desmentir que se hayan ablandado o democratizado. 

Ciudadanas de Irán pasan junto a una valla publicitaria antiestadounidense en Teherán, el 26 de enero de 2026.
Ciudadanas de Irán pasan junto a una valla publicitaria antiestadounidense en Teherán, el 26 de enero de 2026.Majid Asgaripour / WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

El régimen aguanta y nada cambia

Está la opción de que los ayatolás salgan resentidos, como en 2025, pero nada más. Debilitados y sin capacidad de volver a ser lo que han sido, posible, pero aún con el timón en las manos. Jason M. Brodsky, director de políticas de la organización United Against Nuclear Iran, entiende que el régimen tratará de decir que las protestas se han suavizado y que el mundo no tiene más que decirle. Un "circulen" de manual. 

Pero recuerda que "los motivos que motivan a los iraníes a derrocar a la República Islámica no han cambiado, y las quejas no han hecho más que aumentar con el tiempo, con el sistema llegando a un punto muerto y enfrentando una crisis económica, una crisis hídrica, una crisis energética, una crisis de disuasión y una crisis de confianza entre el Estado y la sociedad". Avisa de que puede darse el caso de que tanto EEUU como sus aliados entiendan que esta oleada crítica "está bajo control" y no se haga más por cambiar las cosas. "Sería un error centrar la política estadounidense en esta narrativa impulsada por el régimen", advierte.

Citrinowicz, de nuevo, insiste en que la "República Islámica carece de la capacidad para satisfacer las necesidades económicas y sociales básicas de su población", por lo que incluso la pervivencia en caliente no augura una estabilidad para el futuro. Ya el sistema está herido de muerte, sea para mañana o para pasado. "Es muy probable que se produzca un cambio de régimen en Irán a largo plazo, casi con toda seguridad tras la muerte de Jamenei. El sistema actual no es sostenible. Este proceso puede llevar meses o incluso años, pero, al igual que en el caso de la Unión Soviética, un estancamiento continuo sin un cambio ideológico drástico acabará por conducir al colapso. Sin embargo, tal cambio es muy improbable bajo el liderazgo de Jamenei", ahonda.

Este proceso puede llevar semanas, meses o incluso años, pero el resultado es "inevitable", dice. Porque la economía no tira (en buena parte por las sanciones internacionales pero también por el mal gobierno interno), porque no hay derechos ni libertades, porque las infraestructuras están deterioradas y el sector energético, en colapso, porque has habido desastres naturales recurrentes sin gestionar adecuadamente... "Ninguno de estos desafíos es temporal y ninguno se está abordando de forma significativa", recuerda el experto.

Hoy, el fortalecimiento de los vínculos con China, Rusia o el grupo BRICS no puede compensar el impacto de las sanciones ni la mala gestión estructural. Sin un alivio de las sanciones, la situación económica de Irán no mejorará, y la reanudación del malestar interno o un cambio interno "es sólo cuestión de tiempo".

Dos miembros armados de las fuerzas especiales de la policía iraní, tras una bandera iraní colocada en un blindado, durante una manifestación progubernamental en el centro de Teherán, el 12 de enero de 2026.
Dos miembros de las fuerzas especiales de la policía iraní, tras una bandera colocada en un blindado, durante una manifestación progubernamental en Teherán, el 12 de enero de 2026.Morteza Nikoubazl / NurPhoto via Getty Images

Se impone un nuevo régimen militar...

Otra de las opciones posibles es que sí, caigan los ayatolás pero el poder siga en manos de un grupo, con aspiraciones totalitarias, lejos de la soñada democracia. Por ejemplo, que sean las Fuerzas Armadas y policiales y la Guardia Revolucionaria la que se quede al mando. 

Brodsky sostiene que "si hay un vacío de liderazgo, existe la posibilidad muy clara de que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica tome el poder y designe a un comandante del CGRI, como el presidente del parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, para asumir el poder". Le parece un escenario no desdeñable, porque no necesita, como la caída total de Jamenei, de deserciones masivas entre los uniformados, hoy tremendamente fieles a los religiosos, a cuya sombra han crecido y ampliado influencia. 

Justo una de las principales razones por las que las actuales protestas no han logrado derrocar al régimen es porque no ha habido deserciones hacia su bando, mientras que los que tienen el control están dispuestos a usar fuerza y brutalidad ilimitadas para permanecer en el poder. 

... los opositores juegan un papel... 

Para el también miembro del Grupo de Trabajo del Proyecto de Estrategia sobre Irán del Atlantic Council, esta posibilidad puede ser "relevante" para alguien más: el príncipe heredero Reza Pahlavi, hijo del último sha de Persia, echado precisamente por la revolución de hace 47 años, que aunó a muchas ideologías en torno al objetivo común de acabar con la monarquía y que, al final, controlaron los ayatolás, hasta hoy. 

"Su nombre se ha invocado durante las protestas; aparentemente, es el único líder de la oposición por el que los iraníes han coreado consignas. Los iraníes que se manifiestan lo ven no sólo como un símbolo, sino también como un posible líder de transición. Esto no significa que todos los iraníes que protestan por la caída de la República Islámica deseen el retorno a la monarquía. Pero sería un error ignorarlo, ya que encarna una nostalgia persistente por la era Pahlavi entre las generaciones más jóvenes. Estos iraníes ven a la República Islámica como un error histórico", recuerda.

Citrinowicz también incide en esta idea de que Irán "carece de una oposición creíble y organizada capaz de gobernar el país, incluso en el improbable caso de un colapso del régimen". Para Washington, el fracaso del régimen sin un sucesor viable "no representaría una victoria, sino una desventaja estratégica". Pero el analista previene encarecidamente ante cualquier intento de Trump "de imponer un cambio de régimen por la fuerza, ya sea mediante el asesinato de Jamenei o el desmantelamiento del régimen", pues "casi con seguridad tendría consecuencias catastróficas". 

"Los escenarios más probables serían una toma total del poder por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica -como comentábamos en el escenario previo- o el estallido de una guerra civil. Irán carece actualmente de una oposición interna viable capaz de gobernar el país. Al mismo tiempo, la oposición en el exilio, incluyendo figuras como Pahlavi, sigue fragmentada, débil y sin la preparación organizativa necesaria para asumir el poder", escribe.

En consecuencia, "un cambio de régimen impuesto externamente probablemente resultaría en un Irán más represivo e inestable, no en uno democrático y próspero". Una estrategia más realista, una especie de término medio, sería, a sus ojos la que llama "paciencia estratégica", esto es, "permitir que la dinámica interna se desarrolle en la era post-Jamenéi, manteniendo y mejorando la aplicación de las severas sanciones", que no deben levantarse prematuramente. 

Una mujer sostiene una imagen del opositor iraní Reza Pahlavi durante una manifestación en apoyo a las protestas en Irán, en Londres (Reino Unido), el 25 de enero de 2026.
Una mujer sostiene una imagen del opositor iraní Reza Pahlavi durante una manifestación en apoyo a las protestas en Irán, en Londres (Reino Unido), el 25 de enero de 2026.Jack Taylor / Reuters

... o llega el caos

Si cae el régimen, si los militares no tienen suficiente fuerza para tener el control pleno y si la oposición no tiene fuerza ni liderazgo para imponerse, puede quedar un escenario de caos nacional, al modo de Siria, Yemen o Libia. Puede haber una guerra civil o un  conflicto armado entre los distintos grupos étnicos que componen el país, algo que va más allá de lo ideológico o de lo religioso. Los kurdos, los baluchis y otras minorías buscan proteger a su propio pueblo en medio de un vacío de poder a nivel nacional.

Michael Doran, analista del Hudson Institute (también washingtoniano), expone que Trump debe ser muy cuidadoso con esta realidad. "La historia nos advierte", dice, citando el caso de la Antigua Yugoslavia. 

"La geografía étnica de Irán agudiza las apuestas. Los persas dominan la meseta central alrededor de Teherán e Isfahán. Las poblaciones minoritarias se concentran a lo largo de las fronteras -más precisamente, a horcajadas sobre ellas-, unidas por el idioma, la cultura y la historia a las comunidades al otro lado de la frontera. Los azerbaiyanos se agrupan en el noroeste, a lo largo de Azerbaiyán y Turquía; los kurdos, al oeste, miran hacia las regiones kurdas de Irak y Turquía; los árabes, en el suroeste, rico en petróleo, miran hacia Irak; los baluchis, al sureste, conectan con sus parientes en Pakistán y Afganistán; los turcomanos, al norte, limitan con Turkmenistán. Por lo tanto, los estados vecinos tienen un interés directo en cómo Irán gestiona, o no, su diversidad. Y hay un vecino que importa más que cualquier otro: Azerbaiyán", desarrolla.

¿Podría entrar en liza Azerbaiyán si ve que está en riesgo ese 23% de iraníes con los que comparte raíz? ¿O si entiende que sus aspiraciones pueden ser respondidas en este caos? No es sólo este país, no. Aunque gran parte del Medio Oriente estaría feliz de ver la marcha de la República Islámica (con Israel a la cabeza), se teme que los enfrentamientos o la guerra abierta salpique a toda la zona, por el tamaño de Irán (es el mayor de Oriente Medio, con unos 93 millones) y la crisis humanitaria que podría generarse, empezando por los refugiados. 

Cuidado también con elegir a un sucesor a dedo, sea alguien de dentro o de fuera. "Un intercambio de Pahlavi por Jamenei resultaría atractivo en Washington: una decapitación limpia, el fin del programa nuclear y una aparente moderación sin el caos de un cambio de régimen. Pero para las minorías iraníes, se percibiría como una continuidad del régimen en el mejor de los casos, y quizás algo mucho más siniestro. Un gobierno que se apoya en el nacionalismo persa para legitimarse podría rápidamente volverse aún más opresivo", indica Doran.

"Pero, sobre todo, Trump debería resistirse a designar sucesores en Irán y diseñar una política orientada a la incertidumbre, no a la estabilidad. Se avecinan tiempos turbulentos", espera. Por eso titula su análisis "Un escenario de pesadilla para Irán".

Irán opta por las represalias

Estamos hablando todo el rato del efecto que puede tener la acción de Trump en el sistema pero, ¿cómo puede replicar ese sistema? No, Irán no es un paria, por mucha crisis económica que afronte. Es una potencia militar notable, aunque claramente no sea EEUU, y el autoritarismo de sus mandos la convierte en peligrosa. Hasta ahora, Jamenei ha tratado de controlarse porque sabe que su supervivencia está en juego, y así se ha movido con cautela tanto en los ataques del pasado verano como en los primeros intercambios de fuego con Israel, en 2024. 

Si ponemos todas las opciones sobre la mesa, ahora puede no contenerse. ¿Qué puede hacer, entonces, si su dedo está "en el gatillo", como suelen decir sus ministros? Pues entre el abanico de posibilidades está atacar a la Armada y la Fuerza Aérea de EEUU, con su arsenal de misiles balísticos y drones, muchos de ellos ocultos. Hay bases e instalaciones estadounidenses diseminadas a lo largo del lado árabe del Golfo, especialmente en Bahréin y Qatar, pero Irán también podría, si así lo decidiera, atacar alguna de las infraestructuras críticas de cualquier nación que considere cómplice de un ataque estadounidense, como Jordania, algo que puede quedar más lejos del foco esperable y, por tanto, menos protegido. 

Ya hubo un ataque con misiles y drones a las instalaciones petroquímicas de Saudi Aramco en 2019 que fue atribuido a una milicia respaldada por Irán en Irak y mostró a los saudíes cuán vulnerables eran a los misiles iraníes. Se sabe el daño que pueden hacer. Por eso, es comprensible que los vecinos árabes del Golfo de Irán, todos aliados de Trump, estén extremadamente nerviosos en este momento, ya que cualquier acción militar estadounidense va a terminar rebotando en ellos.

Tampoco es descartable que Irán coloque minas en el golfo Pérsico, una amenaza que saca a relucir cada cierto tiempo y que sería una amenaza brutal para el transporte marítimo y el suministro de petróleo a nivel mundial. En la guerra entre Irán e Irak de 1980-88, Teherán ya minó las rutas de navegación y potencias occidentales como EEUU y Reino Unido tuvieron que ayudar a retirarlas, recuerda la BBC

El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es un cuello de botella especialmente crítico. Alrededor del 20 % de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL) y entre el 20 % y el 25 % del petróleo y sus derivados pasan por este estrecho cada año.

No es un escenario probable, pero menos aún lo es la posibilidad de que Irán hunda un buque de guerra estadounidense, acompañado de la posible captura de supervivientes entre su tripulación. Sería un golpe gigante para ellos y una humillación para Trump. Ya en 2000, el destructor USS Cole, valorado en mil millones de dólares, quedó paralizado en un ataque suicida de Al Qaeda en el puerto de Adén, en el que murieron 17 marineros estadounidenses. Antes de eso, en 1987, un piloto de avión iraquí disparó por error dos misiles Exocet contra un buque de guerra estadounidense, el USS Stark, matando a 37 marineros.

Lo que piensan los norteamericanos

Trump puede estar jugando con el mundo, de nuevo, pero tiene un historial documentado, ya en su primer mandato, de intervenciones militares tras abusos de derechos humanos cometidos por regímenes autocráticos en Oriente Medio. Por ejemplo, autorizó ataques aéreos contra el gobierno de Assad en Siria después de que este utilizara armas químicas contra su pueblo en 2017 y 2018, tras criticar a su antecesor, Barack Obama (demócrata) por ser un blando, por poner esa "línea roja" y luego no hacer nada cuando se traspasó. 

Eso, "sumado a la debilidad histórica de la República Islámica y su mensaje público de que la ayuda está en camino, motivará al presidente a actuar", cree Jason M. Brodsky. Con "operaciones militares rápidas, quirúrgicas, específicas, drásticas y decisivas". 

¿Es eso lo que quieren los norteamericanos? Lo cierto es que Irán es uno de esos avisperos donde a la ciudadanía más le gustaría que su comandante en jefe se metiera. Lo desvela una encuesta de POLITICO, que revela que el 65 % de los votantes de Trump apoya que EEUU emprenda acciones militares contra al menos uno de varios países potenciales, como Irán, Groenlandia, Cuba, Colombia, China y México. 

El régimen de los ayatolás es el que más destaca en las respuestas: alrededor del 50% de los votantes republicanos apoyan la intervención militar en el país, la mayor cantidad entre todos los objetivos extranjeros. Esa cifra sube al 61% entre los encuestados que se describieron como partidarios expresos de Trump, republicanos "de MAGA".

El presidente que prometió acabar con todas las guerras y no meterse en ninguna nueva para "hacer América (sic) grande de nuevo" se está volviendo un belicoso de primera. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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