Sonsoles Ónega: "Tengo muy claro cuál es mi público y creo que hay que desacomplejarse"
La periodista y escritora celebró entre lágrimas la publicación de su nueva novela, 'Llevará tu nombre', solo unas días antes de despedir a su padre, que llevaba semanas hospitalizado.

El 25 de febrero fue una fecha muy especial para Sonsoles Ónega. Ese día presentaba su nueva novela, Llevará tu nombre, ante más de 60 medios de comunicación en el restaurante Lhardy de Madrid. La periodista y escritora, Premio Planeta 2023 con Las hijas de la criada, no ahorró sonrisas ni palabras, reivindicó en varias ocasiones a las mujeres anónimas que dedicaron su vida a escribir y se reivindicó a sí misma como escritora. Pero varios fueron los momentos en los que la emoción le desbordó y la voz se le quebró.
Siete días después, su padre, el icónico periodista Fernando Ónega, falleció a los 78 años. Hace solo unas semanas que la escritora, periodista y presentadora que hizo frente a la triste pérdida y aún le invade "mucha tristeza". "Qué le vamos a hacer. Demasiado pronto, pero bueno", afirma resignada en una breve charla con nosotros.
Cuando presentaste el libro a la prensa, se te veía especialmente emocionada. Luego supimos por qué...
Había eso, había una situación muy comprometida de salud. Él estaba ingresado, llevaba muchísimo tiempo ingresado, llevaba 36 días y, claro, ir a verle cada mañana y el sufrimiento de no poder además celebrar las cosas buenas... Y las novelas siempre son cosas buenas. Pero bueno, pues la vida ha venido así.
Sonsoles, en aquel momento como que insinuaste que a lo mejor Llevará tu nombre podría ser tu última novela. ¿Va a ser tu última novela?
Bueno, lo dije porque he dejado de fumar y me está costando la vida coger el ritmo otra vez. Llevo sin fumar desde el 20 de diciembre, cuando se produce además el primer ingreso de mi padre grave, con afectación del pulmón, que era algo que hasta entonces no habíamos tenido, ¿sabes? Y la verdad es que estoy fastidiada. Estoy leyendo mucho sobre cómo otros otros escritores han conseguido volver a escribir. Y es impresionante, porque Gabo, por ejemplo, fumaba ocho paquetes al día. Dicen que Cien años de soledad lo escribió así, un cigarro detrás de otro.
¿Lo que echas de menos es no tener el cigarro mientras escribes? ¿Por eso no te concentras?
Claro, sobre todo escribo más lento. Prácticamente todos los días, si no todos los días, me pongo delante el ordenador, lo intento, porque además estoy trabajando ya en un proyecto nuevo desde hace tiempo, pero voy más lenta. Yo que siempre he alardeado de escribir muy rápido, ahora voy, de verdad, voy lenta, me cuesta. Y antes, de la otra manera, yo creaba mi atmósfera tóxica de café y humo, y la verdad es que lo disfrutaba mucho, o sea, yo me levantaba con la alegría de fumar. Esto también lo he hablado mucho con Ángel Antonio Herrera (colaborador de su programa Y ahora Sonsoles), que está siendo mi guía espiritual en esto del tabaco, y me dice que él también fumaba, o sea, él vivía para fumar. No debo ser yo la única marciana. Estoy estudiando también los mecanismos mentales para saber qué demonios nos pasa porque no puede ser.
Por todo lo demás lo llevo genial porque es verdad que el nivel de bienestar lo he adquirido muy rápido. O sea, yo me encuentro fenomenal, tengo más tiempo o no lo pierdo en chorradas, en el ‘espera que tengo que fumar’. Voy fenomenal, pero me concentro peor.
Hablemos del libro y de Mada Riva, su protagonista, a la que eliges para romper el techo de aquellas mujeres escritoras que no podían firmar sus textos con su nombre. ¿En qué o quién te inspiraste, Sonsoles?
Bueno, en lecturas previas de este mundo de mujeres que no podían firmar. Me impresionaron algunas singularmente, como María O Lejárraga, que es un poquito posterior, que le escribió todo a su marido Gregorio Martínez Ramírez. O sea, este ambiente de mujeres que no pudieron escribir o que escribían para los maridos, siempre me había llamado la atención y me apetecía zambullirme en ese mundo. Cada vez que me embarco en la aventura de un libro requiere mucho estudio del tiempo histórico y paso tanto tiempo delante de la pantalla del ordenador que, la verdad, me tiene que gustar mucho la historia, me tiene que atraer el momento histórico para no desistir. Me apetecía detenerme en ese momento y Mada Riva me lo sirvió en bandeja, la verdad.

Mada llega de Comillas, donde la declaran culpable de un asesinato, Madrid, a ese Madrid que retratas tan bien y en el que hay muchos rincones que huelen mal.
Es un Madrid complicado, efectivamente, porque el siglo XIX es un siglo complicado de epidemias, de mucha pobreza, de muchas dificultades, de traumas políticos hasta 1898, año en el que perdemos las colonias... Quiero decir, es un momento histórico difícil, pero en cambio creo que empezamos a sembrar el terreno de lo nuestro, con mujeres que empiezan a observar que su entorno les perjudica, que sus circunstancias perjudican su crecimiento personal, profesional y todo lo demás. Y son pocas, pero son algunas muy valientes que empiezan a alumbrar esos rincones en ese Madrid. Podría haber elegido cualquier otra ciudad, pero la verdad que me apetecía estar en ese Madrid histórico lleno de calamidades y también de destellos luminosos, de mucha actividad cultural, de teatros, de salones, de tertulias... Es un ambiente muy chulo que a mí me hubiera gustado vivir. O sea, yo si hubiera nacido en el siglo XIX me hubiera gustado ser Mada Riva. Era impresionante. Luego, documento las novelas con los periódicos de la época y no sabes la cantidad de revistas que había dirigidas y gobernadas por mujeres, y eso es muy chulo.
Además de Magdalena Riva, hay otra poderosa mujer en la novela, Vicenta María, que cambia la vida de las chicas a las que acoge, incluyendo la de la propia Mada.
Este personaje de Vicenta María existió de verdad. Es una mujer canonizada, o sea, es santa desde 1975 y es la primera santa navarra. Esta es una mujer navarra del pueblo de Cascante, o sea, todo lo que cuento es verdad. Vino a Madrid para formarse con su tía doña Eulalia, que se había encomendado a la labor de sacar a las mujeres de la calle y la sobrina, Vicenta María, continuó la obra. Yo lo sitúo en sus comienzos en la plaza de San Miguel, pero hoy en día tiene un enorme convento, que es residencia de estudiantes con su propia capilla, en la calle Fuencarral de Madrid, un poquito antes o después de llegar a la plaza de Barceló. Bueno, pues ahí está enterrada Vicente María. Y yo creo que fue de las primeras feministas desde la iglesia que hicieron cosas muy importantes por las mujeres. A ese personaje llegué por la absoluta casualidad, trazando el itinerario de Mada Riva y me pareció apasionante, la verdad.
Parece increíble que ocurriese eso: que una mujer quisiese escribir y tuviese que firmar como un hombre...
Por eso es muy interesante ofrecerlo y contarlo, porque a mí no me lo habían contado. Bueno, lo hemos ido descubriendo, pero no hemos estudiado esa generación de mujeres ocultadas o sepultadas por su circunstancia de mujer. Hay una que es muy dolorosa y en la novela aparece citada, que se llama Matilde Cherner. Esta mujer escribía con el seudónimo de Rafael Luna y murió, pobre de solemnidad, un día después de llevar a su periódico un artículo que se llamaba Profesión de fe, en el que se preguntaba si merecía la pena escribir y si una mujer con la cantidad de misiones domésticas que tenía se podía permitir el lujo de escribir y de crear. Es terrible. Se murió al día siguiente, luego se lo publicaron, según he leído, pero yo no lo he encontrado. Visto con la mirada de hoy, como siempre, nos parece aberrante, pero en aquel momento supongo que era pues como consustancial al propio género. Ni se lo planteaban y las que podían revelarse pues eran mujeres de clases sociales un poco acomodadas como Emilia Pardo Bazán. Emilia pudo hacerlo todo porque tuvo un padre maravilloso que mimó a esa hija única e hizo que tuviera contacto con los libros, y la hizo valiente y poderosa e independiente. Luego se separó, o sea, también fue una moderna, y lo era porque podía hacerlo.
Y en el libro, Mada también lo consigue gracias a Gonzalo...
Sí, gracias a Gonzalo, pero fíjate que al principio ella llega al palacio de Montiel contratada para leer y escribir. Luego él se da cuenta, bueno, que se enamora, pongamos en primer lugar el amor. Y luego, cuando dicen 'este hombre sí se lo permitió’, bueno, se lo permitió porque le interesaba. Quiero decir que a él le fascina la formación que tiene ella, le interesaba una tía formada.
Y ella no quiere enamorarse porque cree que tiene que renunciar a escribir si se enamora.
Eso es. Te voy a decir una cosa. Me ha encantado leer, que no lo he profundizado, solo he visto el titular de Lola Herrera, que dice 'Si volviera a nacer no tendría hijos'. Bueno, es que la familia, formar una familia, llevar una casa, para una mujer que tiene pulsión creadora, pues es un freno. Y Mada lo ve y a mí eso me parece muy interesante porque a mí me encantan las mujeres que son capaces de darse cuenta de lo que les frena de forma casi instintiva y natural. Estas son las más listas. No hace falta que sean Madame Curie. La duda que Mada tenía era por eso, porque decía, ‘ostras, es que si me tengo que encargar de lucir bella para las cenas, los salones, los bailes, más luego atender a mi marido, más atender a mis hijos, ¿cuándo coño voy a escribir? Pero esa pregunta nos la seguimos haciendo en el siglo XXI.
Bueno, recuerdo que en la presentación aseguraste que escribir significaba robarle tiempo a tus hijos y a tu novio.
Claro, pero es que esto es así y esto no ha cambiado. Que no digo que a los hombres no les haya pasado, porque esto es así, la creación roba tiempo a todos, hombres y mujeres, lo que pasa es que la mujer pues tiene una responsabilidad mayor en la crianza de sus hijos. Esto es así. ¿Está cambiando? Sí, también. Pero todavía el porcentaje de dedicación a los hogares es mucho más elevado en el caso de las mujeres y eso es una realidad inapelable.
Sonsoles, cuando hablas de tus libros siempre te diriges a las mujeres...
Aquí más aún, con este más. A ver, es la primera vez que no dedico la novela a mis hijos y se la dedico a las lectoras porque en el fondo, sin ellas, no haríamos nada. Sin lectores no hay literatura, que es uno de mis hashtags preferidos, e igual que sin espectadores no hay televisión. Yo creo que se lo debía y especialmente a las lectoras mujeres que me acompañan, que no me sueltan la mano, aunque a veces son un poco ansiosas y ya me están preguntando que cuando se publica la siguiente... Lo hago con mucho gusto, o sea, tengo muy claro cuál es mi público, me encanta que se asomen los hombres, pero la realidad es la que eres y creo que también hay que desacomplejarse, reconocerlo y agradecerlo.
¿Y cómo han acogido ellas la novela? ¿Qué feedback te mandan?
Pues la verdad es que está siendo muy positivo, muy positivo. Pero bueno, no me quiero emborrachar igual. En este tiempo he aprendido que ni euforia ni depresión, tranquilidad y equilibrio.
¿Ni disgustos como el de Las hijas de la criada y la crítica de El País?
A ver, me encanta que haya críticas que me ayuden a crecer y a mejorar, pero no fue el caso de aquella. Fue destructiva. Aquella fue una lapidación, no tuvo nada que ver con poder hacer una crítica constructiva.
