Verónica Sanz: "La corrupción no es marca España, es marca ser humano"
Entrevista con la periodista, que debuta con 'Gente bien', un retrato afilado del poder, la desigualdad y la oscuridad en la que se esconden las élites.

Conocemos a Verónica Sanz (Barcelona, 1982), en su faceta como presentadora. La catalana es una de las caras más conocidas de LaSexta, donde presenta LaSexta Xplica junto a José Yélamo. Ahora se ha lanzado a la literatura de la mano de Planeta, con quien ha publicado la novela Gente bien.
Está protagonizada por Elena, Irina, Minerva y Betty, cuatro mujeres ricas, unas más que otras, que parecen disfrutar de una vida idílica y envidiable que en realidad está lejos de serlo. En el otro extremo se encuentra Daisy, una bella joven dominicana que llega a España para salir adelante y que se ve deslumbrada por una existencia que anhela.
Esta es una historia -y una crítica- a cierto sector de la sociedad de clase acomodada, pero también tenemos corrupción, poder y ambición. De todo ello nos habla la periodista en esta entrevista.
Gente bien es tu primera novela. ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?
Surge primero como lectora empedernida de toda la vida, y como comunicadora y narradora que llevo siendo toda mi vida profesional. Son dos pulsiones que siempre están ahí pululando. Amo, me nutro de la literatura y me evado con ella, es algo que siempre ha estado en mi vida. Nunca he entendido estar quieta sin leer en un aeropuerto o en una sala de espera. Cuando me operaron de apendicitis, mi madre me recuerda que con 13 años le robaba el libro de las manos – era No sin mi hija-. Leía libros como churros. Eso ya te construye de una manera en la que siempre piensas un poco en las historias. Y luego aparte te haces periodista y te dedicas a contar la vida, sobre todo en directo, en mi caso, pero siempre pensando en que tienes que contar las cosas para que la gente las entienda, las comprenda y sobre todo que sea útil para ellos.
Al final me parecía inevitable que me lanzara a unir mis dos pasiones, y hacerlo desde la posición que tengo hoy día después de una cierta trayectoria. Llevo mucho tiempo contando historias y ahora voy a contar la mía.

Así nació la idea de escribir en general, pero... ¿cómo surgió esta novela?
De muchas historias de la actualidad que he ido contando a lo largo de mi vida profesional. Llevo más de 20 años como periodista. Y son las que no forman parte del titular o del cuerpo de la noticia que tienes que contar, pero son cosas que suceden alrededor de las grandes tramas, o de los grandes negocios y adjudicaciones. Y esto es ficción, pero de alguna manera los personajes que están ahí, que viven en esa élite del mundo empresarial, del poder económico, son los que inspiran esta novela. También lo hacen historias que han sucedido de verdad y que no tienen la misma trayectoria informativa.
Pero en este caso confluyen. Hay un crimen, hay titulares de prensa económica... Está todo conectado, pero tú a lo mejor no lo sabes como ciudadano. Y, sin embargo, yo como periodista, puedo intuir que están conectados porque conozco la trastienda de esa historia. Y me gusta contar esa trastienda o lo que hay detrás de algunas grandes tramas, sobre todo personajes poderosos que se creen impunes.
¿Se puede decir que esos poderosos viven completamente alejados de la realidad?
Absolutamente. Pero ese es un veneno que tienen los poderosos y que lo estamos viendo constantemente. Cada vez que se levanta una trama de corrupción es un poderoso al que se le pilla con algo. Y cuando se le pilla, normalmente siempre hay quien dice que cómo es posible que hiciera esto siendo quién es. Esto ocurre porque se alejan y pierden el contacto con la realidad y porque se emborrachan de poder, de privilegio, de influencia... Quieren más, y a la vez se desconectan del bien, del mal y de la ley. Entonces empiezan a actuar de una manera que los que estamos ahí abajo y sí que estamos conectados con la realidad no podemos entender.
Yo quería hablar de eso y luego me da la razón, por así decirlo, que cada vez que se levanta un sumario y lo lees, te das cuenta de que siempre es lo mismo. Se desconectan de la realidad porque tienen poder, porque tienen dinero, porque piensan que pueden hacer lo que les dé la gana...
¿Pero más para qué? Si ya tienen todo...
Pero muchos ricos y poderosos quieren ganar más o simplemente tener más poder. Uno de los ejemplos que aparece en el libro es el de Javier, un hombre que tiene el dinero que necesita, la familia perfecta, un trabajo estupendo y puede tener a la mujer que quiera. ¿Por qué contrata prostitución? ¿Por qué lo necesita? Más joven, más exuberante, más a su servicio... No lo necesita. No hay ninguna situación en la que digamos que lo necesita. No se puede justificar. Es un ejemplo de acceder a más poder e influencia, a poder sobre el cuerpo de cualquier mujer, a poder sobre lo que opinen los demás. Es ir escalando cada vez más cuota y a un precio que al final se hace bola y puede reventar.

¿Quién es tu villano favorito de tu novela?
Yo es que les he cogido mucho cariño a todos porque les he cocinado a fuego lento. Una de las mayores villanas podría ser Minerva, la periodista en principio retirada del grupo de las 'mamis ricas'. Lo voy a dejar ahí...
¿Y tu personaje predilecto?
Pues también Minerva. Es un personaje al que le he querido meter una carga de profundidad brutal con lo que tiene mío de televisión, y con lo que yo he visto de gente que no tiene escrúpulos y que está dispuesta a vender a su madre si hace falta. Pero es buena amiga y sus amigas la quieren. Incluso los malos también son así, los personajes no son planos.
Quería que mis personajes, que son mujeres, no fueran madre, esposa o mujer guapa o fea. Son personajes que son completos en el sentido de que tienen mucha profundidad y muchos matices. Tienen bondad o vileza en función del momento. Pueden ser racistas o machistas incluso siendo mujeres, porque son fruto de la sociedad en la que vivimos.
Luego está Elena, que es rica de toda la vida que recalca a sus hijos que ellos no son unos déspotas, pero Wendy, la mujer que tiene como empleada de hogar, no creo que piense lo mismo...
Es que Elena ha nacido en una familia en la que su madre la ha educado como una petarda de manual, quejándose por ejemplo de que hay chinos en la tienda de Chanel. Elena ha nacido ya en el privilegio y no aspira a nada porque eso ella lo tiene cubierto. Lo que quiere es tener su propio legado, su camino empresarial, su propio sello. Ella, como ya tiene cubierto todo lo material, a sus hijos y a su familia... Llega a un punto de madurez en el que se da cuenta de que ha sido alguien que ha bailado entre riqueza y que no ha hecho nada, así que su aspiración es tener su propia empresa. Pero el tema de las apariencias nunca le ha generado inquietud, porque ella ya era, no tenía que aparentar nada.
Sin embargo, hay otros personajes que han nacido en barrios más humildes como Betty, la hermana de Minerva. Ella sí quiere estar ahí y tiene que hacer un trabajo muy grande para llegar a ese punto. Pero Elena no, y ella te lo vende como que son valores, aunque, en realidad, cuando tú ves cómo trata al personal de su casa o algunas cosas que dice, es para decirle que le hace falta revisar esos valores. Pero al mismo tiempo quiere educar a sus hijos en que la ostentación no es algo positivo y yo creo que eso está bien.

Betty quiere llegar alto, pero no parte de lo más bajo. Y luego está Daisy, una inmigrante dominicana que aspira a vivir como las 'mamis ricas'...
Daisy parte de lo más vulnerable que te puedas imaginar. Es una mujer muy joven, sin una preparación profesional y encima es migrante. Tiene todos los ingredientes para estar en el extremo de la vulnerabilidad. Pero tiene un poder: la belleza. Y utilizando esa palanca ella encuentra un camino que le parece que es perfecto. Porque ella no se siente prostituta.
Ella contacta con una agencia que le dice que es una sugar baby y ella además ve que lo del sugar dating en realidad algo que se habla en redes, que está OnlyFans y que al fin y al cabo eso no es prostitución. Pero a pesar de estas corrientes de blanqueo de la prostitución, esto es lo que es. Pero ella compra un relato que está ahí fuera, que le afecta en su vulnerabilidad, en su juventud y en su aspiración, y entra de lleno, porque además tiene todo lo que necesita para poder ser un producto, porque es ella es una mercancía en ese negocio.
Tenemos a Daisy, que acaba en la prostitución de lujo, y a su hermano, que entra a formar parte de una banda latina. No es lo que su madre quería para ellos cuando les mandó a España desde República Dominicana...
Los dos vienen porque su madre piensa que van a tener una vida mejor en Madrid, como tantísimos miles de personas que han venido desde Latinoamérica, desde África, desde muchos lugares, porque piensan que van a tener una vida mejor aquí. A lo mejor si hubieran tenido aquí a su madre... pero ella no quería dejar su trabajo.
Los caminos que han tomado los dos hermanos no son los ideales, pero no estoy poniendo ninguna realidad desbaratada sobre la mesa. El ámbito de la venta del cuerpo es algo que no ha dejado de existir. Pero es que encima el problema hoy día es que blanqueamos ese negocio y lo hacen ministros que han pagado por prostitución y se niegan a decirlo, dicen que son sus novias o que son sus sobrinas, o el empresario que se las pone dice que son señoritas. Así no avanzamos. Ese negocio está ahí y eso es una realidad constante.
Y en el otro lado está el tema de las bandas latinas. Hay una búsqueda de pertenencia de muchos chavales, que no tienen por qué ser nacidos fuera, también los hay nacidos aquí, que son de segunda generación, o ni siquiera, que buscan en la pertenencia a una banda violenta un sello de identidad, un camino en un lugar donde es difícil hacerte una profesión que te permita vivir como tú quieras. Al final la violencia, el crimen, la delincuencia, pueden ser un camino para la aventura, para acceder a cosas que si no, no puedes acceder. Es el camino corto y es el camino erróneo, pero existe, está ahí y está creciendo.
Los pobres lloran, ¿los ricos también lloran?
Claro. Por supuesto, lo que pasa es que lloran por cosas diferentes. A veces lloran por las mismas cosas, porque la muerte de un padre, de una madre o de un hijo afecta igual seas rico o seas pobre.
Luego tenemos la Pirámide de Maslow, donde se colocan abajo las necesidades más básicas como la alimentación, el hogar y demás, y en la cúspide la realización. Pues yo creo que refleja un poco que hay gente que está buscando el tener cosas básicas, como el caso de Wendy, que no tenía prácticamente ni una casa, y trabajando en la casa de Elena consigue al menos tener un techo y un trabajo. Y vamos escalando hacia tener cosas cada vez materiales que te vayan haciendo sentir que tienes más poder, hasta la cúspide, que es alguien que tiene todo lo demás cubierto, como el caso de Elena, pero que quiere realizarse profesionalmente, como cualquiera de nosotros.

Pero la gente siempre o casi siempre quiere más y algunos hacen lo que sea por conseguirlo, aunque no sea ético...
Sí, en el libro hay algún caso de corrupción urbanística, o más que un caso, hay un modus operandi tipo 'a este ofrécele esto, o a este hazle esto para que consigamos lo otro'. Eso es corrupción. Todos sabemos que está ahí, no me ha hecho falta inventármelo. Y luego está el olfato periodístico, que es el que me ayuda a darle voz, escena y piel a las historias que cuento.
El haber visto cómo se han generado diferentes historias sin llegar necesariamente a ser escándalos, pero son dinámicas en las que a veces algo salta y tienes que ver si se puede demostrar. Si no se puede demostrar hay que pensar también si hay alguien que lo tapa, si está la policía metida o no... En España tenemos un juicio de la policía patriótica ahora mismo. No creo que sea tan descabellado que yo te planteé en esta novela que haya agentes de policía que estén dispuestos a ser comprados para tapar ciertas cosas
¿Esto es 'marca España'? ¿Estamos condenados a sufrir corrupción?
La corrupción no es marca España, es marca ser humano. En Estados Unidos tienen sus propias historias de corrupción a un nivel llevado al extremo y de desigualdad y de poder. Nosotros tenemos nuestra manera de hacer, pero es intrínseco a la búsqueda de más poder, más dinero, más influencia... No es algo que sea sello España, sino es sello ser humano. Es algo con lo que vivimos, con lo que nacemos. No todos lo desarrollamos igual, por supuesto, no todos lo llevamos a un extremo del crimen o de la delincuencia, pero es algo que está ahí, es una pulsión.
El problema es cuánta gente hay rebasando los límites sin que nunca lleguemos a darnos cuenta. Cuánta gente hay que ha estado ejerciendo ese poder y consiguiendo más poder y más dinero rebasando los límites legales y morales sin que jamás nos lleguemos a dar cuenta, porque conocemos lo que conocemos, lo que sale. Pero en la novela hay mucho reflejo de eso, de la impunidad que sienten los poderosos y que les hace actuar siempre en aras de conseguir más. Más dinero es igual a más poder, y cuando tienes más poder puedes acceder a más dinero. Y eso, ¿a dónde te lleva? pues seguramente a la autodestrucción. ¿Cuál es el fin? no hay fin.
Luego no ves a empresarios o a gente que ya no quiera ganar más dinero y que quieran parar. Lo normal es lo contrario. Yo soy una firme defensora del empresario y de la empresa honesta que crea riqueza y que da trabajo. Siempre voy a estar ahí. De hecho, como economista apoyo total a las iniciativas que generan riqueza. El problema es que a veces se corrompe cuando aparece el querer más y más, y cuando se mezclan el ámbito urbanístico con la política, que es cuando muchas veces se generan los casos de corrupción. Evidentemente no todos acaban ahí, por suerte. Pero es una tentación, es un camino que conduce a cierta tentación de querer más y más y pensar que como tienes tanto poder nadie te va a frenar de todos modos.

Habrá cosas que no salgan, pero ha salido incluso del rey emérito...
El rey emérito es un ejemplo clarísimo de figura muy poderosa que se ha creído impune y que ha hecho lo que le ha dado la gana. Y ahí está en Abu Dabi, pero no ha tenido ninguna consecuencia. Se ha tenido que exiliar, pero no ha ido a cárcel, no se le ha juzgado...
Pero el bochorno, la vergüenza...
Qué precio más bajo cuando al final está viviendo a todo lujo en Abu Dabi...
Pero él no lo ve así. Lo ve como una humillación absoluta...
Pero sobre todo porque tiene el rechazo de su hijo, y no hay dinero que pague eso. Tú puedes vivir a todo lujo en un palacio, pero si tu hijo no te respeta porque has fallado a tu país, eso no se puede revertir, es muy difícil.
Está pagando un precio moral, pero no sabemos hasta dónde han llegado las tropelías. Sabemos lo que sabemos, no se le ha juzgado. Yo le tengo respeto a la figura del rey emérito por las cosas que sí ha hecho por España, pero es verdad que llega un punto en que no puede justificar que luego él libere toda su ambición y que se le perdone todo. Al final las historias hay que contarlas completas.
Los ricos también lloran, sí, pero ¿nos podemos tomar realmente en serio sus problemas si los comparamos con los de la gente normal y corriente?
A nivel doméstico no. Evidentemente estamos hablando de que a lo mejor tu drama es que no sabes elegir el mármol travertino si es de un color o de otro. Y en un barrio de Madrid como por ejemplo Usera, que es donde sitúo a Daisy, tienes problemas como con cuánta gente tienes que compartir una habitación o un piso para poder vivir, cuántos viajes en bicicleta a 40 grados de calor tienes que hacer llevando comida a gente para poder pagarte tu vida. Cuanta menos renta tienes, tus problemas van más en el eje de la vida o la muerte o sea, en subsistir. Cuando estamos pegados a la supervivencia se nos salta la adrenalina y vamos de carril a luchar por nuestros hijos, por nuestra vida...
Pero cuando estás en una situación de riqueza, de abundancia, y el problema es que no sabes si coger la vajilla china o egipcia, pues a lo mejor haces un drama, pero no te va la vida en ello. Incluso dedicas demasiados recursos emocionales a cosas que no tienen ninguna importancia. A lo mejor si te estuvieras jugando tu supervivencia ejecutarías de una manera mucho más inteligente.
¿Somos todos y todas, aunque no seamos ricos, un poco culpables de montar dramas por cosas que no tienen ninguna importancia?
Es a lo que llamamos problemas de primer mundo. Es que no me cabe un pantalón o es que no me han gustado cómo me han hecho las mechas. Todos hemos visto a gente montar dramas por cosas que te dan ganas de cogerle, sacudirle y decirle que esto no es un problema y que tiene fácil solución. Lo que no tiene solución son los dramas que hay ahí fuera de mucha gente que a pesar de tener trabajo, no consigue llegar a final de mes, que no puede tener un hijo porque no puede ni siquiera tener un techo. Eso es un problema de verdad. Lo que tú tienes no lo es. Pero claro, a veces hay gente que se desconectan de la realidad y esas personas creen que sus problemas son dramas de verdad.
