Eugenio Baraldi, profesor: "Los padres creen que su hijo es más inteligente si es bueno con el móvil; es un falso mito"
Pueden presentar problemas de lenguaje y en el sueño.

Es una escena habitual: viajes en tren o en autobús, salas de espera o restaurantes donde, para conseguir un momento de paz, los padres ceden su smartphone a niños muy pequeños y se puede llegar a ver a un niño de muy temprana edad utilizando un teléfono móvil con total autonomía. El niño se calla, se queda quieto y maneja el dispositivo con una soltura que sorprende. Sin embargo, confundir esa habilidad con inteligencia es un error peligroso.
Según el informe Niños de la llave 3: la vida empantallada de Educo, una ONG que trabaja por los derechos de la infancia, más de 375.000 niños españoles (de 6 a 13 años) pasan "horas del día solos" frente a los smartphones; una situación que se agrava todavía más durante los periodos vacacionales.
De hecho, según una revisión de la revista científica Public Health in Practice, todas las recomendaciones de las agencias de Naciones Unidas van en la misma dirección en lo que se refiere al uso de los teléfonos inteligentes por parte de los más pequeños. El estudio destaca literalmente que estas organizaciones "coinciden ampliamente en cuanto al tiempo máximo frente a la pantalla".
En este sentido, Eugenio Baraldi, director del Departamento de Salud de la Mujer y el Niño del Hospital Universitario de Padua (Italia), en declaraciones al medio italiano Corriere della Sera subraya que "con frecuencia los padres están convencidos de que si un hijo es bueno usando el móvil, es más inteligente, pero este es un falso mito que debe ser desmentido".
Estudios científicos lo avalan
La evidencia científica respalda esta advertencia. Diversos estudios señalan que el uso de pantallas en niños menores de dos años provoca alteraciones tanto el lenguaje como en el sueño, lo cual puede desembocar no solo en insomnio, sino también en un subdesarrollo de la materia blanca cerebral.
El problema se extiende también a la salud mental. Los estudios ponen el foco en los preadolescentes de 12 años que ya tienen teléfono propio: presentan un riesgo mucho mayor de sufrir depresión, obesidad y falta de sueño en comparación con quienes no lo usan.
