Se revela la sorprendente reacción de Isabel II al enterarse de la muerte de su marido, el duque de Edimburgo
Cuando se le comunicó el fallecimiento del príncipe Felipe, la reina tuvo una reacción un tanto llamativa.
El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, murió el 9 de abril de 2021. Tenía 99 años y decía adiós a una vida muy larga e intensa que había comenzado en Grecia casi un siglo antes.
Porque al marido de Isabel II, el varón más longevo de la familia real británica y el consorte con más años de servicio, no le interesaba llegar a su centenario, y lo logró por poco. "No se me ocurre nada peor que cumplir 100 años", había comentado cuando su suegra, la Reina Madre, alcanzó tan señalada cifra.
La última cerveza del duque de Edimburgo
Cuando falleció, se indicó que la causa de la muerte había sido la vejez, algo lógico al haber dejado este mundo dos meses y un día antes de haber cumplido un siglo. Sus últimos meses habían sido duros. Su confinamiento en Windsor Castle tuvo que ser interrumpido por una hospitalización en dos centros médicos. A punto estuvo de perder la vida, pero lograron salvarle.
El duque de Edimburgo quiso morir en casa, en Windsor, donde pasó los últimos 24 días de su larga vida, un final del que hemos sabido más gracias al libro Queen Elizabeth II, de Hugo Vickers, una obra de la que el autor ha ofrecido extractos en Daily Mail.
Así, hemos descubierto cómo en la última noche del príncipe Felipe, logró levantarse de la cama, escabullirse de sus enfermeras y ayudado por el andador, caminar hasta el Salón del Roble de Windsor Castle, donde se tomó una cerveza. Al duque de Edimburgo le encantaba la cerveza y quiso disfrutar de este placer en el ocaso de su existencia.
A la mañana siguiente se levantó, tomó un baño, dijo que se encontraba mal y que deseaba volver a la cama, donde falleció plácidamente. A su lado no estaba Isabel II, que no debía haberse levantado todavía.
Había dejado dicho que le avisaran cuando se acercara el momento, pero cuando preguntó, le contaron que "Su Alteza Real nos dejó hace 20 minutos". Su reacción fue de enfado, pero hizo un comentario tan curioso que resultó hasta divertido. Como ha relatado Hugo Vickers, le contaron que la reina optó por decir que estaba "absolutamente furiosa porque, como suele suceder en la vida, se marchó sin despedirse".
Además, el autor señala que casualmente ese mismo día, Rainer von Hessen, sobrino de Felipe de Edimburgo, se alegró enormemente al recibir de él el prólogo de un nuevo libro sobre Wolfsgarten, un pabellón de caza alemán del siglo XVIII que le llegó por vía postal el mismo 9 de abril, sin saber todavía que su tío había muerto.
Esto demuestra que a pesar de su fragilidad, su reciente mes de hospitalización, sus pérdidas de memoria a corto plazo tan habituales a esa edad, y del cáncer de páncreas que sufrió en los últimos ocho años de su vida, Felipe sacó fortaleza para dejar terminado ese prólogo, para cumplir hasta el final.
Le detectaron un cáncer de páncreas a los 91 años
Porque el duque de Edimburgo era fuerte, pero no inmortal. Sus primeros problemas graves de salud llegaron cuando tenía ya 90 años, poco antes de la Navidad de 2011. Fue trasladado en helicóptero desde Sandringham al Hospital Royal Papworth de Cambridge debido a dolores en el pecho.
Allí se le practicó una angioplastia coronaria exitosa y se le implantó un stent. Cuatro días después, el 27 de diciembre, estaba en casa. Y no tardó en conducir carruajes, esa pasión que le llegó tardía, pero a la que se dedicó en cuerpo y alma.
En pleno Jubileo de Diamante, en junio de 2012, sufrió una infección urinaria tras aquel pomposo paseo en barco por el Támesis incluido en las celebraciones. Un año después se sometió a una operación abdominal en Londres de la que no se dieron muchos detalles.
Los médicos le encontraron una sombra en el páncreas. El diagnóstico era cáncer y no se podía operar. Se trata de un tipo de cáncer con un bajo índice de supervivencia. Él entonces tenía 91 años y todavía vivió 8 años más sin dar signos externos de sufrir esta dolencia.
En 2017, el duque de Edimburgo se retiró de los actos oficiales tras casi 70 años de servicio y con 22.219 actos públicos realizados. Se instaló entonces en Wood Farm, en Sandringham, residencia ocupada años después por su hijo Andrés tras ser desalojado del Royal Lodge. Allí fue feliz, conducía su carruaje, leía, pintaba y recibía visitas, entre ellas de la reina Isabel, y de Lady Penny Mountbatten, con la que siempre tuvo una relación muy estrecha.
El final de su vida: en Windsor con la reina Isabel
En diciembre de 2019 volvió al hospital para hacerse unas pruebas. Pasó la Navidad delicado, pero salió adelante. Al llegar el confinamiento se le hizo ir a Windsor junto a Isabel II para crear allí una burbuja en la que estuvieran protegidos. En junio de 2020 posó para una foto junto a la reina por el que sería su último cumpleaños. Se le veía muy bien, al igual que ese 20 de noviembre en su 73º aniversario de boda.
Sin embargo, el 17 de febrero de 2021 fue ingresado el Hospital King Edward VII de Londres. El 1 de marzo fue trasladado al Hospital St. Bartholomew, donde le practicaron una operación de corazón que le salvó la vida. El 16 de ese mes volvió a Windsor, donde falleció 24 días después.
Una triste imagen para la historia
Después del enfado de la reina, y del dolor que sintió al perder a su marido, la reina siguió con su agenda, asistió el funeral, donde solo estuvieron 30 invitados y que dejó para el recuerdo aquella imagen de Isabel II anciana, enlutada, con mascarilla y alejada de todo el mundo en la capilla de St George de Windsor Castle. La despedida al duque de Edimburgo fue solemne y magnífica, pero de perfil bajo debido a la pandemia. Sin duda a él le hubiera encantado.
Isabel II cumplió 95 años ya viuda, y de repente empezaron las cancelaciones derivados de una salud que de repente ya no le acompañaba. Logró vivir lo suficiente para celebrar su Jubileo de Platino, y el 8 de septiembre de 2022, dos días después de despedir a su Primer Ministro número 14, Boris Johnson, y dar la bienvenida a la número 15, Liz Truss, falleció a los 96 años. Ella fue efímera, solo se mantuvo 49 días en el cargo, pero eso Isabel II nunca lo supo.