Donald Mutti, catedrático de Optometría: "La miopía se dispara, pero la culpa no es mirar la pantalla de cerca, sino pasar poco tiempo al aire libre"
La miopía no deja de crecer, especialmente entre niños y jóvenes.
Cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que no lleve gafas o lentillas por culpa de la miopía. Este problema de visión no deja de crecer, especialmente entre niños y jóvenes, hasta el punto de que los expertos lo consideran uno de los grandes retos para la salud ocular de las próximas décadas. Aunque las pantallas suelen acaparar todas las miradas, lo cierto es que la ciencia apunta a otro gran culpable.
Así lo asegura Donald Mutti, catedrático de Optometría de la Universidad Estatal de Ohio, que lleva más de dos décadas investigando el desarrollo de la visión en niños. Según explica, la creencia de que la miopía aumenta por pasar horas mirando el móvil o el ordenador a corta distancia no está respaldada por la evidencia científica. En cambio, sus investigaciones apuntan a que pasar mucho tiempo en casa es un factor mucho más determinante.
El especialista basa esta hipótesis en un estudio longitudinal de más de 20 años en el que analizó el desarrollo ocular de cientos de niños y los principales factores de riesgo asociados a la aparición de la miopía. "La miopía se dispara, pero la culpa no es mirar la pantalla de cerca, sino pasar poco tiempo al aire libre", asegura en declaraciones recogidas por la BBC. Una idea que desmonta uno de los mitos más extendidos sobre la salud visual y pone el foco en cómo ha cambiado nuestro estilo de vida en las últimas décadas.
Solución: salir más a la calle
Según el investigador, la exposición a la luz natural favorece la liberación de dopamina en la retina, un proceso que ayuda a regular el crecimiento del ojo durante la infancia. Cuando ese desarrollo se altera, el globo ocular puede alargarse más de lo normal y aparece la miopía. Por ello, los especialistas insisten en que fomentar las actividades al aire libre desde edades tempranas puede convertirse en una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo de aparición.
Ahora bien, esto no significa que las pantallas sean inofensivas. Los expertos advierten que el uso prolongado de móviles, tablets y ordenadores puede provocar fatiga visual, sequedad ocular o favorecer un estilo de vida más sedentario. Según explica Donald, el problema es que la tecnología ha sustituido parte del tiempo que antes se dedicaba a jugar, caminar o practicar deporte en el exterior, reduciendo la exposición diaria a la luz solar.
Además de cuidar la vista, reducir el sedentarismo también ayuda a prevenir otros problemas derivados del uso intensivo de dispositivos electrónicos, como el conocido "cuello tecnológico", la disminución de la fuerza muscular o el empeoramiento de la coordinación motora. Ante este problema, los expertos insisten en mantener una buena postura, realizar pausas frecuentes durante el uso de pantallas y combinar las actividades digitales con ejercicio físico y tiempo al aire libre.