Mikel Merino convierte el milagro en rutina y mete a España en semifinales con otra aparición salvadora
Un gol del navarro, otra vez desde el banquillo y otra vez al filo del descuento, abre la puerta de las semifinales a España por segunda vez en su historia tras imponerse 2-1 a una correosa Bélgica. Ahora toca Francia.

Hacer del milagro la rutina es algo al alcance de muy pocos futbolistas. Los hay que lo consiguen a través de regates imposibles, de paradas inimaginables o de apariciones salvadoras cuando menos se lo espera el resto de la humanidad. Mikel Merino es de estos últimos. Una nueva intervención al límite del reloj del navarro ha metido a España en semifinales del Mundial por segunda vez en nuestra historia.
Su gol en el 87', de rechace y recién salido del banquillo, sentenció a una correosa Bélgica que metió intensidad y miedo hasta el descuento del descuento hasta el 2-1 final. España mereció más, lo buscó más pero no lo encontró hasta el límite, demasiado obsesionada en la 'vía Lamine'.
El premio llegó, de nuevo, gracias al 'cambio fetiche' de Luis de la Fuente, que viene de hacer lo propio contra Portugal el lunes. Qué bien cambia el seleccionador, por cierto. Pero, conviene aclararlo, si se produjo el milagro es porque se persiguió también con un disparo lejano... especie en triste extinción en el fútbol moderno.
Fabián la sorpresa; Doku la amenaza
Bélgica demostró pronto que sería un rival pegajoso, ajeno a las cuitas del cambio en el once de Luis de la Fuente. Una única pero gran sorpresa, la de meter a Fabián por un Pedri aún a medio encontrarse. Con menos fútbol de creación que España, pero con una mezcla de intensidad, gestión de recursos y especialmente de sus oleadas en ataque, los centroeuropeos incomodaron incluso en fase de repliegue.
El dominio era español, si bien no conseguían hacer que Courtois calentase guantes. Enfrente, los 'Diablos Rojos' (hoy blancos) lo emplazaban todo a la calidad de Doku impreciso pero siempre amenazante. De primeras Porro le tomó la medida por su banda. Quedaba mucho, empero...
El balón no paraba. Sin apenas pasas, el primer respiro fue la pausa de hidratación, que se hizo especialmente larga esta vez. Como en citas anteriores, España salió fuerte de ella, con Lamine como actor más visible y convirtiendo la mayor presencia la mayor presencia se tradujo en mayor golpeo. Fue el propio extremo quien activó a Courtois antes de iniciar una jugada de tiralíneas por su banda que Porro continuó para Olmo. El polivalente 'culé' entró hábil en diagonal al área y su disparo lo rechazó el meta belga, pero el rechace quedó muerto a mitad de área y por allí apareció en segunda línea Fabián. Solo y con tiempo, la colocó en uno de los pocos huecos que no llenaba un Courtois aún a medio recolocar para hacer el 1-0 al filo de la media hora. Volver al once y con gol... mejor imposible para el sevillano del PSG
Se podría decir que España tenía el partido prácticamente donde quería, pero había algo raro, difícil de cuantificar. Porque más allá del gol, daba la sensación de que Bélgica se guardaba algo. Incluso cuando vinieron los mejores minutos de España, siempre con Rodri al mando silencioso en el medio y con Lamine multiplicando su presencia. Este siguió sumando méritos para el futuro MVP y provocó y lanzó una falta peligrosísima al borde del área. Pero Courtois es mucho Courtois. Inmediatamente después, tuvo otra para seguir volviendo loco a Doku.
Los belgas parecían dominados, pero no se vieron nunca anulados. De hecho, cuando mejor pintaba para España, construyeron su jugada más destacada, una combinación paciente buscando hueco y sabiendo jugar al límite del fuera de juego. Fue De Bruyne, un tanto tapado hasta entonces, el que encontró a Castagne con espacio en banda derecha. Vio de maravilla a De Ketelaere, que aprovechó muy bien su poderío por alto para imponerse y hacer el 1-1.
Un escenario novedoso
A España le habían hecho una jugada muy de España. Y de paso, rompían el récord de imbatibilidad de Unai Simón. Pero más importante que todo eso, el momento ponía a prueba a la aspirante en un escenario aún desconocido: cómo reaccionaría a un gol en contra. Apenas dio tiempo a cierta locura en el descuento... y casi mejor. El descanso habría de imponer reflexión en el vestuario.
España regresó con la firme intención de quedarse el balón en ataques largos acumulando fases —pequeña licencia rugbística— y sobre todo vigilándose las espaldas de no permitir una contra belga. Cada balón liberado era un cheque en blanco para un Doku desdoblado por bandas. Entre él y De Bruyne se inventaron un susto para la defensa española. Algo estaba viendo De la Fuente que optó por intervenir antes de lo habitual. Se intuía la entrada de Ferrán por Baena, no tanto la vuelta de Pedri por un Fabián con cara de pocos amigos o, al menos, de no entender por qué la sustitución apenas comenzada la segunda parte. Bélgica metió más dinamita con Lukaku poco después
El partido se empezaba a romper. La enésima cabalgada de Doku sorprendió a Porro y pillo descolocado al resto de la defensa. Con Lukaku esperando en el segundo palo Laporte apareció providencial con un corte cuyo rechace dio en la mano de Rodri. Bélgica reclamó penalti, pero el juego seguía. La respuesta fue inmediata con Lamine como dueño del balón con un par de ocasiones seguidas. Buscando inventar siempre, encarando, saliendo del primer regate pero ya no del segundo.
Son muchas piernas cercas de él; así ha sido desde el comienzo del torneo. Seguimos a la espera de que le salga la jugada perfecta. Entre él, Oyarzabal y Ferran se sucedieron los casi, entre intervenciones de un Courtois que dio el susto justo antes de la pausa de hidratación. El susto pasó a ser noticia, porque intentó reponerse pero ya no pudo y necesito la sustitución, entre lágrimas. A escena su joven sustituto, Lammens, portero del Manchester United para los ajenos.
Hay vida más allá del 'balones a Lamine'
Ni con Courtois ni con el reemplazo acababa España la mayoría de las jugadas. Las combinaciones eran excelentes hasta los últimos 10-15 metros. Siempre faltaba ese extra en el área, blindadísima por una selección en la que solo faltaba por achicar Lukaku. Se obsesionó un tanto Lamine y aún más una España que parecía querer mirar solo a la banda derecha. Lo vio el técnico riojano y optó por Nico Williams, llevando a Ferrán a la punta por un desaparecido Oyarzabal. Quedaba un cambio de libro, el de Merino como reemplazo de Olmo.

Efectivamente, había mundo más allá del 'balones a Lamine'. En una de esas ocasiones de lógica de fútbol cerca del descuento, tirar a puerta tuvo premio. Lo probó de lejos Cubarsí y el rechace de un impreciso Lammens lo aprovechó el más listo (y fresco) de la clase, Merino. Otra vez, salvador al límite del reloj. Amerita ser titular, pero aportando tanto desde el banquillo él mismo se boicotea su titularidad.
Sin tiempo para mucho más que la desesperada, Bélgica tiró con todo al ataque. Una mala salida de Unai, un par de centros a lo que salga y un último golpe de fe fueron el canto de cisne de una selección que vuelve a quedarse en la orilla. Con su mejor generación o con la transición entre lo que fue ayer (De Bruyne, Lukaku, Courtois) y lo que aspira a ser mañana (Doku, De Ketelaere...), Bélgica siempre está... pero nunca llega.
La que sí llega y ya está 'aquí' es España, que se enfrentará al gran 'coco' a juicio de los que saben, Francia. Y para más inri, el 14 de julio, fiesta nacional francesa. Pero el 14 de julio también es el Pobre de mí de los sanfermines. Y eso es terreno del navarro Mikel Merino, el hacedor de milagros.
Las chicas, pentacampeonas
Antes de que comenzara a rodar el balón en el SoFi de Los Ángeles, la selección femenina Sub-17 se coronaba como campeona de Europa, por quinta ocasión consecutiva, al imponerse 0-1 a Alemania. El presente es magnífico, pero el futuro pinta aún mejor.
