Inés Moreno Sánchez, traumatóloga: "Un apretón de manos predice si tendrás Alzheimer en 10 años: las personas con menos fuerza tienen un 54% más de riesgo de demencia"
El vínculo entre músculo y cerebro es más fuerte de lo que creemos.
El Alzheimer es una de esas enfermedades que despiertan miedo en muchos de nosotros. La idea de despertarte un día y no reconocer a tu familia o perderte en tu propia casa es aterradora, y nos recuerda que, más allá de los años, nuestra memoria es uno de los tesoros más valiosos que tenemos. Por eso cualquier señal temprana que nos permita cuidar nuestro cerebro y retrasar la enfermedad se convierte en una esperanza.
Según la traumatóloga Inés Moreno Sánchez, esa “esperanza” podría estar mucho más cerca de lo que imaginamos. En lugar de buscar solo pastillas o ejercicios mentales, explica que nuestros músculos juegan un papel fundamental en la salud del cerebro. Cada esfuerzo físico genera sustancias químicas llamadas mioquinas que protegen las neuronas y fomentan la memoria. En otras palabras, cuidar de nuestros músculos es también cuidar de nuestra capacidad retentiva.
La especialista enfatiza que el vínculo entre músculo y cerebro es más fuerte de lo que solemos pensar. La pérdida de fuerza no solo afecta a la movilidad, sino que es un indicador temprano de posibles problemas cognitivos. "Un apretón de manos predice si tendrás Alzheimer en 10 años: las personas con menos fuerza tienen un 54% más de riesgo de demencia", asegura en un vídeo publicado en su canal de YouTube.
¿Cómo proteger nuestra memoria?
Por eso, un gesto tan cotidiano como el de estrechar la mano puede servir como una especie de alerta temprana sobre la salud cerebral. Bajo esta premisa, Inés Moreno Sánchez insiste en que la prevención empieza por mover el cuerpo, no solo por ejercitar la mente. Actividades como levantar pesas, hacer sentadillas o incluso caminar con constancia no solo fortalecen los músculos, sino que “encienden” esa comunicación química con el cerebro, estimulando la producción de mioquinas y demás factores que protegen la memoria.
Además, la doctora señala que este cuidado del cuerpo cobra aún más importancia a medida que envejecemos. “A partir de los 35 años, pierdes un 1% de tu masa muscular anualmente. Haz las cuentas, para cuando llegue a los 80 has perdido la mitad de tu motor”, explica. Así, advierte que mantenerse activo no se trata de estética ni de “estar en forma”, sino de proteger nuestras neuronas y retrasar el inicio de enfermedades como el Alzheimer.
De esta forma, insiste en que el sedentarismo no es un estado neutro, sino que se trata de un factor que apaga esa comunicación entre músculo y cerebro. “Cada vez que levantas una pesa o haces una sentadilla profunda, estás enviando un telegrama químico de extrema urgencia a tu cerebro”, afirma para subrayar su tesis de que el movimiento actúa como una especie de medicina biológica para el sistema nervioso.
En definitiva, el testimonio de Inés Moreno Sánchez deja claro que la salud cerebral puede empezar mucho más abajo de lo que solemos pensar: en las piernas, en los brazos e incluso en la fuerza con la que somos capaces de agarrar la mano de otra persona. Cuidar nuestros músculos es enviar un mensaje de vitalidad a nuestro cerebro, convirtiendo el movimiento diario en una de las herramientas más poderosas para proteger la memoria.