Ricardo Freile, cardiólogo, explica cómo medir la tensión arterial: "Si es mayor de 60, hay que prestarle atención"
Unas arterias sanas poseen elasticidad.

Medirse la tensión arterial en casa es una práctica cada vez más habitual, especialmente entre personas con hipertensión o factores de riesgo cardiovascular. Sin embargo, más allá de comprobar si la presión está dentro de los valores recomendados, el cardiólogo Ricardo Freile asegura que existe un dato que muchas personas pasan por alto y que puede aportar información interesante sobre la salud de las arterias.
Se trata de la presión del pulso y según explica el especialista, calcular este valor es sencillo y consiste en obtener la diferencia entre la presión arterial sistólica (la cifra alta) y la diastólica (la cifra baja). Aunque no sustituye una valoración médica ni las pruebas específicas, puede servir como una señal que merece ser comentada con un profesional.
Cómo calcular la presión del pulso
Freile insiste en que el primer paso es realizar una medición correcta de la tensión arterial. Para ello recomienda utilizar un tensiómetro adecuado, permanecer sentado con la espalda apoyada y el brazo correctamente colocado.

Después, aconseja realizar entre dos y tres mediciones, dejando aproximadamente un minuto entre ellas, y calcular el promedio de las dos últimas para obtener una cifra más fiable tanto de la presión sistólica como de la diastólica. Una vez obtenidos esos valores, el cálculo es muy simple: se resta la presión diastólica a la sistólica.
De acuerdo con el cardiólogo, una presión del pulso inferior a 60 mmHg suele encontrarse dentro de un rango considerado normal. Sin embargo, cuando esa diferencia supera los 60 mmHg, puede existir una presión del pulso aumentada, una situación que puede estar relacionada con una mayor rigidez arterial, aunque no constituye por sí sola un diagnóstico. En estos casos, es frecuente observar una presión sistólica elevada —por ejemplo, alrededor de 140 mmHg— mientras que la diastólica permanece normal o incluso baja.
¿Por qué ocurre esta diferencia?
Freile explica que unas arterias sanas poseen elasticidad y son capaces de amortiguar el impulso de la sangre cuando el corazón se contrae. Sin embargo, cuando las arterias se vuelven más rígidas, esa capacidad disminuye. Como consecuencia, durante la sístole la presión aumenta con mayor intensidad y la onda de presión se transmite más rápidamente, elevando la cifra superior.

Posteriormente, durante la diástole, esa presión cae con mayor facilidad, generando una diferencia más amplia entre ambos valores. El resultado es una presión del pulso elevada que, según el especialista, puede servir como una pista sobre el estado del sistema vascular.
Sin embargo, el cardiólogo recuerda que hay métodos mucho más específicos para evaluar la rigidez arterial, como la medición de la velocidad de la onda de pulso entre las arterias carótida y femoral o entre el tobillo y el brazo. No obstante, reconoce que estas pruebas requieren equipamiento especializado y no siempre están disponibles en todos los centros sanitarios.
