Un experto médico de Harvard come 1.000 sardinas en un mes: "Ya no siento frío"
Pese a los buenos resultados que confirma el experto, la comunidad médica también avisa de los riesgos de este tipo de dietas tan extremas y agresivas.

Las sardinas han pasado de ser un alimento humilde, casi de supervivencia, a ocupar un lugar inesperado en el Olimpo de la nutrición. El último empujón lo ha dado Nick Norwitz, investigador vinculado a Harvard, que decidió someter su propio cuerpo a una prueba tan simple como radical: comer alrededor de 1.000 sardinas en solo un mes. El resultado fue llamativo y dio pie a un titular difícil de ignorar: "Ya no siento frío".
Más allá del gancho viral, el experimento abre preguntas interesantes sobre los límites de las dietas extremas, el papel real de los omega-3 y hasta qué punto un "superalimento" puede convertirse en un arma de doble filo.
Norwitz diseñó su autoexperimento con una regla clara: consumir unos 100 gramos de sardinas diarios por cada 22 kilos de peso corporal, durante 30 días. Agua, electrolitos y poco más. En círculos nutricionales, esta práctica se conoce como "ayuno de sardinas", una variante del ayuno prolongado que promete mantener la masa muscular gracias al alto contenido proteico del pescado.
Durante los primeros días, los resultados parecían espectaculares. Según explicó el propio Norwitz, perdió cerca de tres kilos en la primera semana sin notar pérdida de fuerza. Al contrario, decía sentirse ligero, con energía y especialmente cómodo durante el entrenamiento. El cuerpo, privado casi por completo de carbohidratos, entró rápidamente en cetosis, un estado metabólico en el que se utilizan grasas y cuerpos cetónicos como principal fuente de energía.
Sin embargo, el entusiasmo inicial tuvo que ajustarse. Hacia el final de esa primera semana, su rendimiento empezó a caer en picado. El problema no eran las proteínas ni los micronutrientes, sino la falta de grasa total. La solución fue tan sencilla como reveladora: añadir aceite de oliva, aceite de coco o MCT. Con ese cambio, los niveles de energía se estabilizaron.
Norwitz lanzó entonces una advertencia clara: quienes ya tienen un porcentaje de grasa corporal bajo no deberían intentar algo así sin ajustes. El cuerpo, dice, "protesta" cuando percibe que las reservas energéticas se están agotando.
¿Por qué las sardinas tienen fama de superalimento?
La base del experimento se apoya en un argumento sólido: desde el punto de vista nutricional, las sardinas son una pequeña bomba de nutrientes. Al consumirse enteras —con piel y espinas— concentran minerales y compuestos que otros pescados no aportan en la misma proporción.
Entre los nutrientes más destacados se encuentran:
- Proteínas de alta calidad y fácil digestión
- Ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA)
- Calcio, magnesio y fósforo
- Hierro, zinc y potasio
- Vitamina B12 y vitamina D
- Selenio, taurina y coenzima Q10
No es casual que Norwitz las describa como "una barrita de proteínas y un multivitamínico natural que vive en el mar".
"Ya no siento frío": el efecto más llamativo
A medida que avanzaban las semanas, apareció el efecto más sorprendente. Norwitz aseguraba sentirse inusualmente resistente al frío, incluso al aire libre y con temperaturas cercanas a los cero grados. Su hipótesis apunta directamente a los omega-3.
Los análisis de sangre mostraron un índice de omega-3 del 16 %, muy por encima del rango considerado óptimo (entre el 8 y el 11 %). Para comparar: algunos estudios sitúan el índice de los delfines nariz de botella cerca del 20 %. Aunque no está demostrado que este nivel explique por sí solo la tolerancia al frío, sí existen investigaciones que relacionan los omega-3 con la regulación del calor corporal.
El experimento, pese a sus resultados llamativos, no convence a todo el mundo. Los especialistas coinciden en reconocer los beneficios del pescado azul, pero advierten contra las dietas monótonas y prolongadas. Comer un solo alimento durante semanas puede provocar carencias importantes, especialmente de:
- Fibra dietética
- Compuestos vegetales con efecto antiinflamatorio
- Vitaminas clave para la salud intestinal y el sistema inmune
Además, un exceso de omega-3 tampoco es inocuo. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria considera segura una ingesta máxima de cinco gramos diarios de EPA y DHA combinados. Con la cantidad de sardinas que consumía Norwitz, una persona de unos 80 kilos podría superar fácilmente ese límite.
Entre los posibles riesgos de una sobredosis prolongada se incluyen alteraciones en la coagulación, debilitamiento del sistema inmunológico y problemas en el metabolismo de grasas y azúcares. En personas con patologías previas, el riesgo puede ser mayor, incluido un aumento de la probabilidad de fibrilación auricular.
El efecto secundario menos glamuroso
A todo esto se sumó un detalle inesperado pero muy real: el olor. Norwitz relató que, con el paso de los días, su cuerpo desprendía un intenso aroma a pescado, incluso horas después de comer y tras lavarse los dientes. El "aura de sardina", como él mismo la llamó, acabó afectando a su entorno social y a su relación de pareja.
Por eso, su recomendación final es mucho más moderada: si alguien quiere probar algo parecido, mejor hacerlo solo durante dos o tres días, con planificación y sentido común. Porque, por muy saludable que sea un alimento, ni el cuerpo —ni quienes te rodean— están pensados para vivir eternamente a base de sardinas.
