Un oftalmólogo desmiente los mitos sobre las gafas de sol: "La vitamina D solo se produce a través de la piel"
“Unas gafas de sol de 20 euros protegen igual de bien que unas de 200 euros”, asegura.
Con la llegada del verano, las gafas de sol vuelven a convertirse en uno de los accesorios imprescindibles para millones de personas. Más allá de la moda o la comodidad frente al resplandor, su función principal es proteger los ojos de la radiación ultravioleta. Sin embargo, alrededor de su uso siguen circulando numerosos mitos, como la creencia de que pueden afectar a la producción de vitamina D.
Para acabar con estas dudas, el oftalmólogo Birkhoff ha querido desmontar algunas de las creencias más extendidas sobre las gafas de sol. El especialista asegura que su uso no tiene ningún impacto en la producción de vitamina D, ya que esta "se produce a través de la piel, no a través de los ojos". Al mismo tiempo, advierte que prescindir de la protección ocular sí puede tener consecuencias a largo plazo.
"La radiación UV puede dañar diversas partes del ojo. Se pueden observar daños en el cristalino o la retina. Como consecuencia, pueden desarrollarse prematuramente diversas afecciones, como cataratas y degeneración macular (desgaste de la retina)", asegura Birkhoff en declaraciones recogidas por RTL. Esto no ocurre de la noche a la mañana, sino que se trata de un efecto acumulativo a lo largo de varios años.
Más precio no es mayor protección
Otro mito muy repetido es que las gafas de sol solo hacen falta cuando el cielo está despejado. “A menudo no nos damos cuenta de que las nubes simplemente dejan pasar una gran parte de la radiación UV”, explica Birkhoff haciendo referencia a aquellos días nublados donde parece haber menos sol. Por ello, recuerda que los ojos siguen estando expuestos a esta radiación incluso cuando el cielo está cubierto.
Una de las creencias más extendidas apunta a que llevar gafas de sol podría alterar el ritmo circadiano o incluso interferir en la producción de melatonina. “En la práctica, el efecto es mínimo, porque la luz del día es tan brillante que, incluso con buenas gafas de sol, llega suficiente luz al ojo para que el reloj biológico funcione correctamente”, aclara Birkhoff, aunque también reconoce que, en teoría, existe cierta relación entre la luz que entra por los ojos y este proceso biológico.
Finalmente, el experto clarifica que a la hora de comprar unas buenas gafas de sol, el precio no es lo más importante. “Unas gafas de sol de 20 euros protegen igual de bien que unas de 200 euros”, asegura. Unas gafas de sol con el marcado CE de categoría 3 ya ofrecen protección suficiente para la mayoría de las personas. “Aún mejor es un modelo con filtro UV400, que bloquea prácticamente toda la radiación UVA y UVB”, concluye.