Desembarco a la vista: un periódico británico señala 10 ciudades españolas con playa que los turistas aún no han descubierto
Porque, aunque las redes sociales lo pongan complicado, todavía quedan lugares donde el verano no viene con aglomeraciones de serie.
Encontrar un rincón "secreto" en la costa española en plena era de Instagram parece casi misión imposible. Pero desde The Telegraph aseguran que aún quedan lugares donde la toalla no está pegada a la del vecino… y donde pedir una cerveza no implica hacer cola como en un concierto.
En una selección firmada por la experta en destinos Sally Davies, el medio británico apunta diez localidades costeras que, pese a su belleza, siguen fuera del radar del turismo masivo. O dicho de otra forma: sitios donde todavía puedes oír las olas sin que alguien grabe un TikTok al lado.
Pueblos con encanto (y sin multitudes)
Entre los elegidos está Tazones, un pequeño puerto asturiano con casas de colores y un extra inesperado: huellas de dinosaurios en la costa. Sí, playa jurásica incluida. También aparece La Isleta del Moro, en pleno Cabo de Gata, donde el paisaje volcánico y las calas casi vírgenes hacen que uno dude si está en España o en otro planeta (pero con mejor comida).
Más al sur, El Rompido combina chiringuitos animados con una playa salvaje a la que solo se llega en ferry. Un pequeño recordatorio de que a veces lo mejor está al otro lado del agua.
Naturaleza, calma y algo de magia
En Canarias, Garachico destaca por sus piscinas naturales formadas por lava volcánica. Un sitio donde la naturaleza hizo obras… y le quedaron bastante bien. Por su parte, Sant Carles de la Ràpita ofrece algo poco habitual: una lengua de arena que se adentra en el mar y flamencos paseando cerca. No es un filtro, es real.
Y si lo tuyo es el norte, Cudillero parece sacado de una postal, con sus casas en forma de anfiteatro y miradores que obligan a parar… aunque sea para recuperar el aliento.
Playas, gastronomía y vida lenta
La lista también incluye lugares como Fornells, donde el ritmo lo marca el mar y la caldereta de langosta; Tamariu, con aguas cristalinas y rutas costeras; o Los Caños de Meca, un rincón con espíritu bohemio donde el tiempo parece ir más despacio. Cierra la selección O Grove, en Galicia, donde el marisco es casi religión y las playas se pierden en el horizonte.