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30/09/2015 06:58 CEST | Actualizado 29/09/2016 11:12 CEST

47 razones por las que es fantástico ser 'la tita'

auntLos juegos, las confesiones, el cariño incondicional... Una tita está ahí para ofrecer a sus sobrinos y sobrinas momentos de auténtico disfrute, de cariño, de cuidado, de confianza, desde el día que nacen y durante toda su vida. No somos sus madres, no somos sus amigas; somos sus titas, una mezcla perfecta.

Juhász Péter via Getty Images
white woman in her 20's playing in the park, with an african american little girl. colorful, high contrast images.

Desde 2009 celebro el Día de la Tita cada 26 de julio para honrar a las tías por relación sanguínea, a las autodenominadas tías de los hijos de amigos, a las abuelas y a todas las madres que desempeñan un papel activo en la educación de niños que no son los suyos. He decidido fundar este día porque creo que ya es hora de reconocer la generosidad y el altruismo de estas mujeres. Una tita está ahí para ofrecer a sus sobrinos y sobrinas momentos de auténtico disfrute, de cariño, de cuidado, de confianza, desde el día que nacen y durante toda su vida. Estas titas merecen que se las honre con un día.

Toda tía sabe lo afortunada que es de tener el amor de sus sobrinos, aunque también damos las gracias a sus padres, que nos han otorgado la cualidad de ser tías y la posibilidad de disfrutar de todos los beneficios que conlleva serlo:

1. Cuando un sobrino o sobrina recién nacido nos agarra el dedo con su manita de bebé por primera vez y no podemos evitar susurrar: "Te quiero".

2. La primera vez que un sobrino te llama tita (o algo que suena remotamente parecido o tal vez el nombre que se les haya ocurrido elegir para llamarnos) y sabemos que ese vínculo es de por vida.

3. El día que nos da un arrebato de orgullo y gritamos descontroladas: "¡Mira cómo anda! ¡Mi sobrino está andando!

4. Los motes que les ponemos, que son una especie de mezcla entre el nombre real y su personaje favorito o algo que les decimos para hacerles rabiar.

5. Los alegres gritos de "¡Más alto, tita, más alto!" de la voz de un chiquillo subido a un columpio.

6. Oír sus vocecitas al teléfono cantando las canciones que les enseñamos de pequeños. ¡Vaya memorión!

7. Cuando vas a visitarles y vienen corriendo a saludarte con abrazos y besos y luego empiezan a contarte sus historietas.

8. Nos inventamos canciones tontas cada dos por tres y lo pasamos en grande cantándolas.

9. ¡Los minibaños de los bebés! Con todos los acurrucos y gestos de comodidad y gusto cuando los envolvemos en su toalla.

10. La forma que tienen de frotarse la cara con nuestro pecho cuando les leemos.

11. En el mundo de los niños hay muchos más unicornios y brillantes arcoiris que en el nuestro.

12. Hacemos con ellos las cosas que nunca pudimos hacer (o que siempre hacíamos) de niños. De cualquier forma, es mucho más divertido con ellos.

13. Siempre hay una sobrina que quiere jugar con nuestro pelo.

14. Podemos seguir disfrutando de nuestros héroes fantásticos de la infancia enseñándoselos (Mafalda, Snoopy, Mortadelo...) y ellos nos muestran otros nuevos (Hello Kitty, Pocoyó, Bob Esponja...)

15. Siempre tenemos buenos planes para un viernes por la tarde.

16. Hacer pasteles o bizcochos como los hacía la abuela, para que puedan disfrutar saboreando el amor que pasa de generación a generación.

17. Darle un beso de sana sanita culo de ranita en una pupa y ver que de verdad les hace sentir mejor.

18. Arreglarse con ropa elegante para ir todos juntos a un restaurante formal por primera vez, jugando a ser adultos. O tal vez tu sobrino te invita a casa a tomar café de una cafetera mágica que nunca se vacía, con unas galletas de Play-Doh que acaba de cocinar sólo para ti con la cocina de juguete que le regalaste en navidad.

19. Cada vez que nace un sobrino o sobrina nuevos, nuestro corazón se hace más grande para hacerles hueco.

20. Las preguntas sobre cuestiones vitales que nos hacen y que nos dejan pensando sobre lo compleja que es la vida, sobre la cantidad de preguntas brillantes que nunca nos habíamos planteado y para las que no tenemos respuesta.

21. ¡Las caras que ponen cuando abren sus regalos!

22. Cuando al caminar te cogen de la mano dulcemente.

23. Y cuando te piden que si pueden seguir cogiéndote de la mano aunque ya sean "un poco mayores".

24. Cuando nos invitan a ver sus teatros, sus bailes, sus carreras, sus partidos, sus exposiciones de manualidades, sus graduaciones... Y no tienen ni idea de lo mucho que significa para sus titos y titas estar ahí y que ellos quieran que estemos.

25. Verles disfrutar de las pulseras, los bolsos, la ropa, los juguetes que eran nuestros y que les hemos guardado para cuando fueran lo bastante mayores.

26. Cuando hablan de su familia e incluyen a sus titos.

27. Porque se lo pasan tan bien celebrando nuestro cumpleaños como el suyo propio.

28. El día que nos damos cuenta de que ya no tenemos que dejarles ganar para que nos ganen.

29. La puerta de nuestro frigorífico está llena de dibujos y de colores.

30. Podemos bailar juntos en el salón como si no hubiera nadie mirando.

31. La risa tonta contagiosa.

32. No tienen por qué querernos, y aun así lo hacen.

33. Siempre es apropiado andar dando saltitos por la calle cuando vas acompañado de niños.

34. Enseñarles a usar palillos para comer sushi y decirles que también se lo pueden comer con la mano.

35. ¡Goool! ¡Canasta! ¡Ole! ¡Toma! ¡Goool (otra vez, para cualquier otro deporte que no conocen)!

36. Cuando piden que sea la tita la que les lleve a la cama.

37. Cuando les da vergüenza si hay una persona nueva en casa y se esconden detrás de ti.

38. Recibir un regalo de un niño que ha puesto todo su corazón y su mejor intención en regalarte algo especial.

39. Algunas de las lecciones que hemos aprendido durante nuestra vida les sirven de verdad como orientación.

40. Esos días especiales que son sólo para tus sobrinos y para ti.

41. Saber que un niño o un adolescente confía lo suficiente en ti como para hacerte alguna confesión o pedirte consejo.

42. Las sonrisas. Ah, qué sonrisas... Y cuando van dirigidas a su tita, son las mejores del mundo.

43. ¡Helado! ¡Chocolate! ¡Chucherías!

44. No importa lo mucho o poco que veamos a nuestros sobrinos y sobrinas, nos quieren igual.

45. Años más tarde, nos hablan de algún momento que pasamos con ellos de pequeños, alguna experiencia que ya habíamos olvidado, y nos damos cuenta de que hemos tenido y seguimos teniendo más influencia de la que pensábamos sobre su felicidad y bienestar.

46. Incluso para las que no tenemos hijos propios, siempre seremos parte de una familia hermosa. Su familia. Nuestra familia.

47. No somos sus madres, no somos sus amigas; somos sus titas, una mezcla perfecta.

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Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno